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La ciencia explica por qué 2020 es un año bisiesto

 

Este febrero sumará un día más para sincronizar el calendario con la órbita del planeta. Los cambios que hubo a lo largo de la historia.

En medio del brindis, quizás en las últimas horas del 2019 o en las primeras del que arranca este miércoles, seguramente haya sido muy escuchada la frase “2020 es un año bisiesto”, es decir, que tendrá un día calendario más que los años “comunes”. Pero, ¿por qué? ¿Y qué representa que el año se extienda a 366 días en lugar de los tradicionales 365?

La respuesta la da el campo de la astronomía​: se suma un día más para “sincronizar el calendario con la órbita del planeta”, explicó a Télam la astrónoma Romina Miculán, de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

«La Tierra tarda 365,242 días en dar una vuelta completa alrededor del Sol, lo que se conoce como año trópico. El año trópico entonces tiene 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos –detalló la astrónoma–. Lo que se acordó es agregar un día cada cuatro años para compensar las casi seis horas que se pierden cada año en la medida del tiempo cronológico y el astronómico, dado por el movimiento orbital terrestre».

«Históricamente el problema se subsanó definiendo que si un año es divisible por 4, entonces es bisiesto, pero luego se ajustó, y ahora son los que son divisibles por 400», indicó la profesional.

Yendo hacia atrás en la historia, hay que remontarse al año 46 a.C. para rastrear el origen del año bisiesto. Julio César, dictador de Roma, decidió que se ajustara el calendario al girar de los cielos. Asesorado por Sosígenes, un astrónomo de Alejandría, llegó a la conclusión de que el año no tenía 365 días, sino 365 días y un cuarto. Entonces, cada cuatro años iba a faltar un día. Por eso agregó un día después del sexto día de las calendas de marzo (última semana de febrero). De allí vino el nombre bisextus, dado al año en que toca febrero con 29 días, nombre que, en castellano, derivó en bisiesto.

Pero el cálculo que había hecho Sosígenes pecó de poco preciso. Porque el sobrante de cada año no llegaba a las seis horas (un cuarto de día). Hizo un redondeo para arriba y complicó todo. La diferencia, aparentemente minúscula, entre el redondeo en 365,25 días y el año astronómico de 365,242 días se tradujo en casi 12 minutos por año. Provocó una acumulación de 10 días al llegar el siglo XVI de la era actual. Entonces, el papa Gregorio XIII resolvió empezar la cuenta de nuevo. Ese calendario, inaugurado en 1582, lleva el nombre de gregoriano y es el que rige actualmente. Suprimió los diez días sobrantes y estableció que, para compensar las futuras diferencias, no serían bisiestos los años correspondientes a cada fin de siglo salvo los divisibles por 400, como el 2000. Por eso el año del cambio de milenio sí fue bisiesto.

Más allá de las explicaciones científicas, las personas que nacen el 29 de febrero tienen sus estrategias para festejar sus cumpleaños. Como Benjamín Kapustiansky, un adolescente que en 2020 cumplirá 12 años y nació el 29 de febrero de 2008. “La verdad es que siento que yo cumplo cada cuatro años. Festejo todos los años, pero siento que cumplo cada cuatro”, aseguró.

Mas allá de los cumpleaños y las creencias sobre la buena o mala suerte de los años bisiestos, a nivel científico «no nos afecta, ya que en astronomía manejamos escalas de tiempo diferentes», señaló Miculán. La científica resaltó que el nuevo año trae, por ahora, dos fenómenos astronómicos: el eclipse solar ​que podrá verse el 14 de diciembre en Argentina, Perú, Bolivia, Chile,Uruguay, Paraguay, y en los océanos adyacentes, y «una posible supernova», explicó. Una supernova «es una explosión de estrellas. Estamos observando ahora a Betelgeuse,ubicada en la constelación de Orión que es la novena estrella más brillante que se estaría apagando. Es decir, quizás veamos la muerte de una estrella».

 

(Clarin)

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