Redes sociales: la cultura Snapchat cruza a la realidad y ya piden cirugías para parecerse a sus selfies

Redes sociales: la cultura Snapchat cruza a la realidad y ya piden cirugías para parecerse a sus selfies

Como si no tuviéramos suficientes estándares de belleza imposibles de alcanzar con el uso indiscriminado del photoshop en las tapas de revistas o los retoques digitales en film y TV, ahora tenemos también los filtros para “embellecer“ que ofrecen las redes sociales y que, aunque comenzaron como un juego, hoy obsesionan a los adolescentes. Sucede que cada vez más cirujanos y médicos reportan la llegada de pacientes a los consultorios pidiendo parecerse a eso que muestran los filtros de Instagram o Snapchat sobre sus fotos.

A tal punto que ya se habla de «dismorfia de Snapchat”, término acuñado por el médico estético británico Tijion Esho.

Algunos atribuyen al culto a las celebridades, la popularización de las cirugías cosméticas menores (como botox o rellenos) y una creciente falta de autoestima y problemas mentales causados por las propias redes sociales, algunos de los detonantes del fenómeno. Si bien probablemente es muy temprano para que el DSM -el diccionario de trastornos mentales- lo incluya entre sus items, la tendencia preocupa a los trabajadores del sector de la salud mental y a algunos cirujanos estéticos.

Una realidad aumentada

Atribuir a las redes sociales culpabilidad de que los adolescentes corran al consultorio a pedir ojos más grandes (una de las modificaciones más solicitadas, de acuerdo uno de los filtros más populares de Instagram), sería simplista. Si bien hay que desagregar el contexto cultural y la historia personal, es ineludible pensar cómo estas nuevas herramientas han modificado nuestra percepción de muchas cosas, entre ellas, de nosotros mismos.

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Por otro lado, el uso de redes sociales viene siendo señalado desde hace años por numerosos estudios como el causal de distintas enfermedades mentales (depresión, ansiedad, baja autoestima e incluso tendencias suicidas). Dos trabajos recientes suman evidencia en esta línea mostrando causa y no sólo correlación, según explica la revista Forbes del uso tecnologías con la ansiedad y la baja autoestima. Uno de esos estudios, realizado por la Universidad de Nueva York, encontró que las mujeres que interactúan en las redes con alguien a quien perciben más atractivo se sentían peor con ellas mismas luego. “Los resultados mostraron que las mujeres jóvenes adultas se sentían más insatisfechas con sus cuerpos“, explica la autora del estudio Jennifer Mills.

Asimismo, de acuerdo con la encuesta anual de la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica Facial y Cirugía Reconstructiva, las selfies son el principal motor detrás de la decisión de operarse. En 2017 esta encuesta encontró que el 55 por ciento de los cirujanos informaron que sus pacientes solicitaron una cirugía porque se veían mejor en selfies. Una cifra 13 por ciento mayor con respecto al año anterior.

Como dato alarmante el estudio también halló que el 56 por ciento de los cirujanos encuestados notó un aumento de los clientes de menos de 30 años, es decir, la franja millennial y centennial, como los más propensos a considerar esta clase de intervenciones.

¿Pero cuáles son exactamente las cosas que hacen estos filtros? Más allá de las orejas de animales, brillos o maquillaje ficticio y coronas de flores, las opciones más comunes en una red social masiva como Instagram, en Snapchat hay al menos veinte  filtros diferentes para alterar tu selfie. Estos pueden agregarte pecas, pestañas más largas, ojos más anchos y una piel perfecta, entre otras cosas. Otras aplicaciones, como por ejemplo Facetune, permiten alteraciones más drásticas como blanquear la dentadura, reducir el tamaño de los pómulos, nariz o el tamaño de la cintura por sólo 4 dólares.

Potenciales peligros

Aunque ciertos procedimientos considerados por los cirujanos y especialistas en estética como “menores» (rellenar labios, borrar imperfecciones) pueden acercarse al resultado de algunos de estos filtros o software de edición, no sólo no pueden reproducir la «solución instantánea» que las personas ven en sus fotos editadas, sino que además constituyen potenciales peligros que no se consideran o advierten. Por cada intervención por más menor que sea puede haber una complicación. Quizás no sean comunes, pero las complicaciones son reales.

Fans. Los menores de 20 usan Snapchat. /Andrés D'Elia

Fans. Los menores de 20 usan Snapchat. /Andrés D’Elia

«El Botox puede causar dificultades respiratorias y visión borrosa. Y las posibles complicaciones de los rellenos incluyen la infección y la «migración del relleno», en la que la sustancia se mueve del lugar donde fue inyectada de manera impredecible, y puede potencialmente llegar a obstruir vasos sanguíneos”, explica la doctora británica especialista en estética Shirin Lakhani.

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Además, esta condición esté asociada al trastorno dismórfico corporal, una enfermedad que incluye comportamientos obsesivos-compulsivos: una vez que las personas comienzan, reincidan… y ya no saben cuándo parar. El famoso “un retoquecito más”.

El nivel socioeconómico de los pacientes también incide, ya que hay «gente que no necesariamente puede pagárselos y encuentran personas dispuestas a hacérselos por un precio más bajo”, dice Shirin Lakhani. Un programa de televisión que reflexiona de manera cruda sobre el mercado de negro de la belleza en Estados Unidos, y especialmente sobre las intervenciones imposibles sobre el cuerpo de las mujeres, es la serie She´s Got to Have It de Spike Lee, donde uno de los personajes se somete a un relleno de nalgas en condiciones precarias para poder bailar en un club nocturno que casi pone en riesgo su vida.

¿El lado no tan negativo de los filtros?

Aunque algunos exclaman que el fenómeno tiene un aspecto positivo y es que la gente ha ido bajando sus expectativas respecto de lo que busca, ya que al menos ahora llegan al consultorio con fotos alteradas pero propias -un argumento de dudosa utilidad-, otra tendencia está llamando la atención de psicólogos y sociólogos por igual. La llegada del filtro de Snapchat que permite cambiar el género de las personas, y que se volvió furor hace algunos meses, está siendo observado más allá de su gracia como una potencial herramienta para explorar cuestiones de género.

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Sin ir más lejos, se está pensando como posible recurso para aquellos interesados en transicionar de un género a otro, según cuentan desde una nota reciente en salon.com. Pensemos que muchas mujeres trans pagan para obtener mediante Photoshop una imagen acertada de cómo se verían de someterse a cirugías o procedimientos de cambio de sexo.

Por su parte, la activista trans Chase Ross piensa que esto puede ser una espada de doble filo en tanto sea útil para la comunidad trans pero también usado para perpetuar estereotipos de género. “Puede ser algo bueno para aquellas personas trans o no binarias que no pueden físicamente someterse a una transición por una variedad de circunstancias (familias que no lo aceptan, dinero, etc), y que pueden mediante esta app tener una idea de cómo lucirían en caso de que en un futuro quieran y puedan hacerlo, pero también algo malo cuando se usan estos filtros para reírse o estigmatizar a hombres que lucen como mujeres y viceversa“.

 (Clarín)



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