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O cuidás los detalles, o fracasás

O cuidás los detalles, o fracasás

Llegamos al restaurante y la primera impresión que me causó fue tan asombrosa que no me alcanzaban los ojos para mirar tantos detalles colocados con tanta precisión. Un hombre de unos 55 años vino a recibirnos. Adelante, están en su casa, pueden sentarse donde gusten, nos dijo. Le estreché la mano, le agradecí, y por su “pinta” deduje que era el dueño. ¿Usted es el dueño?, pregunté. Y me respondió: el dueño es usted.

Durante toda la noche no hicimos más que ver una infinidad de detalles coordinados a la perfección, desde los baños, el profesionalismo de los mozos, la decoración, la comida.

Al finalizar la cena busqué al dueño para tener una charla, motivada por la gran admiración que me inspiró su empresa. Hablamos un rato, fue cordial y generoso como todos los grandes.

En tu empresa, ¿cuál es la cultura respecto a los detalles?

 

Las zorras pequeñas

 

El caso del restaurante que te conté en la introducción es un ejemplo de alguien que cuida los detalles positivos de su empresa. Ahora vamos con los otros.

Es interesante que el profeta bíblico en el libro Cantar de los Cantares, hable de los pequeños detalles que arruinan los grandes proyectos. Son las “pequeñas zorras las que arruinan los cultivos justo cuando están a punto para ser cosechados”, en otras palabras, descuidar los detalles te puede arruinar los resultados cuando menos te lo esperás.

A menudo se los tiene a menos, porque son pequeños y uno cree poder tener siempre el control sobre ellos, pero los detalles que no se cuidan son pequeños demonios escurridizos y resbaladizos que habitan los rincones oscuros de nuestras empresas. Desde ese pequeño lugar insignificante, se ocupan de enfermar los proyectos de modo a herir los procesos, los equipos y por ende, los resultados. Literalmente, son un cáncer que si no los detectás a tiempo, recién detectarás sus efectos cuando ya estás jodido.

Pero el problema no es resolver los detalles, el problema en primer lugar es verlos, tener entrenada la mirada para verlos e identificar sus efectos en el largo plazo. Y en segundo lugar, la filosofía de le empresa respecto a ellos: les tenemos paciencia y ayudamos a cambiar, o cortamos de raíz. Sea cual sea la solución que le demos puede estar bien, siempre depende. Pero lo que no podemos hacer es dejarlos pasar y no ocuparnos.

 

Lee esta historia increíble de fracaso por culpa de un detalle

El Faro del Fin del Mundo, de Julio Verne, narra una historia asombrosa de cómo un gran plan, minucioso, con equipo humano, recursos y hasta la suerte a su favor, se puede ir a la mierda por descuidar un detalle.

Kongre, un pirata criminal que se había quedado varado en la isla junto a otros piratas sin muchas posibilidades de salir de ella. Desierta, inhóspita, sus posibilidades eran muy pocas.

Hasta que el gobierno argentino decide construir un faro en el fin del mundo para guiar a los marinos en una zona confusa propensa a generar extravíos y naufragios.

Kongre era un líder fuerte, experimentado y muy inteligente por lo que apenas terminado el faro, junto a su banda de delincuentes lo tomaron como lo hacen los profesionales de este oficio, matando a los fareros . Luego solamente debían esperar a que suba la marea para perderse con todo el motín que se habían hecho con acciones similares. Incluso tenían un barco, fruto de sus fechorías y homicidios.

Pero no sabían cuántos fareros había, mataron a dos y se les escapó uno. “Qué puede hacer un hombre sin alimentos, refugio ni armas; no tiene posibilidades de sobrevivir, se morirá de frío y de hambre a los pocos días, le dijo a sus compañeros. Y lo dejó ir, no lo resolvió, sino que se ocupó de seguir con su plan para irse de la isla lo antes posible.

La historia es muy entretenida, si no tuviste oportunidad de leerla te la recomiendo para que la puedas disfrutar y comprender todos los detalles.

Vázquez, el farero que logró escapar no solamente se las ingenió para sobrevivir, sino que también se las ingenió para atentar dos veces contra el barco de los piratas de modo a demorar su partida, hasta que varios meses después, cuando finalmente parecía que escaparían, llegó la flota del ejercitó que llegaba con los relevos para el faro y capturaron a los piratas.

Kongre logró huir al centro de la isla, pero unos días después decidió acabar con su vida a la luz de su gran fracaso, por culpa de un detalle que él consideró irrelevante comparando con toda su organización. No entendió que toda una organización se puede desmoronar por culpa de un detalle que no se resolvió a tiempo.

Sin tomar posicionamiento moral y sin quitarle mérito a Vázquez que logró algo extraordinario y totalmente inesperado con todas las expectativas en su contra; sino simplemente para ejemplificar la importancia de tomar en serio los detalles y nunca dejarlos pasar esperando que se resuelvan solos. El detalle que dejamos pasar hoy, puede meter un cañonazo a nuestro barco mañana cuando empezamos a partir con marea y viento a favor.

 

Será un pequeño detalle pero vas a terminar en un sitio no esperado

 

Me gusta la teoría del efecto mariposa, dentro de lo que es la teoría general del caos. Cómo puede ser posible que el pequeño aleteo de una mariposa pueda generar un tifón en otro lugar del mundo.

Pensemos, por qué es necesario que los astronautas rectifiquen su dirección a cada momento, porque un pequeño mal cálculo los puede dejar literalmente en cualquier parte menos en el lugar deseado.

Qué pasa si un barco se mueve de su brújula un puntito. Seguramente a la vista no habrá diferencia, y tal vez en el corto plazo nadie notará cambios en la dirección. Pero en el largo plazo, seguramente ese barco llegará a un lugar muy distinto al deseado. Todo por un pequeño desvío en algún momento del viaje. Un pequeño detalle. Insignificante.

 

Entrenar la mirada

 

Hay persona detallistas por naturaleza, y otras que se entrenan como se entrena cualquier otra habilidad empresarial. Lo importante es ejercitar la mirada y aprovechar las experiencias.

Hace poco fui a una reunión con un potencial cliente. Había algunas señales que vi pero elegí no hacer caso en mi furor emprendedor todo terreno apasionado por el hacer.

Fui, a pesar de las señales de que el prospecto tenía muchas posibilidades de no ser un potencial cliente mío. Pero fui igual. Desobedecí a la voz de mi intuición y de mi experiencia.

Perdí cuatro veces más tiempo del que debí invertir y no cerré ningún negocio. Por supuesto, como imaginarás, me  insulté a mí mismo en todos los idiomas. Pero al final, entendí.

Tenemos que aprender a ver e interpretar los detalles y las señales. Y no menos importante, hacerles caso. Esa es una habilidad altamente calificada en el desempeño de cualquier profesional y proyecto empresarial u organizacional; genera ahorro, eficiencia, eficacia y una planificación a largo plazo más sólida.

Hasta la próxima.

 

 

 

Por Sergio López

agenciapensar1@gmail.com

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