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Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Este año, al igual que la mayoría de las fechas importantes para los argentinos, el Día de la Madre se celebra en medio de la pandemia por coronavirus. En algunas ciudades todavía las reuniones sociales no están permitidas y mucho menos los viajes entre provincias o países para visitar a madres o hijos que no se ven hace siete meses, y quizás más.

En la provincia de Misiones, este domingo, con barbijo de por medio y distancia social, todas las madres misioneras podrán celebrar su día en un año cargado de incertidumbre y emociones confusas. Madres que se adaptaron a una nueva normalidad, con hijos pequeños o grandes, pero intentando acompañar y proteger a quienes más aman.

Vanina, Delia y Karina, son madres que contaron sus historias y como vivieron este momento tan particular. Las palabras comunes fueron empatía, aprendizaje, compañerismo,  paciencia, miedo y amor, para describir las situaciones y los desafíos que se les presentaron durante los meses de encierro.

 

 

Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Delia y Emmanuel

Algunas de ella tuvieron que sumar el rol de maestras, un proceso que no fue fácil para ninguna. Adaptarse a los nuevos horarios, compartir el mismo espacio y entender que todas las actividades ahora están dentro de casa, fue el mayor desafío para Vanina y su hijo Thiago. Delia descubrió que llevaba en su vientre a su pequeño Emmanuel y la mayor parte de su embarazo lo transito en fase 1, rodeada de miedos y lejos de su familia. Karina reorganizo sus tiempos, su casa y su vida para convivir por completo con sus tres hijos, Julieta de 9 años, Victoria de 6 y Luciano de 4.

Thiago tiene 10 años y es hijo de Vanina, una madre que estudia psicología y es ama de casa. Para ella y su marido lo más importante fue el diálogo, porque de esa manera le explicaron a su hijo la situación que debían enfrentar y también conocieron lo que le sucedía. “Empezó siendo algo simple donde no se notaban cambios, el primer tiempo fue divertido. Pero fueron pasando los días de cuarentena y empezamos a notar cambios en el comportamiento, en el humor, el hecho  de no ver a sus amigos, más exposición de tiempo a las pantalla.

 

Te dabas cuenta que empezaban a surgir cuestiones negativas. Como papás empezamos a poner reglas y  conversamos mucho porque a través el diálogo tuvimos la oportunidad de acercarnos y que nos transmita como se sentía”, indicó Vanina Delpiano.

La distribución de los tiempos fue lo más conflictivo para Vanina, “la rutina diaria fue difícil y fue algo a lo que tuvimos que adaptarnos los tres porque el horario cambio. El teletrabajo no es algo simple porque dejamos de tener un espacio propio y con la cuarentena la figura de la madre como la multifacética se acrecentó muchísimo. Fue una complicación para mí porque tenía que distribuir mi tiempo para hacer las tareas con Thiago, para poder estudiar y convivir dentro del mismo espacio, algo que fue complicado”, relató.

 

 

Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Karina, Julieta, Valeria y Luciano

Otro aspecto que propuso desafíos fueron los deberes escolares, convertirse en docentes no fue fácil y según Vanina, “fue el factor más duro, que pueda entender que al momento de hacer las tareas éramos sus maestros. Pero pudimos al menos ponernos en la piel de los docentes”.

Julieta, Victoria y Luciano son los tres hijos de Karina, una mamá que trabaja como supervisora de ventas de una empresa de belleza. Para ella, los nuevos hábitos de higiene fueron muy importantes “fue estricto el uso de barbijo, lavados de manos, saludos y demás, porque los chicos son muy expresivos, entonces imponer una distancia fue un giro bastante importante”, contó.

El uso de la tecnología fue un problema en el hogar de Karina, “tuvimos que poner turnos, para cumplir con trabajos y tareas. Además de el «no salir» y quedarse en casa no ayudo, siempre fuimos muy inquietos y estar tanto tiempo en casa, resultaba raro”.

 

Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Vanina y Thiago

 

Julieta tiene 9 años, Victoria 6 y Luciano 4, edades en la niñez que demandan actividades a todo tipo, aventuras, cumpleaños, descubrir el mundo. Y todo eso a lo que estaban acostumbrados se derrumbo sin previo aviso. “Les explicamos los que pasaba con la información que nos pareció más correcta, pero desde el vamos fuimos muy  claros con respecto a acatar las disposiciones de salud, y  cuidados que se nos pedían. Les explicamos que, si cada uno se cuida un poquito, el virus se aburre y se va”, comentó.

Karina se encontró con tres alumnos muy pequeños que necesitaban de su compañía para atravesar un año escolar distinto y nuevo para todos los integrantes del hogar. “Por momentos estuve un poco agobiada, no voy a mentir. Pero luego recuerdo que como papás, debemos ser el pilar y fortaleza para nuestros hijos, transmitirles calma y paciencia por sobre todo, entonces vuelvo a empezar cada día, con un poquito más de fuerza”, contó respecto a las actividades diarias que debía realizar para cumplir con la responsabilidad de sus hijos y las propias.

Empatía, aprendizaje, paciencia, miedo y amor: historias de madres misioneras en un año de pandemia

Ramona y su familia

 

 

 

Delia descubrió su embarazo luego de sufrir un asalto en la vía pública y fue asistida por el personal médico debido a un malestar que se le presentó. “No sabía que estaba embarazada y una madrugada cuando iba a trabajar me asaltaron, eso hizo que me sintiera mal y comencé a sentir cerca del estómago una bolita dura que me dolía.  Solicito una ecografía y descubrí el embarazo”, contó. No solo se preparo para traer su hijo al mundo como todas las madres, sino que se preparo para enfrentar situaciones nunca antes conocidas.

Para Karina y sus tres pequeños la mejor alternativa de organización, fue buscar un espacio para que cada uno pueda hacer sus tareas y las actividades laborales. “Movimos mil veces los muebles de la casa, para que ellos pudieran estudiar cómodos. Mientras tienen sus clases virtuales, yo organizo con las fotocopias de sus tareas, y envió a las escuelas. Mi trabajo, me permite acomodar mis horarios para que pueda realizar ambas cosas de manera organizada”, relató.

Thiago tuvo que recibir su cumpleaños número 10 durante la fase 1 del aislamiento obligatorio, algo que preocupo a su mamá pero buscó la manera más amigable de darle un día especial. “Fue complicado en el sentido de buscar una alternativa para que su día no pasara desapercibido y reunimos videos de la familia y sus amigos para que de alguna manera pueda compartir con ellos”, contó Vanina.

Un bebé en medio de la pandemia

Emmanuel, el bebé de Delia llegó al mundo en medio de una pandemia, rodeado de un mundo que su madre no terminaba de comprender pero estaba segura que le daría una vida normal, como la de todo niño. “Por la situación actual hubo momentos que sentí miedo, pero la alegría que sentí cuando nació me hizo superar todo lo demás”, relató el momento en el que vio llegar a su bebé a este mundo caótico.

Para Delia el nacimiento de su bebé fue una de las cosas más emocionantes que le sucedió, pero en todo este proceso sintió la falta de sus familiares, su compañía y compartir juntos los primeros meses de vida de Emmanuel. “Desde diciembre no veo a mi familia porque viven en el interior y esto hace que no podamos viajar, los extraño mucho”, expresó Delia.

A Karina le sucedió lo mismo. El vínculo que tiene con su familia es fuerte, se veían cada fin de semana y compartían momentos que extrañaron durante la fase más estricta de la cuarentena. “El estar lejos de los amigos y la familia. Nos encanta compartir con ellos y de golpe no poder hacerlo, fue muy frustrante”, mencionó al recordar los cumpleaños y las fechas importantes que no pudieron compartir.

Sin dudas la cuarentena generó que las rutinas se detengan en el tiempo y los espacios vacios de actividades permitieron a las familias compartir momentos que antes no lo hacían. En el caso de Vanina y Thiago,  conocieron determinadas cuestiones que no prestaban atención y pasaban por desapercibido. “La posibilidad de rencontrarnos de una manera diferente, transformar esta realidad en algo positivo y tener mucho más tiempo para acercarme a él, conocerlo y compartir cosas que anteriormente en los tiempos acelerados no lo podíamos disfrutar”.

La colaboración fue fundamental para Vanina y Thiago, se distribuyeron las tareas del hogar para que todos participen y formen parte de una convivencia sana. “Es un habito que uno incorpora en el niño y que es bueno tanto para su salud mental como para la convivencia en un grupo”, expresó Vanina, recordando alguna teoría sobre la niñez que aprendió en su carrera.

Delia es encargada de personal en el servicio de  limpieza del Parque de la Salud de la ciudad de Posadas y los cuidados que debe tener cada vez que vuelve a su casa son indispensables. Estar expuesta continuamente en uno de los lugares más condicionados por la circulación del Covid-19, la llenan de miedos e inseguridades. “Es muy difícil, porque me preocupa mi salud y la de mi bebé, por estar expuesta todo ese tiempo.

 

El miedo que siento cuando tengo que exponerlo para ir a control, y en todo momento estar atenta en sanitizar todas las cosas que entra en el hogar por miedo al contagio”, cuenta Delia. La rutina en su hogar se basa en priorizar los cuidados al máximo, para proteger a su bebé de cualquier posibilidad de contraer este virus.

Vanina aprendió a construir un vínculo con su hijo de empatía y comprensión, entendiendo que cada uno necesita sus espacios para encontrarse consigo mismos y sobrellevar cualquier tipo de dificultad que se les presente. “Thiago es un nene muy despierto, compañero y empático”, describió a su pequeño.

Karina se encontró con sus hijos a través de los juegos y la diversión, “los primeros días aprovechamos para hacer juegos y charlas que quizás antes por la rutina de todos los días, no podíamos” y les permitió compartir momentos juntos, conocerse y construir un ambiente agradable en medio de una situación caótica. Y también descubrió que, “no existe nada más importante en el mundo, que la salud y el amor de nuestros seres queridos”.

Para Delia ser mamá fue un desafió, porque atravesó su embarazo rodeada de miedos por una enfermedad que la acechaba y lo hizo lejos de sus familiares. Pero eso no impidió que disfrutara de su maternidad, guardándose los mejores recuerdos de esos 9 meses. “Lo más lindo de ser mamá es que te nace un sentimiento inexplicable, que llena la vida de amor,  ternura, felicidad al saber que es un pedacito de mi corazón es todo es lo más lindo que puede pasar”, expresó Delia.

 “El amor es algo que nunca les faltó ni les va a faltar”

Karina, Delia y Vanina son madres jóvenes, que crían a sus hijos en una sociedad muy distinta en la que ellas recorrieron los primeros de su vida. Los modelos de crianza cambian constantemente, por la cultura, los nuevos hábitos, las nuevas herramientas, que vuelven más fácil o difícil educar y acompañar a un hijo o hija.

Ramona tiene 93 años, cuando le propusimos mirar hacia atrás, fueron muchos los recuerdos que llegaron a su mente. Vivió momentos cruciales de la sociedad, guerras, golpes de Estado, crisis económicas, situaciones insólitas y aprendió a convivir con un mundo convulsiónate, que no paraba un solo segundo de sorprenderla y presentarle desafíos.

Es una madre soltera que crió a sus tres hijas, Esther, Yolanda y Alicia, rodeada de prejuicios, del “qué dirán”, de miedos, de inseguridades, mudándose a distintas localidad de la provincia en busca de lo mejor. Su camino de vida fue sinuoso pero a su edad, piensa en lo que logró, en los sacrificios que hizo alguna vez y en los resultados que obtuvo.

La vida y la manera de criar a sus hijas en aquella época eran muy distintas a los actuales. “Nosotras no teníamos luz y ahora cuando mi nieto se queda sin internet se enoja mucho. Pero fuera de eso creo que una madre siempre es madre, donde sea y en el tiempo que sea. Un hijo es una bendición y ser mamá no es fácil, pero las mujeres siempre fuimos fuertes y pudimos sacar lo mejor de nosotras para dárselo a nuestros hijos, que son nuestra vida entera”.

Vanina y Karina concuerdan en que los modelos de crianza y la manera de ser mamás cambia según la sociedad, la cultura y el tiempo en el viven. “Hoy los roles entre padres y madres cambiaron, son factores que juegan un papel importante para bien o para mal. Los padres tiene más cargas horarias, se trabaja mucho más tiempo para cubrir las necesidades de las familias, entonces hace eso que los chicos pasen mas tiempo solos y conectados a lo que es la tecnología y eso cambia los patrones de comportamiento, los modelos de comunicación”, relató Vanina.

“Cada papá y cada mamá vive sus luchas diarias y dan su mejor esfuerzo en pos del bienestar de sus hijos. En mi caso aspiro a que mis hijos seas personas de bien, educadas y respetuosas y poder darles herramientas para que construyan su futuro poco a poco. El amor es algo que nunca les faltó ni les va a faltar”, agregó Karina.

Ramona tiene cuatro nietos, tres bisnietos y puede ver como sus hijas construyeron las familias que querían y que se merecían. Feliz y disfrutando de su jubilación, en la casa que construyo para disfrutar con su familia, mira desde su experiencia y trayectoria lo que sucede en el mundo. “Conocí y viví muchas cosas a lo largo de los años, pero este virus es algo raro. No entiendo mucho lo que pasa pero estoy bien. Mis hijas me cuidan mucho pero mi doctor dice que parezco una señora de 50 años y eso es bueno”, cuenta.

Como si fuera un capricho del destino, dos semanas antes del inicio de la cuarentena en todo el país, Ramona se rencontró después de muchos años con todos nietos y bisnietos. Cada uno vive en distintas provincias y los proyectos de la juventud los tenía lejos de su hogar hacía mucho tiempo. “Vinieron desde Tandil y pasamos un fin de semana paseando por la costanera. Comimos mucho y compartimos con mis hijas, mis yernos, mis nietos y mis tres bisnietos”, recordó.

Fue uno de los últimos fines de semanas de febrero, cuando los más pequeños disfrutaban de las vacaciones de verano mientras sus padres hacían la lista de útiles escolares. Las empresas y comercios comenzaban a preparase para arrancar el año 2020, con balances y agendas cargadas de proyectos. Los lugares turísticos, hoteles y playas se despedían de un verano más. Mientras todos se preparaban para volver a sus rutinas, que en realidad se verían frenadas por la pandemia de coronavirus, Ramona y su familia compartían un reencuentro que había sido planificado por meses.

“Fue hermoso y espero poder verlos en las vacaciones. Me cuesta viajar hasta Buenos Aires pero siempre los veo y ahora los extraño. Pero me conformo con saber que están bien y se están cuidando”, dijo.

“Estamos siendo todas las madres resilientes en esta situación”

Fueron las palabras de Vanina y como por arte de magia resumió lo que significa ser madre hoy y todos los días de sus vidas.

Para cada mujer ser madre significa algo, la responsabilidad de cuidar a otra persona se vuelve fundamental, proteger a quienes más aman es una tarea ardua y muchas veces esconden el miedo que le genera pensar en las cosas que podrían llevar a pasarles. La pandemia, el encierro, la lejanía de los seres queridos, amigos, las prohibiciones y los cuidados ante un enemigo invisible, el miedo constante, fueron desafíos para estas tres mamás y a para todas las que existen.

Tuvieron que sortear cuestiones emocionales que las afectaron de diferentes maneras, vivir en la incertidumbre constante y la preocupación por lo que podía pasar. Pero como madres y mujeres convirtieron esos días grises en momentos de un aprendizaje para sus hijas e hijas, pero también para ellas mismas.

Tuvieron que reinventarse, descubrir nuevas facetas, afrontar con valentía los cambios necesarios y adaptarse a una realidad desconocida. Pero siempre intentando convertir la negativo en positivo y regalarles a sus hijos e hijas la posibilidad de transitar uno de los años más extraños. Por eso este domingo es un Día de la Madre atípico y adecuado para reconocer que ser madres es una de las cosas más lindas de esta vida, con o sin pandemia.

Y como Ramona, estas tres madres descubren todos los días algo nuevo. Pero el miedo es insignificante al lado del amor que ven en el rostro de sus hijas e hijos, como los hacen todas las madres que este domingo se van a sentir especiales y únicas, pero en realidad los son todos días del año.

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AC-EP


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