El sube y baja del gabinete de Alberto y un brote verde que germinó en Misiones

El sube y baja del gabinete de Alberto y un brote verde que germinó en Misiones

El objetivo de derrotar a Macri hizo el pequeño milagro de unir al heterogéneo rango de expresiones políticas que abrevan del amplio y ramificado río del peronismo, pero como en la mañana posterior a la Fiesta de San Juan inmortalizada en la canción de Serrat, después del éxito electoral de octubre, cada uno vuelve a ser cada cual.

 

En su vuelta de Cuba, Cristina dejó en offside a quienes pronosticaban su virtual retiro del manejo del poder, bajó a varios ministeriables que ya habían mandado el traje a la tintorería y puso al presidente electo en el aprieto de incumplir compromisos asumidos con los demás socios que lo llevaron al lugar en el que está.

 

El principal perjudicado fue Sergio Massa, que tuvo que digerir que Diego Gorgal ya no será ministro de Seguridad, Mirta Tundis no estará al frente de la ANSES, Martín Redrado mirará de afuera y tampoco está claro que Malena Galmarini vaya a tener un lugar en el Gabinete.

 

El reperfilamiento también alcanzó a la mayoría de los lugares que estaban reservados para dirigentes provenientes de las provincias aliadas a Fernández, cuyos gobernadores esperan que el nuevo presidente cumpla con su promesa de sentarlos a la mesa de en la que se toman las grandes decisiones.

 

El tucumano Pablo Yeldin, hombre de confianza del gobernador Juan Manzur, era hasta hace pocos días número puesto para ser ministro de Salud, pero ese cargo finalmente será para Ginés González García, quien ocupara ese mismo puesto durante la presidencia de Néstor Kirchner.

 

El sanjuanino Sergio Hensel, nombre que el gobernador Sergio Uñac había acercado para la secretaría de Minería y el cordobés Carlos Caserío que sonaba para transporte tampoco serán de la partida.

 

El misionero Sergio Lanziani es uno de los pocos hombres proveniente de los gobiernos provinciales aliados que sigue en carrera para integrar el Gabinete nacional, en su caso como secretaría de Energía, en tanto que el gobernador electo Oscar Herrera Ahuad sigue siendo fuente de consulta constante por parte de los equipos de Alberto Fernández en el diseño de programas nacionales. Otro dato alentador para Misiones fue la designación del exgobernador Maurice Closs como vicepresidente primero del Senado.

 

En lo que respecta al gabinete económico, la estrella de Guillermo Nielsen se está apagando y su nombre ya no se menciona como posible ministro de Hacienda, aunque mantiene chances de ser designado al frente de YPF.

 

Quien vio subir sus acciones fue el referente del Grupo Callao, Matías Kulfas, quien además de contar con la entera confianza de Alberto tiene una buena relación con la número uno del FMI, Kristalina Georgieva, dato para nada menor teniendo en cuenta la renegociación pendiente. Otro nombre que suena fuerte es el de Martín Guzmán, quien podría ser ministro de Hacienda y Finanzas o encabezar la Unidad Especial Sobre Deuda.

 

Las resonantes rectificaciones en el sube y baja de candidatos a integrar el Gabinete pusieron de manifiesto que la tarea de integrar en el gobierno de Alberto a las diferentes expresiones políticas que hicieron posible su triunfo electoral no será tarea fácil. Articular espacios, lograr acuerdos y tener a todos más o menos satisfechos en un espacio amplio que integra visiones políticas, sociales e ideológicas diferentes será para el futuro presidente un desafío tan importante como el de reactivar la economía.

 

Con los muebles a otra parte

 

Las imágenes de un camión de mudanzas ingresando a la Quinta de Olivos anticipan la vuelta de Mauricio Macri al llano después de doce años de ejercicio de cargos ejecutivos. El presidente se llevó sus muebles pero pretende dejarle a Fernández algunos de sus funcionarios. Antes de irse, firmó un decreto que confiere estabilidad a los directores generales durante los próximos cinco años y establece que para removerlos el Estado deberá pagar una indemnización equivalente a los sueldos que le quedan al funcionario para cumplir los cinco años de mandato que le garantiza el decreto.

 

Desde el oficialismo saliente afirman que el decreto promueve un sistema de concursos más transparente, pero desde la vereda opuesta denuncian un intento por perpetuar en el próximo Gobierno a funcionarios designados por el actual presidente.

 

Otro decreto que generó polémica fue el que creó Agencia Nacional de Protección de Testigos e Imputados, un ente autárquico, con un consejo consultivo que presidirá el titular de la Cámara de Casación. Esta nueva figura saca a los arrepentidos, entre ellos los que declararon en las causas contra funcionarios K, de la órbita del Ejecutivo.

 

Frente a este acto de gobierno también hay lecturas divergentes. Donde algunos ven un intento por preservar a los arrepentidos de los mismos políticos contra los que declararon, otros ven una maniobra por ocultar supuestas irregularidades que se habrían cometido en los procesos judiciales.

 

Al presidente lo espera el desafío de mantener unida a la coalición que lo llevó a ocupar el sillón de Rivadavia, algo que no será sencillo hacer desde el llano y sin cargos para mantener contentos a sus socios radicales.

 

Como todo expresidente buscará –dentro de lo posible- mantener en alto el recuerdo de su gestión. Paradójicamente, el éxito de esa tarea dependerá principalmente de su sucesor. En Argentina los errores del mandatario en ejercicio tienen la mágica virtud de lavar los pecados de su antecesor, lo sabe Cristina que ya se prueba el vestido que usará el 10 de diciembre para tomarle juramento al presidente que ella eligió.

 

Reactivación en puerta

 

La versión endurecida del cepo cambiario que puso fin al dólar electoral de Macri sirvió para calmar las agitadas aguas de la escena financiera vernácula y desde esa quietud proyectar un rebote que acompañaría la primera parte del Gobierno de Alberto Fernández.

 

La abismal diferencia entre las expectativas que generó la gestión de Macri y la realidad quedaron en evidencia en una entrevista que dio hace pocos días el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza. El Gobierno que empezó con un ministro de Economía celebrando con champagne la desregulación del mercado cambiario terminó con otro reconociendo que Argentina “no puede tener una flotación libre del cambio”. Entre uno y otro ministro el dólar aumentó de 9,50 a 63 pesos y el Central dilapidó miles de millones de dólares prestados en su fútil intento por sostener el tipo de cambio dentro de un esquema de libre flotación que defendió con capricho dogmático.

 

“Para tener instituciones del primer mundo, sin controles y sin regulaciones, hay que tener el resto de la economía bien: equilibrio fiscal, equilibrio externo, etcétera, porque si no cualquier desequilibrio repercute en el mercado de cambio”, declaró el último ministro de Economía de Macri a una radio de Buenos Aires. Lamentablemente para casi todos los argentinos les tomó cuatro años darse cuenta.

 

El cepo en su versión más dura no solo cerró la sangría de reservas, sino que le permitió al Central retener divisas provenientes de exportaciones y alimentar al mercado interno con los pesos emitidos para la compra de esos dólares, lo que podría frenar la constante caída del consumo.

 

La inoperancia del Gobierno de Macri para gestionar el tipo de cambio le dará al Alberto la ventaja de un dólar competitivo. Si consigue reactivar la financiación orientada a los exportadores podrá consolidar el superávit comercial que heredará, pero para mantenerlo en el mediano plazo deberá evitar el atraso cambiario, algo difícil de lograr con los altos niveles de inflación que tiene Argentina y ante la tentación de usar el cepo para pisar el tipo de cambio.

 

Otros aspectos positivos de la economía que recibirá Alberto son un déficit primario mucho menor y cuadros tarifarios de energía que cubren la mayor parte de los costos y con ello reducen la necesidad de subsidiar.

 

En la parte negativa, Macri deja una herencia que será difícil de remontar. El equipo que llegó para iniciar un proceso de crecimiento sostenido deja como resultado de sus cuatro años de mandato una caída de 5% de la economía, que así retrocedió a los niveles de 2010.

 

Cuando Macri deje el poder, en diciembre de 2019, el nivel del PBI será 5% más bajo que el que recibió en 2015. Si a eso le sumamos el crecimiento poblacional (PBI per cápita), el nivel será casi 9% más bajo al heredado”, señala un reciente informe de la consultora Ecolatina.

 

El empleo y el salario son otros dos aspectos negativos de la herencia que deja el presidente saliente. Según un reciente informe de la consultora Ficonomics, elaborado en base a datos del INDEC, desde que asumió Macri se perdieron 126 mil trabajos en el sector privado y el salario real promedio cayó 20%.

 

Pero no todos perdieron con el actual Gobierno. La empresa Central Puerto, que tiene entre sus dueños a uno de los mejores amigos de Macri, Nicolás Caputo, informó a la Comisión Nacional de Valores ganancias operativas por 22.788 millones de pesos en los primeros nueve meses del año mientras que desde el observatorio OETEC anticipan que esa empresa distribuirá dividendos por 1.074 millones de pesos el 3 de diciembre.

 

El OETEC también informó que la ganancia operativa de Pampa Energía, la empresa de otro amigo de Macri, Marcelo Mindlin, ganó más de 37 mil millones de pesos en los primeros nueve meses de 2019.

 

Ambas empresas fueron beneficiadas por sucesivos incrementos dispuestos por el Gobierno nacional en las tarifas que cobran.

 

En Misiones germinó el primer brote verde

 

Consecuencia directa de la reducción del poder adquisitivo de los salarios, la caída en el consumo de productos masivos es una constante de los últimos dos años en todo el país. Según números del INDEC, las ventas en supermercados medidas en términos reales vienen mostrando caídas interanuales de entre 6 y 9 por ciento todos los meses.

 

Septiembre no fue la excepción y marcó una retracción de 8,8 con respecto a igual período del año pasado.

 

En Misiones la reducción en el consumo siempre fue más baja que en el resto del país y muchísimo más baja que en las demás provincias del NEA, gracias a distintas medidas que viene adoptando el Gobierno provincial para sostener las ventas y los empleos, principalmente a partir del programa Ahora Misiones en todas sus versiones.

 

Gracias a esa política contracíclica que sostuvo el consumo interno y con un tipo de cambio que ahora la favorece en el comercio de frontera,  Misiones fue la única provincia que en septiembre registró un aumento interanual del consumo medido a precios constantes.

 

 

Según un informe elaborado por la consultora Politikon Chaco en base a datos del INDEC, en Misiones el consumo creció 3,5% mientras que en todas las demás provincias cayó. A escala nacional se redujo 8,8%, en Corrientes 13,2%, en Formosa 13,8% y en Chaco 14%.

 

Por propio mérito político y con una ayudita del dólar alto, Misiones ya comenzó a transitar el camino de reactivación en el que pretende poner Alberto Fernández al país.

 

Transición ordenada

 

El Gobernador Hugo Passalacqua transita  los últimos días de su gestión con la tranquilidad ganada durante los cuatro años de una gestión que supo resolver problemas concretos de las personas y contener los efectos negativos de la crisis económica nacional.

 

El efecto de los programas Ahora Misiones salta a la luz cada vez que el INDEC difunde estadística relacionada a consumo, pero también tiene un impacto social considerable porque apuntala el poder de compra de los misioneros. La continuidad de esta política está garantizada hasta diciembre y la intención de la próxima gestión es sostenerlo.

 

Otro logro que puede anotarse Passalacqua y que seguramente pretenderá continuar Herrera Ahuad pasa por la inversión en obra pública, que aunque en menor medida que en años de crecimiento económico nacional, se mantuvo en Misiones a pesar de la crisis. Los 200 puentes y los kilómetros de asfalto construidos por Vialidad son testigo de ello.

 

El gobernador saliente y el electo empatizan con la problemática de la gente. En la misma línea está el intendente electo de Posadas, que está preparando un plan de gestión para dar respuesta a muchos problemas que no tuvieron solución en los últimos años. La inteligencia del misionerismo estuvo en pensar resolver los problemas de la gente por encima de los problemas de los políticos. Y la gente quiere paz, quiere tranquilidad, quiere un gobierno atento y activo que le ayude a pagarlas cuentas, le pague el salario a tiempo y le brinde buenos servicios de salud, educación, seguridad, entre otros”, señalaron fuentes cercanas a la Casa de Gobierno.



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