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Su marido le pegó un tiro, lo condenaron, pero no fue ni un día preso: ella podría perder una pierna

Su marido le pegó un tiro, lo condenaron, pero no fue ni un día preso: ella podría perder una pierna

Esteban Piccinin fue sentenciado a 5 años y 6 meses de cárcel, pero ahora la Corte debe resolver el caso de Romina. «Superé todo esto para que él siga caminando libre», dijo.

Una condena sin un solo día de prisión. Esa fue la suerte del expiloto de TC Esteban Piccinin, quien en 2014 fue sentenciado a 5 años y 6 meses de cárcel por el brutal ataque contra quien era su esposa, Romina Meneghini, pero al día de hoy sigue libre. «El miedo es latente», dice la víctima, a la espera de que la Corte Suprema resuelva y le traiga, por fin, justicia.

Después de tres años de matrimonio y un mes de estar separados, Piccinin le pegó un tiro con una escopeta. Romina estuvo en coma, pasó un año internada durante el cual sufrió dos infartos y fue sometida a 57 cirugías. Todavía es posible que tengan que amputarle la pierna. No se murió, pero su vida no volvió a ser la misma.

Su marido le pegó un tiro, lo condenaron, pero no fue ni un día preso: ella podría perder una pierna

Aunque ya existía entonces la figura de femicidio, la causa por lo que a ella le ocurrió fue caratulada como «lesiones graves agravadas por el vínculo y tenencia de arma de guerra». «Sobreviví a todo para que él pueda seguir caminando libre», se lamenta Romina. Paradójicamente, Piccinin trabaja en la clínica donde estuvo internada por lo que además tuvo que pelear para conseguir una restricción perimetral. «Fue un año de terror», afirmó. «Vivía gritando de dolor».

«Los tres años que estuve casada con él estuve presa», recuerda ahora Romina. Celos enfermizos, amenazas, episodios de violencia que eran cada vez más frecuentes hasta que ella quiso ponerle un punto final y decidió separarse. «Primero te mato a vos y después me pego un tiro», solía advertirle Piccinin. Pero la noche del 15 de octubre de 2013 solo le disparó a ella.

Después de la separación, él se quedó con la casa de Morón, que habían compartido porque era de sus padres. Esa noche ella volvió para buscar sus cosas, como habían pactado, y le brindó la ocasión para cumplir con su amenaza. «Lo tenía planeado», sostuvo Romina. Después precisó: «Me citó, me encerró en el garage, fue a buscar el arma, la cargó, volvió y me disparó». El tiro le destruyó la pierna. Se la abrió en dos y le dejó un agujero de 17 centímetros.

Hace poco, después de más de cinco años, pudo empezar a trabajar nuevamente y empezó a cobrar una pensión por discapacidad. «No solamente me arruinó la salud», manifestó en referencia al desgaste psicológico que arrastra desde que abrió los ojos en la clínica, tras varios días de estar en coma. Le esperaba aún todo un año por delante de internación y el miedo permanente de volver a verlo, a él o a alguien de su familia.

«No venía él directamente pero al principio mandaba gente a amenazarme», contó. Por ese motivo mantuvo en silencio durante mucho tiempo su infierno. Después empezó la rehabilitación, las decenas de cirugías y en medio de todo su necesidad de probar que lo que le había pasado no había sido un accidente. Llegó el juicio, pero no recuperó la paz. «Al juez no le interesó escucharme, tampoco citaron nunca a declarar a los vecinos», cuestionó.

La condena dejó sabor a poco y la falta de cumplimiento efectivo de la misma una gran impotencia. Las instancias judiciales se agotaron y ahora, representada por la abogada Raquel Hermida, especialista en casos de violencia de género, esperan que la Corte Suprema resuelva sobre el pedido de queja presentado por Piccinin y que, por fin, cumpla su condena.

 

 

(TN)

laura.barrios6@gmail.com-

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