Regreso a clases: Uruguay tuvo su primera semana de clases presenciales y la «nueva normalidad» abre el debate

Regreso a clases: Uruguay tuvo su primera semana de clases presenciales y la «nueva normalidad» abre el debate

Uruguay fue el primer país en la región en decidir el regreso a las clases presenciales en los niveles obligatorios de la Educación, aunque de manera “voluntaria, escalonada y progresiva”, lo que implicó que desde el pasado lunes los estudiantes comenzaron a cursar dentro de la “nueva normalidad”.

 

Con una población calculada en poco más de 3.400.000, la República Oriental del Uruguay mantiene niveles bajos de contagio y decesos por Covid-19. Desde que se declaró la emergencia sanitaria en ese país, el 13 de marzo, hasta la fecha se registraron 832 casos positivos confirmados de coronavirus COVID-19, de los cuales 709 ya se recuperaron, 100 están cursando la enfermedad y 23 personas fallecieron.

 

Gustavo Adolfo Carbonell es un realizador audiovisual y documentalista argentino, con más de tres décadas de experiencia como realizador de documentales, comerciales, ficción. Desarrolló su carrera en Argentina, Colombia y Uruguay. Trabajó muchos años en Misiones, como parte del equipo fundador del Sistema Provincial de Teleducación y Desarrollo (SIPTED) y en la producción de material audiovisual como realizado o colaborador en numerosos proyectos. Desde hace un par de años, vive en Montevideo, Uruguay, y desde allí, compartió con Misiones Online su mirada personal sobre la realidad de la pandemia en el hermano país.

“Acá es como si fuera otro planeta, no tuvimos cuarentena obligatoria, acá es como que no hubo pandemia; acá los únicos casos que entraron fue por la frontera con Brasil, al norte del país donde los pasos son frontera seca. Aquí se manejó de otra manera…las escuelas urbanas cerraron, las rurales volvieron enseguida”, comenta sobre la perspectiva personal que tiene sobre la pandemia de Covid-19 en particular.

 

Ante el inicio de clases, Carbonell fue el nexo entre Misiones Online y Alejandra Lozano (49), veterinaria que trabaja en el estado, mamá de una hija y un hijo en edad escolar y Marcela Castro, mamá de una adolescente; docente de escuela secundaria de Idioma español, literatura y análisis y producción de textos.

 

“Cómo le decís a un niño que no se abrace…no sé”

“Cuando estábamos de vacaciones en enero, jamás pensé que pasaríamos por algo parecido al confinamiento, la pandemia, la suspensión de las clases” comenta inicialmente Alejandra Lozano, quien asocia el menor grado de afectación de la crisis sanitaria al excelente sistema integrado de salud que tiene Uruguay. Aunque “lo que más se siente y duele -dice- es la gente que ha perdido su trabajo, que está cobrando menos de la mitad, que se corte este entramado; mientras que los que todavía tenemos trabajo, tratar de seguir pagando por ejemplo la camioneta escolar (transporte escolar) para que la chica que maneja pueda por lo menos seguir pagando la patente, pagar lo que tenga que pagar y que pueda vivir…Yo apuesto a esa solidaridad y acá fue impresionante como se dio el apoyo a quienes se quedaron sin trabajo, con ollas populares, como se pudo”.

Con relación al retorno a la presencialidad en la escuela, dice Alejandra: “Claro que queríamos volver…lo que más se pierde es eso, el contacto con los chiquilines, el crecimiento que tienen cuando están en contacto con otros, compartiendo la vida educativa; mi hija Ángela es adolescente, Lorenzo todavía está en la primaria. Aunque la vuelta, miedo me da…porque no sabemos cómo está todo realmente. Los chicos van a ir cuatro horas diarias, cuatro días a la semana; un día van a la mañana y otro, después del mediodía y eso también distorsiona todo, porque en realidad la muchacha de la camioneta a la aludí, va a perder trabajo…a nosotros también nos altera, todo termina en el tema económico”.

 

Sobre los contagios, la voz en un audio emocionado es contundente: “¿Cómo le decís a un chico que no se abrace…no sé? Como mamá, me da miedo. Yo no creo que la forma de relacionarse sea por una videollamada, que es lo que estuvieron haciendo todo el tiempo los chicos acá, jugando…

 

“Fue un poco apresurado y de alguna manera, discriminatorio”

A esa conclusión arriba Marcela Castro (50), mamá de adolescente, docente de escuela secundaria de Idioma español, literatura y análisis y producción de textos en Montevideo.

       

“Como ciudadana, veo que hubo mucha resistencia por parte de las familias, de los docentes que pensaban que iban a ser sustituidos por las computadoras; incluso hubo máquinas rotas…muchos no estaban preparados para enfrentar la situación, menos de un día para otro. La gente estaba muy perdida…nadie sabía cómo manejarlo. Los chiquilines se sentían nerviosos, perdidos… para algunos la escuela era el lugar más seguro para estar porque venían de hogares donde había violencia, lugares horribles y en la escuela, además comían”, sostiene la docente que desempeña su actividad en varios establecimientos.

 

La actividad escolar recomenzó el lunes 1 de junio para 80 mil estudiantes de establecimientos públicos de los niveles preescolar, escolar y medio. En los próximos días se reincorporarán otros 620 mil alumnos, divididos en dos grandes grupos. El 22 de abril pasado, alrededor de 900 escuelas rurales ya habían retomado la presencialidad.

 

“Ahora tenemos una gran incertidumbre porque el Gobierno no se hizo cargo de decir: no están obligados a venir;  pero ellos tendrían que aclarar que como todos los años, el que no va a la escuela, pierde. Yo asumo que mi hija puede no ir este año y ese año está perdido. Cuando dicen ‘no es obligatorio’ yo creo que están diciendo ‘igual vas a pasar’ y eso es peligroso, porque hay chiquilines que sí trabajaron. Claro que eso se va a diferenciar cuando salgan al mercado laboral; pero los estamos engañando porque les estamos diciendo ‘sí, vos estás preparado porque tenés la aprobación’, porque nunca nos dijeron ellos no pueden aprobar. Al decirles que no es obligatorio, habría también que decirles, que va a tener tales consecuencias”, plantea la docente.

 

En el transcurso de la cuarentena no obligatoria que tuvieron en Uruguay, Marcela comentó que cuando dijeron “vamos a hacer la ‘Plataforma Crea’ hubo docentes que se resistieron, porque no sabían casi manejar una computadora; los niños que ingresan a primero por ahí no sabían ni abrirse un mail. Hay un montón que se conectaron, otro montón que no. En este caso, lo que yo veo es que más allá de que no había mucha preparación, tampoco había muchos lineamientos y nos decían ‘póngales juicios’ (conceptos). Yo tenía muchos chiquilines que estaban trabajando muy bien, claro que los padres tenían dinero para pagar internet…¿pero cómo les digo a esos chiquilines yo no les pongo notas cuando ustedes trabajaron muy bien y otros no se conectaron; muchos por no tener internet, por no tener buenos celulares”.

 

En este aspecto, Marcela recurrió a una imagen literaria: “También hay chicos que no se conectaron, son los que en clase también no prestaban atención…y no prestar atención en clase es como un ‘no conectarse. Entonces es muy difícil diferenciar quién no se conectó porque no tenía internet o porque en realidad no tenía interés…También vi mucho desinterés de parte de los padres; algunos teníamos que andar atrás de muchos que tenían internet y a los padres no les interesa”.

 

“Por eso el regreso me parece algo complicado…se podría seguir buscándole la vuelta. Yo trabajo con chicos diferenciados y tengo muchos que entran a la Plataforma Crea (similar a la Plataforma Guacurarí en Misiones), hice grupos de WhatsApp con ellos y entre bromas, ellos me van presentando los trabajos y fueron sumando a sus compañeros. Tengo dos grupos que están trabajando casi la totalidad”, agrega sobre la actividad a distancia, sistema que coexistirá con la presencialidad, por tiempo indeterminado, ya que Uruguay priorizó la apertura de establecimientos para atender a un 40 por ciento de estudiantes provenientes de hogares de menores ingresos.

 

Para la docente, la decisión tomada por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en este caso fue “una decisión muy apresurada para comenzar las clases. Va a ser muy difícil, aunque es cierto que los chicos están ávidos de ver a otros niños…pero para mí fue una decisión muy apresurada. No puedo imaginar a los chiquilines que llegan corriendo a abrazarme y yo les diga ‘no, no, aléjense’. Va a ser muy complicado todo”.

 

También mencionó la disparidad de acceso a internet y a instrumentos de conectividad y acceso en chicos con mayores y peores condiciones económicas. “Yo veo a mi hija ahora trabajando en la Plataforma, ella se adaptó…pero nuestras condiciones son diferentes, yo tengo internet en casa y ando atrás de ella todo el tiempo”. El grado de educación e información como relevantes a la hora de la prevención también fue señalado como determinante: “En el caso de nuestros alumnos, yo sé que no van a mantener la distancia… a mí me produce mucho miedo porque también hay algo que no es una elección, porque más allá de que te dicen que no es obligatorio, cómo frenás a tu hijo que también quiere ir a encontrarse con sus amigos… Es horrible la situación, porque si me dan a elegir, yo a mi hija no la mando; pero ella está estudiando y ya es más grande, no se va a quedar atrás porque hay otros que sí. Ahí se produce una mayor desigualdad, porque en realidad los más chiquitos a los que sus padres no quieren mandarlos para que no se contagien, se van a sentir discriminados porque cómo lo dejan ir a fulanito y yo no puedo ir”.

 

Mientras tanto, la semana de clases en la “nueva normalidad” se llevó adelante con un estricto protocolo que dictamina entre otros aspectos que los horarios de dictado de clases serán escalonados y los establecimientos deberán contar con alcohol en gel y sistemas de ventilación adecuados, además de desinfectar materiales y elementos de uso común. Para los estudiantes de nivel medio se aplica la obligatoriedad de protegerse con tapabocas, un requisito que es optativo para los niños en edad escolar y preescolar.

 

El progresivo retorno a clase en Uruguay -basado en recomendaciones del Comité Honorario Científico que asesora al Gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou- será monitoreado por las autoridades sanitarias y está prevista la realización de análisis aleatorios a docentes y funcionarios, según señalaron las autoridades educativas y sanitarias del país oriental.

 

ZF



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