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Un día como hoy, nacía Horacio Quiroga: el escritor que eligió Misiones

Se trata de uno de los grandes maestros cuentistas latinoamericanos, radicado en Misiones y nacido un 31 de diciembre del año 1878

 

Horacio Silvestre Quiroga Forteza, era su nombre completo y nació un 31 de diciembre de 1878, es decir hace 142 años en Salto Uruguay.

 

 

Una vida trazada por la tragedia

 

La infancia de Horacio quedó marcada por una serie de eventos trágicos como la muerte de su padre, fruto de un disparo accidental.

En 1891 su madre casó con Ascencio Barcos, el que sería su padrastro, que posteriormente también se suicidó.

Durante el carnaval de 1898 conoció a su primer amor, una niña llamada María Esther Jurkovski, que inspiraría dos de sus obras notorias: Las sacrificadas y Una estación de amor.

En 1900 la herencia de su padre le permitió viajar a París donde conoció al gran Rubén Darío , poeta modernista de la época.

 

En junio de 1903 Quiroga se unió como fotógrafo a Leopoldo Lugones en una expedición a Misiones, financiada por el Ministerio de Educación, en la que planeaba investigar unas ruinas de las misiones jesuíticas.

Esta experiencia marcó de manera absoluta a Horacio Quiroga y provocó un cambio radical en su obra y en su vida. A partir de este momento se dedicó a cultivar la narración breve, y en su estilo.

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Compró una chacra sobre la orilla del Alto Paraná y en 1908 se trasladó. Se enamoró de una de sus alumnas de la cual, en 1911 nació su hija Eglé Quiroga y Darío

Quiroga comenzó la explotación de sus yerbales y al mismo tiempo fue nombrado Juez de Paz en el Registro Civil de San Ignacio.

Tras el suicidio de su esposa, Quiroga se trasladó con sus hijos a Buenos Aires, donde recibió un cargo de Secretario Contador en el Consulado General uruguayo en esa ciudad. Apareció en esta época uno de sus libros más famosos: Cuentos de la selva.

 

Regresó nuevamente por un tiempo a Misiones, allí se construyó una barca y con ella regresó a Buenos Aires.

En 1927 se publicó Los desterrados y por esa época se enamoró de María Elena Bravo, compañera de escuela de su hija Eglé, se casaron ese mismo año.

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A partir de 1932 Quiroga se volvió por última vez en Misiones, en su retiro definitivo, con su familia del segundo matrimonio.

 

Tras su regreso a Buenos Aires para ser internado en el hospital, ante un diagnóstico de cáncer, el 19 de febrero de 1937 Horacio Quiroga bebió un vaso de cianuro que indudablemente terminó con su vida.

Las desgracias asecharon a la familia Quiroga: tiempo después Eglé Quiroga, hija mayor de Horacio, se suicidó, al igual que su amigo Leopoldo Lugones y finalmente, su hijo varón, Darío, en un arranque de desesperación en el año 1951.

 

 

La obra del cuentista

 

Su obra estuvo marcada por la influencia  de Edgar Allan Poe. En sus obras, existe una atmósfera de alucinación, crimen, locura situada en la Naturaleza salvaje de la selva misionera.

Quiroga legó a los jóvenes escritores su famoso Decálogo del perfecto cuentista que reunía su propio estilo: una prosa precisa, estilizada y contundente al mismo tiempo, que lo convirtió en maestro del relato breve.

En su juventud comenzaron sus primeros tanteos poéticos cuando descubrió la obra de Leopoldo Lugones que aparte de ser su amigo claramente influenció su escritura.

También colaboraba con las publicaciones La Revista y La Reforma.

Su primer libro de poesía Los arrecifes de coral, se publicó en 1901, mismo año en el que murieron dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, en el Chaco, a causa de la fiebre tifoidea, un mal propio de la década.

En cuanto a sus primeros cuentos, fueron publicados en la conocida revista argentina Caras y Caretas.

En Buenos Aires, donde recibió un cargo de temporalmente se asentó debido a la desgracia del suicidio de su esposa,  escribió uno de sus libros más famosos: Cuentos de la selva.

En tanto su única obra teatral, Las Sacrificadas se publicó en 1920 año anterior que se publique Anaconda.

 

Horacio Quiroga ha dejado para la posteridad algunas de las piezas más terribles, brillantes y trascendentales de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Hoy, en su honor, los misioneros tenemos El Museo Provincial Horacio Quiroga en San Ignacio, donde se halla la casa en la que residió el escritor.

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