Análisis semanal: El temor al dólar marca el pulso de la economía

Análisis semanal: El temor al dólar marca el pulso de la economía

Como aquella historia del que se quemó con leche, el equipo económico de Macri ve subir al dólar y llora. Dujovne, Sandleris y compañía son consientes de que una nueva corrida cambiaria en el precario estado de la economía argentina provocaría una hecatombe que –entre otros efectos mucho más graves- sepultaría toda posibilidad de un segundo mandato de Cambiemos. Contener al dólar para evitar el descalabro financiero aunque ello implique profundizar la recesión es el único punto del poco ambicioso programa económico –bautizado por Carlos Melconian como el ‘plan picapiedras’ por su carácter rudimentario- que lleva adelante el Gobierno nacional.

 

Bajo el rigor de esa condición sine qua non, la tibia reacción que tuvo el dólar luego de varios meses de tranquilidad puso en stand by la homeopática agenda orientada a provocar algo parecido a una reactivación de la economía que venía insinuando el Gobierno nacional. El Central abortó el proceso de reducción de tasas mucho antes de que estas descendieran a un nivel que pudiera considerarse razonable y volvió a poner la aspiradora de pesos a máxima potencia. En el camino quedaron las expectativas de que el consumo tomara algo de impulso en algún punto del primer trimestre del año.

 

Las luces de alerta brillaron con fuerza en los tableros de comando del presidente del Central  Guido Sandleris que entonces salió a apagarlas con una licitación de Leliqs por 183.975 millones de pesos (4.000 millones más del monto indicativo que había anunciado al iniciar el día) y levantó 3 puntos porcentuales la tasa de referencia en lo que representó la mayor suba diaria desde octubre.

 

Gracias a ese ajuste en el torniquete monetario, el dólar bajó 35 centavos el viernes y así cerró la semana con un alza de 65 centavos respecto al cierre del viernes anterior. Así se contuvo la hemorragia financiera pero se profundizó la herida abierta en la castigada economía real, que necesita tasas más bajas para empezar a pensar en una reactivación.

 

La ausencia en el programa económico nacional de componentes orientados al crecimiento de la economía ya no solamente es cuestionada desde la oposición sino también por economistas  afines al Gobierno, como Carlos Melconian –miembro fundador del PRO- quien en un paper dirigido al presidente y en varias entrevistas radiales remarcó la falta de un plan macroeconómico que se proponga objetivos más ambiciosos que evitar que todo explote antes de las elecciones de octubre.

 

El economista advirtió que con este plan no puede esperar se una reducción significativa de la inflación, que el crecimiento de las exportaciones del campo no se traducirían en una mejora palpable en las calles y que la economía va a tener un “recorrido mediocre” durante el año. Un panorama muy distinto al crecimiento en forma de “V” pronosticado por Dujovne en el memorando firmado con el FMI.

Precios descuidados

 

En lo referente a precios, la estadística más reciente confirma las predicciones de Melconian. Según un relevamiento realizado por la consultora Elypsis –fundada por dos exfuncionarios de Macri- durante la segunda semana de febrero, la inflación continúa su camino ascendente y ya superó la barrera de 50% anual, impulsada principalmente por aumentos en alimentos y en tarifas. Según esta consultora, la inflación de febrero sería de 3,5%, medio punto por encima de la registrada por el INDEC en enero.

 

El hecho de que el alza de precios sea liderada por los alimentos se traduce en un incremento de la canasta básica –la inflación de los pobres- superior al IPC. Según el INDEC, la canasta básica total se incrementó en enero 3,7% respecto a diciembre y 55,8% interanual, este último dato supera por más de seis puntos a la inflación para el mismo período.

 

Que la canasta básica aumente más que la inflación profundiza el impacto social de la suba de precios, ya que los pobres se ven obligados a destinar la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos.

Industria en alerta

 

La industria sigue arrojando datos horribles. Según la Unión Industrial Argentina (UIA) la actividad en ese sector cayó 3,4% en diciembre respecto al mes anterior y 10,7% interanual.

 

En el informe se detalla que tras mostrar un primer trimestre de 2018 favorable, con un crecimiento de 3,8%, a “partir del segundo trimestre comenzó a registrar un retroceso que fue profundizándose a lo largo del año, como consecuencia de las tensiones financieras y cambiarias”.

 

La caída comenzó en el segundo trimestre, cuando  la actividad se contrajo 2,4% y se profundizó el resto del año con números rojos de 5,4% y 8,4% en el tercer y cuarto trimestre respectivamente.

 

 El parate se tradujo en la pérdida de casi 62 mil empleos registrados en el sector industrial durante 2018.

Superávit por recesión

 

La balanza comercial siguió dándole oxigeno a las finanzas del país en enero. Por quinto mes consecutivo cerró con superávit según datos del INDEC. Sin embargo dicho superávit no se alcanzó gracias a un aumento en las exportaciones, que de hecho bajaron 4,7% interanual, sino por una abrupta caída de 26,5% en las importaciones.

 

Con la industria y el consumo interno en franco retroceso, las importaciones tanto de productos terminados, cuanto de maquinaria y de insumos se contrajo de tal manera que el balance cerró con superávit a pesar de que las exportaciones también se redujeron. Como consecuencia de ello, el intercambio comercial –es decir la inserción comercial del país en el mundo- se redujo 16,6%.

 

 

 

Por el lado de las exportaciones se observa un incremento en el grado de primarización. Las ventas al exterior de productos primarios aumentaron 12,6% mientras que las de manufacturas de origen industrial –con mayor valor agregado- se desplomaron 24,3%.

 

Por el lado de las importaciones, la caída más pronunciada se observa en los bienes de capital y piezas y accesorios para bienes de capital que se redujeron 41% y 21% respectivamente, en consonancia con el proceso de desmantelamiento de la industria cuyo uso de la capacidad instalada se contrajo en niveles record.

Ajuste para pagar la deuda

 

Otro dato festejado por el equipo económico nacional fue el superávit primario de 16.658 millones de pesos registrado en enero, pero cuando se agrega a la ecuación el pago de los intereses de la deuda, se obtiene un déficit financiero de más de 60.000 millones, 132% más que en igual mes del año pasado.

 

Esto quiere decir que todo lo que el Gobierno nacional ahorra cuando elimina subsidios y aumenta impuestos y que para los argentinos se traduce en aumento de tarifas, inflación y pérdida del poder adquisitivo del salario, no alcanza para cubrir los pagos de la deuda tomada por el Gobierno nacional para financiar la triste aventura gradualista y luego para evitar que el fracaso de ese plan derivara en un colapso total de la economía.

 

El crecimiento de la deuda pública es otro de los datos negativos que dejó 2018. Según recientes datos del Monitor de Deuda Global del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) Argentina fue el país que registró el mayor ritmo de endeudamiento en todo el mundo en 2018. De acuerdo a esta fuente, el país tuvo un incremento interanual de 23,2 puntos porcentuales en la relación deuda/PBI entre los terceros trimestres de 2017 y 2018 al pasar del 55,9% al 79,1%. Así, cuadruplicó el crecimiento de la deuda de Brasil, el segundo en la lista con 5,7 puntos.

El radicalismo pide pista

 

A la luz de las dificultades que está encontrando el Gobierno nacional para encaminar a la economía y del deterioro que ello conlleva a la imagen pública del presidente, son cada vez más los radicales que entienden que ya es tiempo de dejar de ser partenaires del PRO y piden definir el candidato a presidente de Cambiemos en una interna.

 

El último fue el intendente de Córdoba y aspirante a gobernador de esa provincia, Ramón Mestre, quien consideró que la coalición Cambiemos debería ofrecer una alternativa electoral distinta al presidente Macri. En el mismo sentido se había pronunciado poco antes Ernesto Sanz, socio fundador de Cambiemos, quien manifestó que “es importante que se amplíe la oferta dentro del electorado”. “Puede que los votantes desencantados encuentren una vía de expresión” en la interna de Cambiemos.

 

 

El diputado Martín Lousteau, señalado para ocupar ese lugar, también se mostró a favor de la disputa interna, idea que ya había sido lanzada la semana pasada por el presidente del Comité Nacional y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo.

 

Ni el presidente ni los principales referentes del PRO quieren escuchar hablar de internas. Aseguran que no temen perder frente al radicalismo, pero sí les preocupa el efecto desgaste que podría generar una disputa interna en una fuerza política que está lejos de tener asegurado el triunfo en las elecciones de octubre.

 

Por el lado de la oposición, todavía predomina la ley del tanteo. Los únicos precandidatos que ya se lanzaron a la carrera son Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa. Mientras el primero se mantiene firme en su idea de concentrar al peronismo no K, el segundo sigue escondiendo sus cartas cual tahúr decidido a no revelar su estrategia hasta saber -o al menos presumir- cómo jugarán los demás.

 

La última movida del tigrense fue una prolongada reunión con Roberto Lavagna, otro de los que juega al misterio. Con el acercamiento al exministro de economía, Massa busca seducir a radicales disconformes –Lavagna sabe de alianzas con la UCR- y el socialismo, que así se sumarían al  Peronismo Federal con la idea de dar forma a una suerte de Pacto de la Moncloa vernáculo que siente las bases para superar la grieta política y sacar a la economía de la espiral recesiva en la que está inmersa.

 

Claro que también es posible que más que reeditar el Pacto de la Moncloa, el principal interés de Massa sea sumar la mayor cantidad de aliados posible para acrecentar sus probabilidades de hacerse con la presidencia.

La hora de las candidaturas

 

A poco más de tres meses de las elecciones provinciales, en Misiones ya no queda mucho tiempo para el misterio y se empiezan a definir las candidaturas. El primer partido en presentar formalmente a su precandidato fue el PAyS que tendrá en la cabeza de sus boletas la foto del diputado provincial Isaac Lenguaza. Desde ese espacio coquetean con la posibilidad de una alianza con el kirchnerismo y a la espera de que ello se produzca, reservan la candidatura a la vicegobernación para la diputada nacional Cristina Brítez, quien a su vez asegura que hará lo que mande su conductora, Cristina Kirchner.

 

Por el lado de Cambiemos, no es secreto para nadie que el candidato a gobernador será el senador Humberto Schiavoni, que gane o pierda tiene cargo asegurado hasta 2023. Para que la Mesa Provincial de Cambiemos se reúna y anuncie la fórmula solo resta que los radicales definan a quien le tocará el caramelo de madera de la candidatura a vicegobernador.

 

Entre los principales dirigentes radicales no hay mucho entusiasmo por ocupar ese espacio dado que a la luz de las encuestas y de la caída de la imagen del Gobierno nacional, un lugar de privilegio en la lista de diputados provinciales o nacionales ofrecen posibilidades más concretas que la candidatura a una vicegobernación que se presume lejana.

La campaña será la gestión

 

Para la renovación el reloj electoral corre a una velocidad distinta. Si para la oposición el tiempo de campaña resulta fundamental para definir alianzas y presentar una propuesta a la sociedad, para un oficialismo que muestra cohesión interna y que propone la continuidad de las principales líneas de gobierno, el proselitismo tiene mucho menos relevancia que la gestión. Los misioneros podrán creer o no en los discursos de campaña de la oposición, pero a la renovación no la juzgarán por los discursos de sus dirigentes, sino por la gestión del gobierno que encabeza Hugo Passalacqua.

 

De allí que aunque sea un secreto a voces que el candidato será el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad, no hay mucho apuro en salir a anunciarlo públicamente. En lo que sí hay mucha atención es en reforzar la gestión y orientarla hacia un objetivo preponderante: amortiguar el impacto de la crisis nacional en los misioneros.

 

En ese sentido fueron decisiones de alto impacto social, pero también de alto costo presupuestario como la aplicación de una tarifa social provincial de energía que aminore el golpe al bolsillo que significó la eliminación de la tarifa social nacional y el traslado en cuotas de los próximos aumentos de la luz previstos por la Nación como continuidad de la política de “sinceramiento de tarifas”.

 

Otro de los hitos de esa política contracíclica fue el programa “Ahora Misiones”, el único del país que ofrece la posibilidad de comprar en 12 cuotas sin interés y con reintegros de hasta 15%. Cumpliendo con un pedido de los consumidores y del empresariado, Passalacqua anunció que el mencionado programa que ofrece financiamiento sumará un día más a la semana a partir de marzo y se extenderá hasta el 30 de junio.

 

 

 

La posibilidad que tiene el Gobierno de Misiones de aplicar este tipo de medidas de incentivo al consumo en medio de una profunda recesión o de mitigación del impacto social que genera el severo ajuste que está llevando adelante el Gobierno nacional, encuentra dos razones fundamentales. La primera tiene que ver con una concepción de la política que entiende que el Estado debe intervenir para corregir las desigualdades que genera el mercado y la segunda tiene que ver con la disponibilidad de recursos para hacerlo.

 

Primero hay que tener la voluntad de ayudar y después hay que tener con qué hacerlo. Si la Provincia tiene con qué a pesar de una distribución federal de recursos históricamente centralista e históricamente desfavorable para Misiones, es gracias a un manejo muy atildado y responsable de las cuentas públicas.

 

“La gente se identifica y acepta la propuesta del misionerismo porque lo ve como reflejo de sus propias necesidades e intereses. Esa fue la visión que tuvo la orientación política, que supo proteger a los misioneros de los arrebatos de la política nacional”, resumieron fuentes cercanas a la Casa de Gobierno.

 

Esa combinación de visión política y gestión eficiente permitió a Misiones distinguirse del contexto nacional en varios aspectos. Cuando la Nación y la mayoría de las administraciones provinciales recortan sus presupuestos en ciencia y técnica, Misiones inauguró un observatorio astronómico de nivel internacional; mientras la lluvia de inversiones prometida en el país todavía no empezó ni a gotear, el turismo en Iguazú recibe inversiones récord como la de la cadena Meliá y se apresta para recibir por primera vez vuelos directos desde Europa; mientras la industria nacional se desploma, en el Parque Industrial Posadas se inaugurará en poco tiempo una moderna fábrica de viviendas de madera y el puerto.

 

En lo que respecta a políticas de conservación, Misiones buscará dar reconocimiento a sus recursos ambientales al postular como maravilla natural de la Argentina a su principal y más importante atractivo, la #SelvaMisionera, una de las ecorregiones subtropicales más biodiversas del planeta.

 

De cara a un año con pronóstico económico reservado, resta por saber si el Gobierno nacional podrá en algún momento aspirar a algo más que simplemente contener al dólar a cualquier precio y cuánto más podrá hacer el Gobierno provincial para amortiguar el golpe.

 



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