Caminando por el pantano…

Al parecer, que el Jefe de Estado haya utilizado el término angustia en su último discurso desató una catarata de interpretaciones en diferentes ámbitos y desde diferentes ópticas, que puso a las sociedades que conforman nuestro país, con sus diversas realidades frente al contexto de la pandemia, a repensar lo que refiere este afecto. No es casual que en nuestra provincia, a partir de las salidas recreativas, recientemente autorizadas por el poder ejecutivo provincial, sea una forma de mermar o tramitar la misma, aparte de ansiedad, miedos, temores y fobias que se presentifican a nivel corporal.

 

Este contexto de aislamiento supone diversos tratamientos de los cuerpos por parte de quienes se encuentren gobernando: algunos toman precauciones y providencias, otros hacen un mix entre medidas de prevención y acciones personales de la población, y otros hacen caso omiso de las advertencias y lo disruptivo de la muerte no se hace esperar. Así lo denuncia la situación en Brasil, por tomar el contexto de Latinoamérica.

 

La muerte se presenta intempestivamente, en este caso por un virus, y el ser humano se enfrenta a su propia transitoriedad que en algunos discursos intenta ser desmentida con propuestas de juventud perdurable y también sustancias de diversa índole. A todo esto, la posibilidad del fin de la existencia propia en este mundo al menos, y de los demás, conlleva la afectación de los cuerpos que se presentan angustiados, con algo que se les manifiesta “en el pecho” en el común decir, y que no es ansiedad, y mucho menos miedo o desesperación.

 

La angustia, “el afecto que no engaña”, se caracteriza por tomar al cuerpo del que habla, y manifestar un tinte deslocalizado, por lo que en algunas situaciones la forma en la que alguien consigue tratarla es por medio de una enfermedad somática, otros atiborrándose de actividades, y finalmente algunos intentando decir algo de la misma en un análisis, un psicoanálisis.

 

Es por esto que no existen “fórmulas mágicas” ni soluciones definitivas (con lo tanático que conllevan estas expresiones), para tratar la angustia. Cada uno lleva adelante su vida como puede y a veces como quiere. También por eso es que no existen dos angustias iguales, así como tampoco dos soluciones iguales.

El psicoanalista en su función, podrá orientar el tratamiento en pos de que el paciente logre una invención para tratarla por medio de la palabra, pero sin abandonar la dimensión del cuerpo, un cuerpo atravesado por el lenguaje, que se aleja de cualquier biologisismo por la palabra que lo parasitó.

 

De igual forma, la angustia no es el miedo a la muerte en tanto solo extinción de la especie: es ese afecto que circunda al que habla en tanto hay un duelo de lo cotidiano en el aislamiento, y hay un dolor psíquico ante la catástrofe posible. Además,  cada uno porta de su historia de vida, relatos propios donde la angustia fue compañera, que se actualizan en situaciones del presente, no solo por la pandemia sino también por contingencias cotidianas.

 

El tomar la palabra,  para hablar de la angustia, e intentar darle algunos rodeos implica asumir un lugar nada ingenuo. Es una invitación para que alguien habilite un lugar a lo nuevo, a lo posible a través de circunstancias nada agradables, a sacar un poco de oro, o de alpaca, del pantano. Esa es la apuesta del psicoanálisis a niños, púberes y adultos, desde la época freudiana, hasta esta época “de pandemia”.

 

 

 

(*) Lic. En Psicología, Psicoanalista. Maestrando en Psicoanálisis (UBA), tesis entregada y en proceso de corrección. Doctorando en Psicología (UBA). Ex concurrente Hospital Psicoasistencial José T. Borda (CABA). Diplomado en Abordaje Clínico y Social de la Discapacidad (UCSF). Posgrados en Centro de Salud Mental N º 3 Dr. Arturo Ameghino (CABA), Hosp. General de Agudos Dr. Cosme Argerich (CABA) y Hosp. Psicoasistencial J. T. Borda (CABA) Autor de “Clínica y Teoría Psicoanalítica: Psicosis, Psicosomática, Subjetividad” (EAE, 2019).Publicó diversos artículos en Congresos y Jornadas. Docente en Universidad de la Cuenca del Plata y Universidad Católica de las Misiones. Realiza su Práctica Clínica en Posadas, Misiones.

E-mail: [email protected]

 

 

 

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