8M: el karate do y la mujer

8M: el karate do y la mujer

En el marco de su programa de difusión y promoción, la Federación Misionera de Karate, entidad madre de este legendario arte marcial en la Provincia de Misiones, en coincidencia con la celebración del “Día Internacional de la Mujer”  aborda este tema buscando eliminar el gran mito existente de que la mujer es el sexo débil y las artes marciales no deberían ser practicadas por las mismas, algo que se debe a la mala información que tienen distintos  Medios de Comunicación  masiva respecto a esta cultura oriental.

 

Karate Do, significa «camino de la mano vacía» un arte marcial tradicional del Japón que  se caracteriza por el empleo solo del propio cuerpo sin la utilización de otro elemento para la defensa.

 

En el Karate Do  se coordina la fuerza, la respiración, el equilibrio y la postura, el correcto giro de cadera y la conexión conjunta de músculos y extremidades, trasladando gran parte del peso corporal y del centro de gravedad al impacto.

 

Desde el origen de las más antiguas artes marciales, las mujeres han formado parte de la evolución y difusión de las mismas, aunque siempre las Artes Marciales se han promocionado equivocadamente como “cosas de hombres”.

 

Hay muchos factores que influyen en las diferentes sociedades en el mundo, desde la cultura hasta la educación y hábitos que se transmiten de generación a generación. Esto no es diferente en las artes marciales, el hombre es el que va a la guerra, el que protege su hogar, defiende su familia, etc., pero a lo largo de la historia, las cosas fueron cambiando y de a poco las mujeres comenzaron a conquistar lugares en la sociedad merecidos pero postergados, no solamente por el machismo; sino por la falta de oportunidades.

 

El Karate-Do es una de las artes marciales más completas que se pueden practicar y que aporta al individuo mayores beneficios desde el punto de vista fisiológico u psicológico. En edades infantiles y juveniles la práctica del Karate es un complemento ideal para obtener un desarrollo psicomotor equilibrado, además de potenciar importantes aspectos de la personalidad clave para el bienestar en una sociedad como la actual, potencia la autoestima, la auto confianza, da seguridad y auto afirmación  incrementa la capacidad de afrontar el estrés, y mejora el funcionamiento y la organización cerebral.

 

Algunos estudios científicos muestran como personas ancianas que han practicado  a lo largo de su vida tienen los vasos sanguíneos más flexibles, mantienen al máximo la capacidad motriz y la articular. También tiene efectos en la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

 

El Karate Do es un agente terapéutico de primer orden, aumenta nuestras defensas potenciando el sistema inmunológico, incrementa los niveles de células T, responsables de defender al organismo de distintos virus y bacterias. Aumenta la capacidad respiratoria, incrementando la actividad del diafragma, el tórax y los pulmones. Potencia el corazón y previene los problemas cardiovasculares.

 

El Karate Do es un arte marcial  con grandes beneficios para todos, y el hecho de que una mujer lo practique no quiere decir que su feminidad se pierda o que sea una persona agresiva.

 

Las razones por la cuales una mujer practica serian buscar seguridad ante posibles agresores, mantenerse en una perfecta condición física mediante el entrenamiento diario del karate, pero lo que muchos no saben son las virtudes que las mujeres desarrollan al practicarlo, tales como el valor, la generosidad, además de un cuerpo sano y bello,  gracias y armonía en los movimientos, confianza en sí mismas ya sea en el trabajo, estudio, hogar, en la sociedad toda, algo fundamental en una personalidad sana.

 

El karate aporta al organismo múltiples ventajas que hacen de el algo más que una simple práctica física: es un Arte. Y no olvidemos que, como arte marcial que es, sus beneficios provienen de la sabiduría oriental y trascienden la frontera física para aterrizar sobre la emocional, lo espiritual.

 

La práctica del Karate Do entre las mujeres no es un fenómeno moderno. A pesar de mantenerse la tradicional posición de inferioridad social de la mujer con respecto al hombre en el Japón de principios del siglo XX, época de los inicios del Karate, muchos maestros se manifestaron a favor de que practicaran. “La práctica del Karate no discrimina entre hombres, mujeres, ancianos o niños. Fuertes o débiles, todos pueden practicar seleccionando las técnicas y formas apropiadas a su condición física”, señalaba el Maestro Chojun Miyagi (1936).

 

Se conoce algún caso de practicantes femeninas de alto nivel como Yonamine Chiru, que ya era una experimentada maestra cuando se casó con el maestro Sokon Matsumura (1800-1892). Otras mujeres, esposas de maestros, también aprendieron hasta cierto nivel.

 

El padre del Karate moderno, Gichin Funakoshi sensei (1868-1957) citaba “Mi mujer llegó a tener un profundo conocimiento el arte del Karate. Tenía un buen nivel y solía mediar entre disputas de borrachos. El éxito dependía enteramente de su poder de persuasión”.

 

“La defensa personal para mujeres, de alguna forma da la impresión de dureza y masculinidad, y ello, desafortunadamente tiende a crear malentendidos entre el público en general, que piensa que la práctica del karate puede llevar a  la mujer a la pérdida de su gracia natural, lo cual no es en absoluto cierto. Mente sana en cuerpo sano es un dicho aplicable no solo a los hombres, sino también a las mujeres.”

 

Funakoshi sensei, hacia los primeros años de la década de los 40, afirmaba que “El entrenamiento es también una excelente forma de ejercicio saludable y puede contribuir al cultivo de la belleza física general de aquellas mujeres que son propensas a llevar una vida sedentaria.”

 

Afortunadamente hoy en día, el considerar la práctica del Karate Do  como un factor de la pérdida de femineidad, es algo que se está superando día a día, al constatar que la correcta práctica, también en el hombre, debe refinar y no embrutecer tanto las actitudes como los comportamientos.

Hasta mediados de los años 20 en Japón no empezaron a existir clases exclusivamente para mujeres. En los años 30 con el auge del militarismo, las clases de Karate y de defensa personal en general, se promocionaron en diferentes ámbitos como el educativo y el laboral, lo que no indicaba que aún así estuviese bien visto.

 

En los años 50, tras la guerra, Funakoshi sensei afirmaba “que hay muchas más mujeres que practican Karate, lo que es bueno. Pero si las escolares que lo aprenden temen que se sepa públicamente, nosotros, los responsables de su difusión, debemos respetárselo y mantener de cara al exterior que el Karate es un arte que debe ser practicado solo por hombres. Sin embargo, aunque el público en general tienda a pensar mal de las mujeres que desean entrenar Karate, las propias mujeres encuentran este arte tan atractivo como lo hacen los hombres ”.

 

La consideración general de la inferioridad física de la mujer ante el hombre, también ha sido un argumento esgrimido por ambos sexos para justificar la idea de que la práctica del Karate, y de cualquier otro sistema de lucha, es poco útil para la autodefensa de la mujer.

 

Ante esto el  maestro Funakoshi apunta que  “El objetivo de las artes marciales ha sido siempre defenderse y no atacar a los demás, y en el caso de la defensa personal femenina, esto es especialmente cierto. Si la mujer, que es físicamente más delicada que el hombre, intenta contestar al ataque de un rufián con fuerza física, es casi imposible para ella salir airosa. A través del conocimiento de la defensa personal es posible escapar fácilmente del peligro; en cualquier caso, los principios de la defensa personal deberían siempre estar listos para su utilización en todo momento. La relativa debilidad de la mujer, al tratar de protegerse de un oponente más fuerte, debe verse técnicas rápidas y especialmente precisas al atacar a puntos vitales. Para conseguir esto es necesario practicar regularmente; de otra forma, en el momento del peligro real puede dudar o ponerse nerviosa y aumentar el peligro en vez de evitarlo. Se debería comenzar por practicar las formas y las técnicas básicas y con el tiempo, conforme va aumentando el nivel de habilidad, entrenarse en el combate, tratando de imaginar las situaciones más comunes con las que puede encontrarse la mujer, practicándolas con constancia, de forma que en el caso de una situación peligrosa pueda escapar sin perjuicio alguno. “

 

También está en hecho indiscutible de que una mujer con algún conocimiento del Karate puede defenderse contra un posible asaltante, incluso si se trata de alguien más fuerte. Al contrario, todo el que domina verdaderamente el arte del Karate se cuida de no aventurarse en lugares peligrosos o situaciones en las que él o ella pudieran verse forzados a utilizarlo. De la misma forma que un hombre que entrena este arte marcial no busca la pelea, una mujer tampoco se expondrá a situaciones en las que deba utilizar su destreza para dominar a un posible violador.

 

El secreto está en el entrenamiento, en la adquisición de las cualidades necesarias tanto para defenderse como para evitar el conflicto. La práctica continua genera confianza y determinación en nuestra acción; nos hace conscientes de nuestras limitaciones y debilidades, dándonos una oportunidad de superarlas o de compensarlas potenciando nuestras ventajas y fortalezas.

Por suerte, lentamente se van rompiendo muchos mitos que hay sobre la mujer en las artes marciales. Cada vez son más las damas que se animan a ponerse un karategui (traje de karate), a lucir con orgullo su graduación en el Dojo, y a caminar por la vida con una personalidad sana.

 

(C.P)



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