Familiares del joven asesinado en el barrio A.3-2 y del preso que murió quemado en Loreto se movilizaron en en el marco de la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil

Familiares del joven asesinado en el barrio A.3-2 y del preso que murió quemado en Loreto se movilizaron en en el marco de la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil

Dos familias posadeñas que perdieron seres queridos en hechos criminales que tienen como sospechosos a integrantes de fuerzas de seguridad se sumaron el lunes a las personas que en el país se movilizaron en el marco de la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil, una actividad que se replicó en numerosas ciudades del país, con el objetivo de denunciar la violencia institucional ejercida por las Fuerzas de Seguridad, y que según las estadísticas de la Coordinadora Contra la Represión Policial (CORREPI), se cobra en Argentina la vida de una persona cada 23 horas.
María Francisca Amarilla, madre del joven Alejandro “Nano” Amarilla (33), muerto tras un operativo policial, el 1 de julio pasado, en el barrio A 3-2 de Posadas, relató que su hijo estaba amenazado por la policía. “Lo mataron a tiros en el barrio. Queremos que se haga justicia y que dejen de matar a los pibes pobres en los barrios. Le pido al juez que tenga valor y mueva el expediente para que esos policías sean condenados”, manifestó la mujer con lágrimas en los ojos.
Por ese hecho, hay un sargento de la fuerza, Esteban Soley, con prisión preventiva. Y un oficial, David Villalba, imputado, pero excarcelado.
También se movilizó Gladys Rivas, la madre de Pedro Andrés Cáceres (26), un joven que este 27 de agosto debió haber salido en libertad; pero que en enero de este año falleció en una celda de aislamiento de la Unidad Penal de Loreto, donde se produjo un incendio.
“Mi hijo hoy tenía que haber salido y estar conmigo en mi casa, pero hace siete meses lo mató el Servicio Penitenciario. Lo único que pido es Justicia. Los penitenciarios que asesinaron a mi hijo, y nos quieren hacer creer que él provocó un incendio en su celda, están libres y trabajando. Y el caso de Pedro no fue ni el primero ni el último en esa cárcel. El juez y la fiscal de la causa saben que a mi hijo lo mataron, porque él fue testigo de que en esa cárcel mataron a otro detenido y mi hijo vio cuando sacaban el cuerpo. Por eso lo mataron, para que no hable”, aseveró la angustiada madre.



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