Los árboles para que florezcan deben recibir un pequeño aviso, un llamado, que generalmente lo hace la naturaleza. Y lo hace bajando las temperaturas, disminuyendo o aumentando las horas de luz, brindando más o menos agua que el resto del año…acumulando horas de frio…en fin, la naturaleza, el clima saben perfectamente como avisarles a los árboles que florezcan, después el resto es una sinfonía de vida que invita a insectos, aves y pequeños mamíferos a la danza de la polinización.
Es más, a veces el viento y el agua también intervienen en los numerosos procesos reproductivos de fertilización del mundo de las gimnospermas y angiospermas movilizando ese interesante flujo de polen y genes advirtiéndole a la vida que esto no va a quedar así, la variabilidad a través de la reproducción sexual no dará tregua a la monotonía, la vida va a seguir sucediendo en formas, colores, perfumes, sabores…
Sin embargo, cuando los árboles están ubicados en una vereda, en un patio o una plaza de ciudad, las cosas son un poco distintas, los avisos que da la naturaleza no llegan a ser tan notorios y algunos árboles necesitan una atención extra. Y ahí….¿qué pasa? Ahí tenemos que estar presentes y conscientes de que la ecología de los árboles en las ciudades, la ecología urbana de las especies en general, requiere conocer lo que ocurre naturalmente en ambientes prístinos y conjugar en los posibles escenarios que brindan las ciudades para orientar a las especies en su crecimiento, desarrollo y reproducción.
En este caso y en este tiempo es de importancia fundamental conocer algunos detalles sobre la poda de árboles.
Una poda correcta consiste en eliminar total o parcialmente las ramas secas, muertas y/o mal orientadas. Una buena poda mejora la salud del árbol y también de las personas y aves que comparten su entorno.
Hay que tener algunos cuidados. Los árboles que son totalmente podados y quedan sin ninguna hoja sufren un estrés muy fuerte que los expone a enfermedades acortando su tiempo de vida y volviéndolos propensos al quiebre de ramas en un futuro, provocando indeseados accidentes, siempre los árboles deben contar con hojas, 1 tercera parte como mínimo (y en consultas con expertos) para poder seguir convirtiendo la luz en alimento.
Sobre la adaptación eficiente en las ciudades
¿Si sostenemos que el árbol de una determinada especie, evolucionó con su entorno ajustando su biomecánica, que pasa entonces cuando lo sacamos de ese entorno?
En lugares abiertos los vientos son más laminares, pero en las ciudades no, tienden a ser turbulentos porque el cambio en la superficie urbana es más drástico en poco espacio, hay superficies impermeables como los edificios túneles de viento como calles y avenidas o calles con edificios altos. Ese cambio claramente modifica la intensidad de las cargas dinámicas soportadas. ¿Entonces, esa adaptación biomecánica es funcional en ese nuevo ambiente totalmente distinto?
Para equilibrar esta realidad y otorgar al árbol una ventaja frente a situaciones nuevas, la poda de limpieza puede ser la mejor opción, donde la intervención implica podar lo menos posible, extrayendo solo aquellas ramas que estén secas, muertas, o se crucen de alguna manera que no mantengan la estructura equilibrada del árbol.
Esto es una estructura como un vaso boca arriba donde las ramas de abren como rayos hacia el cielo, en un semicírculo lo más perfecto posible, así, el árbol tendrá una copa equilibrada.
Para podar árboles debemos conocer sobre la biología de la especie en cuestión y capacitarnos debidamente así asegurar la supervivencia de la especie, usar las herramientas adecuadas y cuidar las medidas de seguridad por parte de los operarios.

Las tareas de poda bien realizadas generalmente solo extraen pocas ramas prolongando la vida de las especies, su floración y fructificación.
(*) Escriben: Mgter. Lic. Anahí Fleck / Ing. Agr. Jorge Escalante
@AnahiFleck
PE

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