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El laudo yerbatero y un debate que va más allá del precio

La decisión de recurrir a un nuevo laudo de la Secretaría de Agricultura de la Nación para fijar los precios mínimos de la materia prima generó un intenso debate puertas adentro del sector yerbatero, con algunos ecos que se dejaron escuchar y que permiten conocer ciertos datos relevantes vinculados a esa actividad.

 

Fuentes consultadas indicaron que, por ejemplo, les parecía poco entendible el planteo formulado por los representantes de la industria molinera cuando sostienen que su situación de dificultad financiera les impide ofrecer mejores precios al sector primario.

 

En ese sentido, deslizaron que los molinos yerbateros cuentan con un stock de 135 millones de kilos de yerba mate canchada y otros 13 millones de kilos de yerba elaborada. Quienes participan del negocio yerbatero coinciden en que se necesitan reservas para ir abasteciendo la demanda del mercado.

 

“Eso se sabe, lo que no se entiende es por qué hablan de quebranto financiero”, afirman y calculan que a valor de mercado ese stock de canchada representa 17.550 millones de pesos (la canchada se paga 130 pesos por kilo en la zona productora) y la yerba molida (considerando una salida de molinos de 200 pesos) suma otros 2.600 millones de pesos. En total, alrededor de 20.150 millones de pesos en yerba mate en los depósitos de la industria.

 

En ese contexto, la importación de yerba canchada que se viene registrando desde el año pasado asoma como un elemento más para el análisis del complejo universo yerbatero. Podría concluirse a priori que -con esos stocks- no debería ser necesario traer canchada de Paraguay o Brasil.

 

Solamente en febrero del corriente año se importaron casi 1.600.000 kilos de canchada, con otro dato relevante: desde que en noviembre del año pasado se puso la lupa para controlar esa yerba importada, la misma fue mejorando su calidad.

 

De superar el 38% de contenido de palos pasó a poco más del 29% en los últimos embarques, adaptándose al Código Alimentario Argentino que pone un tope del 35% para el contenido de palos en la yerba mate.

 

El otro eje en la negociación de los precios en la mesa del INYM pasó por la postura inflexible de un sector de la molinería, particularmente la industria correntina, que se plantó en una oferta del 7%.

 

Es decir, llevar el kilo de hoja verde de los actuales 24,39 pesos a 26 pesos; lejos, muy lejos de los actuales 38 pesos que ya se paga en la cuenca yerbatera y que los productores pretendían oficializar.

 

Los molineros de Misiones fueron más razonables y propusieron mejorar el precio de la verde un 20%, superando los 29 pesos y más cerca de los 32 pesos de la grilla de costos del INYM.

 

De acuerdo a las mediciones realizadas por la consultora Nielsen, durante el último semestre las marcas más vendidas registraron un incremento de precios del 25%.

 

“El argumento de la molinería correntina fue que Comercio Interior solo les permitió aumentar un 7%, pero se midió un 25%; esto quiere decir que estuvieron incumpliendo la disposición de Comercio Interior”, razonan con suspicacia algunos referentes yerbateros.

 

Ahora la decisión de los precios mínimos para la zafra gruesa está en manos del Secretario de Agricultura de la Nación.

 

Los yerbateros especulan hacia qué lado se inclinará la definición: si estará cerca de la postura de la industria correntina o se arrimará a lo que pide la producción. Tal vez – razonan otros – se ubique en torno a la grilla de costos del INYM.

Más allá del número que arroje el arbitraje, la lógica indica que los precios deberán cumplirse sin inconvenientes.

 

Como bien señala un dirigente del sector: “Ya se está pagando 38 pesos por la hoja verde, así que cualquier valor que se fije por debajo no debería incidir en los costos de la industria ni en el precio de la yerba en las góndolas”.

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