Revelaron qué dijeron en el juicio los chicos de la “casa del terror”: “Mis padres me quitaron toda mi vida”

Revelaron qué dijeron en el juicio los chicos de la “casa del terror”: “Mis padres me quitaron toda mi vida”

El caso de la familia Turpin conmocionó al mundo a mediados de enero de 2018, cuando la fiscalía del distrito anunció que había detenido a una pareja que mantenía en condiciones de tortura a 12 de sus 13 hijos en una casa de Perris, condado de Riversale, sur de California.

El fiscal del distrito del condado de Riverside, Michael Hestrin, tildó a David y Louise Turpin, que este viernes fueron condenados a cadena perpetua por un Tribunal de California, de “depravación humana, una suerte de perversión y venganza de los padres hacia sus hijos que nadie alcanza a explicar”, en uno de los peores casos de abusos de menores que se hayan registrado en Estados Unidos.

Las autoridades californianas creen que la pesadilla para los hijos de los Turpin habría comenzado en 2010, un período de tiempo que podría explicar la situación de desnutrición y poco peso de la mayoría de los chicos. Uno de los investigadores del caso confirmó la desnutrición severa y  el desgaste muscular. “Unas de las niñas que estaba encadenada a una cama tenía brazos del tamaño de un bebé”.

David y Louise Turpin convirtieron un hogar aparentemente feliz en un infierno para sus 13 hijos, que tenían entre 2 y 29 años, a quienes mantuvieron encadenados a los muebles durante meses, sin poder lavarse más que dos veces al año y con la comida racionada, a razón de un almuerzo al día.

Los propios niños explicaron a las autoridades que, antes de las cadenas, sus padres usaban cuerdas con ellos. Variaron el método cuando uno de ellos intentó escaparse. De ahí las cadenas y los candados.

A lo largo de la investigación y del juicio, se revelaron detalles como que a los chicos los tenían despiertos de noche y dormidos de día, para que nunca vieran la luz del sol, y que los vecinos no se percataran de lo que pasaba allí dentro. Toda la familia se acostaba entre las cuatro y las cinco de la madrugada. Sólo se les permitía escribir un diario, que sirvió para corroborar los maltratos a los que fueron expuestos.

“Mis padres me quitaron toda mi vida, pero la estoy recuperando”, dijo una de las hijas, identificada como Jane Doe 4, en la audiencia del viernes previa al veredicto, la primera vez que los chicos se pudieron dirigir a sus padres desde el arresto. “Todo pasa por una razón, y lo que pudo ser muy malo me hizo más fuerte”, agregó.

“No puedo describir en palabras por lo que pasamos mientras crecíamos”, dijo otro de los hijos, que se identificó como Joshua. “A veces tengo pesadillas de las cosas que pasamos, de mis hermanos siendo encadenados, pero eso es el pasado y este es el presente”. “Amo a mis padres y los perdono por todas las cosas que nos hicieron”, continuó.

Otro de los testimonios de las víctimas, identificada como Joy y leída por un abogado, consideró que la sentencia “era muy larga” y pidió al juez que les permitiera ver a sus padres. “Creo con todo mi corazón que nuestros padres trataron de hacer lo mejor en criarnos a nosotros 13, que querían darnos una buena vida”, dijo recordando sus paseos a Disneylandia y al Gran Cañón.

Los 13 hijos aparentan tener menos edad de la que tienen. La mayor de los hermanos, una mujer de 29 años, apenas superaba los 41 kilos. Su hermana, Jordan, la que pudo fugarse para denunciar lo que estaba ocurriendo, parecía de 10 años -según la policía- cuando en realidad tenía 17. Este jueves se reveló el audio de la llamada al 911 que hizo la chica: su voz parecía de una niña pequeña.

Todos vivían encerrados. El único con un régimen ligeramente distinto era uno de los mayores, al que le permitían salir de casa para asistir a clases universitarias, aunque siempre acompañado por su madre. Esta lo esperaba hasta que terminase y lo acompañaba de vuelta a casa.

El fiscal Hestrin explicó que en la casa hallaron juguetes sin abrir a los que no tenían acceso los niños, y que pese a estar muertos de hambre, los padres llevaban a casa tortas que ponían sobre la mesa de la cocina y no se las dejaban tocar a los pequeños.

Las autoridades señalaron que la casa de los Turpin apestaba. Había restos de orina en las cuatro habitaciones. A los niños no les dejaban ir al baño cuando estaban castigados, que era a menudo, y tampoco mojarse más allá de las muñecas cuando les permitían lavarse las manos. De no cumplir con las medidas de , los Turpin castigaban a sus hijos con golpes y hasta “estrangulamiento”.
Otro hecho que llamó la atención es el que sucedió en 2016, cuando la madre descubrió que una de las niñas había estado viendo un video de Justin Bieber y por eso, como castigo, comenzó a estrangularla hasta casi desvanecerla “¿Querés morir?”, le gritó.

Cuando se terminó la “esclavitud” de los 13 hijos, fueron rescatados y atendidos en un hospital, donde se descubrió que ninguno de ellos había visto a un médico en cuatro años y jamás habían estado en un dentista. Los informes aseguraron que “algunos están mentalmente impedidos por el maltrato prolongado y que carecen de las nociones más básicas en muchos aspectos”.

No tenían la menor idea de qué era el mundo exterior. Nada de televisión ni videojuegos, ninguna bicicleta para andar como cualquier otro chico de su vecindario. Ni siquiera sabían que es un medicamento.

En el juicio, Louise pidió perdón por todo el daño que había hecho a sus hijos. “Los quiero más de los que jamás imaginarán”, dijo. David tuvo que ceder el discurso a su abogada, ahogado en llanto. “Quiero a mis hijos y ellos me quieren a mí”. Dentro de 25 años, los Turpin podrían pedir la libertad condicional.

 



Quizás tambien le interese...

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE