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Héroes Cotidianos: Lorena y Laura y sus vidas transformadas por las rutinas de cuarentena en Posadas 2020

Lorena atiende en tiempos “normales” a 200 alumnos durante la semana escolar, en un colegio de Candelaria y a otros 20 a través de las aulas virtuales que ofrece el Sistema Provincial de Teleducación y Desarrollo (Sipted) para adultos que deseen culminar su secundario a distancia, servicio ya disponible desde hace algún tiempo atrás, antes de la cuarentena obligada por el coronavirus.

 

Laura es licenciada en Psicopedagogía (MP 485) e integrante del equipo CreSer que desde la Clínica de la Mujer, junto a un grupo de profesionales atiende a niños, adolescentes y adultos en situación de aprendizaje.

 

La rutina de ambas profesionales se vio alterada a partir del aislamiento social preventivo y obligatorio decretado a nivel nacional para prevenir la expansión del coronavirus en todo el territorio; pero debieron continuar con sus tareas laborales desde la intimidad de sus hogares, readaptando espacios físicos y mentales para dar respuestas a los desafíos que impone esta situación de excepcionalidad que se vive en todo el mundo.

 

“En mi casa me organicé de tal manera de dedicarle el mismo tiempo a preparar tareas y comunicarme con los alumnos que cuando iba a clases. Establezco según el curso los horarios de consulta, 4 horas semanales coincidiendo con los días y horarios de la materia”, dice Lorena, profesora de Historia que tiene a cargo además el espacio de Ética en un colegio secundario de Candelaria. Según su experiencia, la cuarentena y la posibilidad de dar clases online no le significó mucha novedad porque desde hace varios años trabaja en el SIPTED, diseñando y atendiendo las aulas virtuales de su especialidad, pero destinadas a adultos que no terminaron el nivel primario.

 

La nueva modalidad con la escuela pública la sorprendió porque de manera directa pudo comprobar que el problema no es tanto la comunicación desde el docente hacia el alumno, sino de estos con el docente. “Entendemos que el principal escollo que tienen es que usan el teléfono y con sistemas prepagos; así que muchas veces no tienen datos para trabajar con las tareas que les mandamos”, señala la docente que valora el esfuerzo puesto de manifiesto por todos los colegas; aunque la respuesta que logran hasta el momento es mínima.

 

Cuatro de doscientos alumnos, respondieron a algunas tareas, aun cuando toma cuidado de pensar actividades que no requieran mucha intervención para su comprensión. Incluso, algunas incluyen preguntas o guías que la ayudan a evaluar el nivel de acercamiento del alumno con las fuentes; el tiempo que le insume la resolución de lo planteado o el nivel de gratificación con la tarea; datos estos que le permiten reorganizar las siguientes actividades.

 

“Hasta lo que sé, todos los docentes tienen internet y como la comunicación es por Facebook y WhatsApp no tienen mayores problemas para enviar los trabajos. Muy pocos son los que usan las nuevas plataformas virtuales como zoom que está muy de moda, básicamente por la conectividad de los alumnos”, agrega Lorena sobre el nivel de recepción a estos nuevos desafíos entre sus pares.

 

Hasta esta altura del aislamiento, la docente concluye: “La virtualidad a mí me gusta, pero lo ideal es partir desde una base en la que todos tengan acceso a internet tipo wifi, que no se tengan que preocupar porque se les terminan los datos; eso simplificaría mucho el trabajo docente, ya que te organizás con una única plataforma con la que se genera innovación tanto para docentes o alumnos y salís del uso cotidiano del whatsapp  y a su vez podés compartir blog, páginas, etc.”

 

Aunque se siente cómoda con la virtualidad, admite que ya tuvo “picos de frustración”, cuando pasa el tiempo y las respuestas no llegan en forma de tarea concluida o porque “los chicos mandan fotos borrosas, no se entienden la letra. Pero bueno, toda situación sirve de experiencia”, dice al tiempo que agradece las nuevas posibilidades que se abren y obligan a una adaptación superadora en todos los sentidos.

 

Madres al borde de un ataque de nervios

 

Laura recibe el impacto de la cuarentena desde otro lugar: las madres que se ubican entre los docentes que envían tareas y los niños que deben cumplirla. Es licenciada en psicopedagogía, psicopedagoga clínica y estudiante del profesorado de yoga (para canalizar las energías no tan positivas que le genera su profesión).

 

Desde que comenzó la cuarentena no asiste a la clínica donde trabaja en “tiempos normales”, como parte de un equipo interdisciplinario que se encarga de atender problemáticas ligadas al proceso de aprendizaje en niños, adolescentes y adultos.

 

Su rutina diaria pasa entre los quehaceres de su hogar y la atención de madres con dificultades para asimilar este tiempo de aislamiento y resolver tareas escolares, junto a las tareas laborales y hogareñas.

 

Algunos de los mensajes que le llegan por whatsapp refieren sobre “la cantidad de tareas que tienen los niños”, otros donde se presentan quejas porque “pierden clases con huelgas y PEI durante el año ya hora nos llenan con tareas”, “las niñas tienen que jugar también…porque no soportan estar encerradas” … y otros por el estilo. Dejan de ser consultas propiamente dichas, para transformarse en un grito de ayuda ante situaciones desbordantes en todos los sentidos.

 

Ante la cantidad de mensajes parecidos, los profesionales del centro donde trabajan elaboraron un flyer que distribuyen entre quienes los contactan. En él concentran una serie de sugerencias que van desde la alimentación hasta el consejo de no permanecer mucho tiempo mirando noticias; mientras no dejan de contener a través de mensajes, cuando falta lo más importante en el terreno de la psicopedagogía como la voz, el encuentro, la presencia.

 

El coronavirus, sin dudas, les modificó la rutina. Lorena se inventó un rincón de trabajo donde suma el infaltable equipo de mate, su cuaderno de apuntes, la luz necesaria para mantener la vista y la cabeza en orden y el nuevo pizarrón que es la notebook. Laura, volvió al yoga en medio de una mañana que venía tranquila y vislumbraba positiva.

 

Cada una en lo suyo, reinventando, creando, sumando su aporte para que las personas que habitan este mundo cercano hagan girar otros mundos…mientras duren las medidas restrictivas que nos mantendrán con vida. Quedate en casa. Quedémonos en casa.

 

ZF

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