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Conocé la historia del Pájaro Campana y su característico repicar en la Selva Misionera

Junto a los Yasiyaterés, el Pájaro Campana debe ser, sin lugar a dudas, unas de las aves con más presencia en el imaginario popular misionero – y en el de toda la región con influencia guaraní – aun incluso en aquellas personas que no suelen observar aves o prestarles atención. De hecho, es el ave nacional del Paraguay, donde tiene fuerte arraigo folclórico.

 

 

En una alianza con Aves Argentinas, la centenaria organización ambientalista que impulsa su Programa Bosque Atlántico, compartimos en forma semanal algunos de los secretos sobre la biodiversidad de las especies de aves del país, y de nuestra Maravilla Natural Argentina, la Selva Misionera. Exclusivo de Misiones Online.

 

Pertenece a la familia Cotingidae, un grupo de aves neotropicales muy heterogénea por ejemplo en el tamaño, registrando entre sus miembros a los Passeriformes, o pájaro verdaderos, más grande del mundo, como son también el misionero y conocido Yacutoro (Pyroderusscutatus) y los Paragüeros o pájaros paragüas (del género Cephalopterus), que llegan a medir casi hasta 50 cm de longitud y pueden pesar más de 400 gramos.

 

Estas aves, los Cotingidos, son notorias también por la exuberancia de su plumaje, mayormente de colores brillantes y contrastados, luciendo los machos muchas veces ornamentos en la cabeza o garganta. Viven en selvas y bosques, siendo de hábitos muy arborícolas, y esencialmente frugívoros. Otras de sus características más llamativas son sus voces, muy potentes en mucho de los casos, y emitidas por los machos.

 

Nuestro Pájaro campana (Procniasnudicollis), llamado Guyrapong en guaraní, es una de las cuatro especies reconocidas del género;  y es endémico, o sea que habita exclusivamente, el Bosque o Mata Atlántica. Se distribuye entonces por este y sudeste de Brasil, este de Paraguay y en Argentina, por el norte de la provincia de Misiones,y con un registro adicional en el extremo nordeste de Corrientes. En nuestro país, su presencia sería estacional, entre los meses de agosto y septiembre. En el resto de su dispersión sería residente y nidificante. Se lo encuentra en la selva primaria, es decir, donde predominan árboles grandes, altos y ambientes aún poco fragmentados y bien conservados. Frecuenta el dosel alto y donde se lo puede observar en forma solitaria o bien varios individuos próximos entre sí.

 

Foto:  Gabriel Moresco

Posee un marcado dimorfismo sexual: el macho es completamente blanco con su cara y garganta desprovistas de plumas, donde exhibe  una piel de intenso color celeste o verde agua. La hembra es más discreta, de tonos verdosos, con la cabeza grisácea y el ventral amarillento con ventral estriado de oscuro. Miden unos 23 cm y pesa unos 150 gr. Los jóvenes son similares a las hembras, y los machos tardan unos años en adquirir el plumaje blanco, en pasando por etapas intermedias.

 

Definitivamente la mejor forma de describir su vocalización sería escuchar la polca paraguaya “Guyra campana” interpretada por el arpa magistral de Félix Pérez Cardozo, pero cuya autoría real se atribuye, y aún se discute, a otro compositor guaraní, Ampelio Villalba, quien se habría inspiró en la vocalización de esta especie, para componer lo que es casi un himno de la musica paraguaya, con trascendencia internacional. Los machos emiten una nota metálica como un “martillazo” o “campanazo” tan estridente como espectacular, muy audible a la distancia, que repiten varias veces.

 

Como ya se mencionó, tienen una dieta frugívora, lo cual los transforma en verdaderos “sembradores” o dispersores de semillas de la selva, dado que, al ingerir frutos enteros, eliminan semillas fértiles en las heces, o bien en regurgitados. Varios autores refieren la estrecha relación de esta especie en particular, y de la familia en general, con la fructificación del Palmito (Euterpe edulis). Justamente, su paso por nuestro país coincide con esta fructificación y luego también lo propio con la de las Myrtaceas,como la Cerella(Eugenia involucrata) y la Pitanga(Eugenia uniflora), entre otras. Si observamos la ubicación de los grandes Palmitales, remanentes en la zona norte de la provincia de Misiones, notaremos justamente que coincide con el ambiente en que ubica a la especie, la mayor parte de la bibliografía disponible, es decir árboles grandes en selva primaria o secundaria y en buen estado de conservación.

 

Su comportamiento o sistema reproductivo, nos recuerda a uno de nuestros monumentos provinciales: el Bailarín Azul (Chriroxiphia caudata) perteneciente a la cercana familia de los Pipridos. De este modo, los machos de Pájaro campana, también eligen y conservaran a través del tiempo, un determinado sitio de la selva, para realizar sus despliegues y cortejos sexuales.

 

Estos sitios, son conocidos como “lek”, que significa arena en sueco, en alusión a la arena de la competencia, como sucedía con los gladiadores. En este caso, se trata de ramas ubicadas en árboles de gran porte, donde uno o más machos realizan despliegues vocales atrayendo no a una, sino a varias hembras que irán eligiendo pareja. La historia natural de este grupo de aves es poco conocida. Solo la hembra se ocupa de los cuidados parentales, como sucede en este tipo de sistemas reproductivos.

 

Foto: Gabriel Moresco

 

Construye un nido simple, en forma plataforma laxa de ramitas y palitos, en ramas altas de árboles, que recuerda a la que elaboran las palomas, y como también hace el ya mencionado Yacutoro. La postura sería de solo un huevo, cuya incubación en otra especie del género demanda unos 23 días, permaneciendo el pichón al menos un mes en el nido.

 

Lamentablemente, la pérdida y fragmentación de su hábitat, además de su captura ilegal como ave de jaula, han llevado a una declinación de su población en Brasil y Paraguay, y actualmente se la considera globalmente amenazada de extinción, categorizada como “Vulnerable” por BirdLife International. A nivel nacional, se considera una especie “En peligro”, lo mismo ocurre en Paraguay.

 

La protección de la Selva Misionera, con sus árboles emergentes y especies tan importantes como el Palmito, son un compromiso ineludible, que debiéramos asumir todos para poder seguir escuchando a la musa inspiradora del arpa de Pérez Cardozo.

 

 

 

Por Dante Gabriel Moresco, con la colaboración de Alejandro Di Giácomo / Aves Argentinas.

Foto portada: Gabriel Moresco 

 

 

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