Hay futuro

Hay futuro

En estos días de gran convulsión económica, donde todo depende de la actividad financiera, y pareciera que no hay alternativas que mitiguen la pobreza, es imperioso agudizar el ingenio y tratar de reflejarlo en hechos concretos. Basta de emprender obras que en la realidad no solucionan el problema del hambre y la escases de alimento. Para ello, debemos emprender proyectos que en otros países han funcionado y que deberíamos imitar. Me estoy refiriendo a los kibutz o granjas agrícolas que aun siguen funcionando en Israel.

El kibutz funcionaba como una red de apoyo mutuo y seguridad para los inmigrantes recién llegados. Repartía trabajo, un hogar, ropa, alimento, ofrecía seguridad y permitía integrarse fácilmente al nuevo territorio, evitando así la precariedad habitual en la que se encuentran los individuos migrantes, y especialmente en un territorio hostil, con presencia de enfermedades y con un clima y geografía tan particulares. La población de los kibutz representó en el mejor de los momentos un 7,5% de la población total de Israel. Aun siendo una parte tan pequeña de la sociedad judía, sus aportaciones eran fundamentales. En el terreno de la agricultura, su producción representaba un tercio de la producción total, y sus aportaciones fueron centrales en la modernización de la agricultura y la introducción de nuevos cultivos. Los kibutz nacieron en como una propuesta del sionismo socialista, y su nombre es en sí mismo una definición, ya que la palabra hebrea se traduce como “agrupación”. Los kibutz son simplemente una comunidad agrícola, y aquí podrían tomar cualquier otro nombre. Los kibutz fueron esenciales para la creación del Estado de Israel. En los primeros años los kibutz cumplieron un papel central en el desarrollo de la economía del país, produciendo una parte importante de las exportaciones del mismo. En línea con los principios establecidos por su principales ideólogos originarios, leemos en una hoja publicitaria como los kibutz representan la concreción de tales fundamentos, materializándose en una organización que tiene por base “un poblado rural multigeneracional, caracterizado por la vida en comunidad, por su administración democrática, responsabilidad por el bienestar de cada uno de sus miembros, niños y adultos, por la salud y la educación, y por la copropiedad”. Dicho todo esto, debemos ver que nuestra realidad dista mucho de aquella que dio origen a este sistema. Nosotros somos un país con grandes extensiones de tierras y casi no poblado. No tenemos conflicto con países limítrofes, nuestro clima es amigable, nuestra tierra casi no precisa ser enriquecida y por sobre todo tenemos agua y en abundancia. Es posible desperdiciar esta riqueza que tenemos al alcance de nuestras manos? Considero que sin esfuerzo no alcanzaremos nuestro futuro, y este depende de nosotros y de ningún iluminado mesiánico, debe primar el sentido común y la solidaridad. Basta de pregonar estos principios, es hora de ponerlos en práctica, y para ello debemos contar con una decisión política para emprender este proyecto. En el país de los alimentos es un pecado que la gente este desnutrida y solo se crea que con ayuda social se sale de esta situación. La biblia dice que te ganaras el pan con el sudor de tu frente, pues bien si somos creyentes, es hora que apliquemos ese dogma y con el todo lo relacionado con el amar  a tu prójimo como a ti mismo. Esto lo venimos leyendo hace dos mil años, pues bien es necesario ponerlo en práctica, de otra manera no seremos buenos cristianos. Lo dicho en la biblia, no solo es para recitarlo en la iglesia o en algún templo, es una forma de vida, y si nos consideramos hijos de Dios debemos seguir sus mandamientos.

 

*Ramón Grinhauz. Abogado penalista



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