Siempre se puede estar peor

Siempre se puede estar peor

Las sucesivas respuestas de esa entelequia llamada “mercado” a los últimos mensajes provenientes del Gobierno nacional en la voz del propio presidente Mauricio Macri, aunque con evidente letra ajena, y hasta del mismo hoy devaluado como el peso argentino, ministro actualmente de Economía, Nicolás Dujovne ha sido una contundente tomada de pelo o como dirían en el barrio se le cantaron de risa en la cara.

Esos mensajes dirigidos al mundo de las finanzas, no de la producción, tuvieron la única respuesta que podría esperarse de un sector que solo busca rentabilidad y poco les interesan (aunque sí los intereses) las buenas intenciones y/o supuestas angustias y presuntas preocupaciones de un presidente de un país emergente del sur de América.

Como una escena que se repite sin solución de continuidad, la que pasó y la que discurre se ven como otras semanas de corridas cambiarias, caída de los indicadores de la economía, continua depreciación de la moneda argentina, inusitadas tasas de interés de referencia marcadas por un Banco Central que no puede controlar el Mercado Único Libre de Cambio (MULC) aunque venda millones de dólares diarios para intentar, sin éxito, contener la constante devaluación o como les gusta llamar a la mayoría de los comunicadores la suba del dólar.

A estas caídas de los indicadores de la economía real y subida de los valores dólar-tasas hay que agregarles la del denominado índice de Riesgo País que marca los temores de los “mercados” de que el país no pueda pagar los vencimiento de deuda y sus intereses, como una especie de “Veraz” de los países.

Luego de que el presidente Macri dijera en una de sus alocuciones de la semana anterior que los últimos fueron los peores cinco meses de su vida, convendría que sus asesores le acercaran (y le expliquen su significado) aquella sentencia de reza algo así como, “si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”, aunque no hay que descartar que esta corrida del dólar o devaluación responda a una intencionalidad de tener un tipo de cambio alto, culpando a otros, para quien sabe que ocultas intenciones porque en este marco de incertidumbre y con los costos internos en alza (dolarizados) ni los exportadores ganan.

En este escenario, tuvo que viajar a Washington, ahora como ministro de Economía, el ex de Hacienda Nicolás Dujovne, a renegociar una vez más (ya lo hicieron un par de veces en menos de cinco meses) el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para tranquilizar a los “mercados”.

También con la misma intención el presidente Macri, se comunicó con su par y amigo(¿?) Estadounidense, Donald Trump, quien como la directora gerente del FMI, Christine Lagard, le dio todo su apoyo, cosa que a los “mercados” les importó un pimiento y corrieron a la caza del dólar, que como el pimiento también es verde.

Desde Washington, Dujovne dijo este martes después de juntarse con el directorio del FMI y sin ponerse colorado, “Hay que tener paciencia porque llevará tiempo hasta que se aprecie el nuevo escenario en los indicadores financieros”, que es como decir nos seguirán bardeando un poco más. Como una muestra más del sinsentido, baste recordar las declaraciones del ex presidente del Banco Central, Federico Stutzenegger cuando se refería cada semana al tipo de cambio y el índice de inflación.

Como si esto fuera poco, en el marco de la Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina (UIA), sector castigado si los hay, el lunes debieron bancarse (quién la habrá invitado) el histrionismo burdo de la diputada Elisa Carrió, derramando una catarata de sandeces a los empresarios e industriales, acodada groseramente en el atril y llamándoles “chicos”, (fue por demás elocuente detrás de la disertante el gesto de estupor del presidente de la CAME el misionero Gerardo Díaz Beltrán).

El martes, ante la expectativa de los industriales y medios de comunicación en general fue el presidente Macri quien en su alocución volvió a sostener la metáfora meteorológica y volvió a comprometerse con la nada misma, “Tengo claro cual es el camino para salir de esta tormenta y estabilizar la economía” , aunque como siempre no dijo como y uno de los integrantes de la UIA Juan Manuel Urtubey (hermano del gobernador de Salta), en un programa de televisión dijo que preferiría que el Gobierno actuara en “modo producción y no en modo financiero”.

Mientras los canales porteños se pasaron todo el fin de semana con sus cámaras en los portones de la quinta presidencial de Olivos con el febril ir y venir de funcionarios de todo calibre y rumores de cambios en el gabinete –cualquier parecido con el 2001 es pura coincidencia- las petroleras aumentaban el precio de los combustibles con las repercusiones que eso conlleva.

Como si esto fuera poco, esta suba del precio de los combustibles, además de empujar hacia arriba los costos de logística, viene acompañada de la quita de subsidios para el transporte de pasajeros que impactará directamente en el costo del boleto y/o pasaje y por ende del bolsillo de todos y todas.

Desde el Gobierno nacional, y de acuerdo a algunos episodios por ahora aislados, se evalúan posibles “saqueos” a supermercados para diciembre o quizá antes por la insostenible situación social.

Lo llamativo es que no se utiliza la palabra “saqueo” para definir a quienes se llevan los dólares que a diario entrega el Banco Central al ávido e insaciable “mercado” que cambia sus posiciones en pesos por el dólar billete para llevarlo a otras latitudes más seguras.

Estas operaciones son las que hacen que suba el índice de Riesgo País, el valor del dólar y continúe el tembladeral financiero que sacude al país durante las cuatro horas de funcionamiento de los “mercados” o el MULC de 10:00 a 16:00 mientras que quien pretende laburar y ganar guita trabajando lo hace de 08:00 a 12:00 y de 16:00 a 20:00 o en horario corrido pero al menos 8 horas al día y logra magros ingresos a fin de mes, ese fin de mes cada día más inalcanzable.

Emilio Juri – Periodista MOL



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