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Comerciantes y locatarios de Miguel Lanús sufren la falta de estudiantes

Posadas, ciudad que ha tenido un notable crecimiento universitario, muestra un febrero poco convencional. El inicio de año que acostumbraba a recibir cientos de adolescentes que, con valijas llenas de sueños y expectativas, daban un salto fundamental hacia su futuro, encuentra a la localidad hoy sin ese flujo de personas y con un panorama de incertidumbre en cuanto a la modalidad del dictado de clases.


Recorrer la zona de Miguel Lanús muestra un panorama un tanto desolador. Con las universidades cerradas y la vuelta a clases sin muchas certezas, las postales del lugar denotan sus calles vacías, decenas de alquileres disponibles y numerosos comerciantes que, golpeados por la situación económica, intentan a costa de todo mantener en pie sus negocios, adaptándose, y confiados en que la situación mejore, al menos un poco.

 

Este es el caso de la dueña de la librería “Cinco Estrellas”, Liliana Cervian, quien afirmó que el 2020 fue un año muy difícil y que los comercios más afectados en la zona fueron librerías y kioscos, los cuales sin actividades escolares o universitarias sólo realizaron tareas de soporte. “Sobrellevar la situación sin los colegios y con el horario reducido fue muy complicado. Los docentes enviaban tareas y fuimos llevándola, si bien pudimos sobrevivir, fue muy difícil”, explicó. Además contó que a pesar del contexto que atravesaron, con mucho esfuerzo, pudieron abonar todos los impuestos sin ningún respaldo estatal.

 

Asimismo, y pensando a futuro, agregó que “en el barrio, al no tener clases, se notó mucho la falta de gente y muchos comercios cerraron. Como la primera semana hubo clases el inicio de año fue normal, pero el resto del ciclo realmente fue muy difícil”.

 

Por otra parte, fue muy sincera: “Tengo la librería hace 15 años y la escuela era el sostén de mi negocio, realmente tuvimos miedo. Después nos fuimos adaptando, logramos sobrevivir y pagamos todos los impuestos gracias al envío de tareas virtuales que alumnos y profesores pasaban a buscar por el local”.

 

Otro testimonio de la dura situación que atraviesa el barrio es de la encargada de “Super Express”, Celia Ramírez, que al igual que Liliana, hizo hincapié en las dificultades que atravesaron con el horario reducido. “Nuestros principales clientes eran los estudiantes, sobre todo en las ventas nocturnas y con el horario limitado de 8 a 16 horas. Se nos complicó mucho porque la gente no viene a comprar en ese horario, ya que la mayoría aprovecha para almorzar y dormir la siesta”. En ese sentido resaltó que lograron sostener la situación sin echar a ningún empleado y pudieron pagar los impuestos gracias a los vecinos de la zona. “La mayoría son personas mayores, a quienes atendemos a través de un sistema de delivery que implementó el dueño del minimercado, también para que no tengan que moverse de sus casas”, detalló la comerciante y recordó que “el consumo bajaba y los precios subían, por lo tanto la reposición de productos era muy escasa”.

 

Celia, quien también es estudiante de la Unam, manifestó que el panorama era desolador. “Veíamos los camiones de mudanzas, los estudiantes se iban y a muchos no los vimos más”. Sin embargo, destacó con expectativas a futuro, que “ahora comenzaron a volver, vemos algunas caras conocidas y también nuevas. Si bien todavía no se confirmó la vuelta a las clases presenciales, muchos estudiantes regresaron porque es más simple estudiar con un compañero. También hay muchas personas del interior que no tienen conexión a internet y por lo tanto cumplir con la cursada era una tarea bastante difícil”.

 

En su papel de estudiante, culminó con su deseo de volver a la presencialidad, ya que “el conocimiento que se adquiere en el aula no es el mismo que se absorbe de forma virtual, y es una tarea complicada para docentes como alumnos”.

 

Qué dicen los propietarios

 

Alejandra, una propietaria de la zona cuenta que la situación es alarmante, ya que por la falta de estudiantes muchos optaron por alquilar sus propiedades sin demasiados requisitos lo que derivó en un aumento notable de la inseguridad “La inseguridad aumentó mucho, en los últimos meses nos rompieron la cerradura dos veces”, sentenció.

 

Además contó que “Con la imposibilidad de aumentar el valor de los alquileres o desalojar al inquilino los dueños nos descapitalizamos”. Por otro lado explicó que antes se compraba una propiedad y la inversión, considerando el 1%, se recuperaba en 10 años, actualmente esa ganancia es del 0,25% y se recupera en 30 años.

 

Alejandra reclamó que las medidas adoptadas por el gobierno nacional atan de manos a los propietarios quienes no llegan a solventar los gastos y aseguró que “Los aumentos semestrales que parecen mucho están muy por debajo de la inflación y, si bien la mayoría de los inquilinos siguen pagando con mucho esfuerzo, la situación es angustiante. Con el decreto nacional que impide aumentos y desalojos se cohíben todas las libertades individuales de contrato”, finalizó.

 

VN

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