Cuidados Paliativos: ¿Estamos construyendo hoy los vínculos familiares que quisiéramos vivir en el mañana?

Hace unos días nos juntamos con dos amigas a tomar un café. Una de ellas acaba de perder su papá y nos fue contando como fueron los últimos días. Su mamá vive, y son cuatro hermanos. Ella vive en Buenos Aires y sus padres con algunos de los hermanos en el interior del país. Cuando ya se venía el final de vida de su padre,  decidió viajar para acompañarlo. Sintió ausencia por parte de los  hermanos, de hecho en el momento que su padre dejo esta vida estaba ella y la cuidadora solamente sabiendo todos que quedaban días y horas. Cuenta lo fuerte que fue mirar a su papá y estar sola cuando podría estar con algún otro hermano. Entre soledades, lágrimas mientras nos contaba lo sucedido y lo sentido por ella, nos mira y nos dice: “Una familia que no cuidó, es una familia que no cuida”. Ahí mismo agarré mi libretita que llevo en mi cartera y anoté la frase para recordarla.

Y acá la traigo, también con otro pensamiento que nos dejó mi otra amiga: por algo la muerte es un tabú. Y yo una de las cosas que tengo presente y de hecho compartí en algunas de las notas que fui escribiendo en estos meses es que nos cuesta hablar de la muerte. Porque nos cuesta pensar en la enfermedad, en el deterioro, en el paso del tiempo, en el que será luego de dejar esta vida, que habrá,  como será y también nos cuesta entregar nuestros seres queridos, quedarnos solos, extrañarlos, como va a ser nuestra vida sin ellos. Y tantas cosas más…..

Y me vuelve las palabras: la muerte es un tabú. Ahí estuvimos profundizando las tres ¿que serían estas palabras? Muchas cosas serían, y para cada uno de ustedes podrían ser otras cosas de las que voy a compartir ahora. Me viene la frase: “Como se pelean por la plata!” “No me voy a pelear por plata con mis hermanos” y juzgamos a quienes les pasa esto. Cuando hay bienes, hay intereses propios que son defendidos y muchas veces causan peleas, discusiones, enojos. Porque creo, que en esos bienes en realidad hay actitudes, vivencias que se ponen en juego. Sobre todo cuando se trata del cuidado en el final de la vida de los padres y  su muerte, volvemos a tener cinco, diez, quince años donde cada hermano vivió algo diferente desde su lugar, el mayor, el del medio, el menor. Porque haber sido hermano mayor, o del medio o el menor más allá que nacimos del mismo padre y madre vivimos cosas muy diferentes. Decimos “yo no parezco de esta familia, me siento tan diferente a todos….”

Y al momento de cuidar por ejemplo: “y bueno, que vaya mi hermana que tan malcriada fue y le dieron todo, ahora que se ocupe ella de todo esto”, o se le designa el rol de cuidador o cuidadora principal al hermano o hermana soltera porque los demás tenemos hijos y no podemos ocuparnos.

Y así comienzan los conflictos. Me pregunto: ¿Comienzan los conflictos? Diría que los conflictos ya estuvieron presentes y en este momento se ven con mayor claridad mientras un padre o una madre está por partir o ya han partido. Y pareciera en muchos casos que esos hijos adultos viven un retroceso a la infancia donde traen actitudes de niños, carencias que alguno pudo tener, roles muy definidos, estáticos. Muchas veces en el hospital vemos familias muy unidas, con mucha presencia y acuerdos muy fuertes y lindos. Y también pacientes donde sabemos que tiene dos o tres hijos y no los vemos aparecer. Y ahí está muchas veces nuestro dedo acusador: Que barbaridad no es capaz de venir a ver a su papá!!!

Qué sabemos de la vida de esta familia. Muy poco. Existen historias y los famosos secretos de familia que no los conocemos. Y pensamos: pero se está muriendo su papá, se va a arrepentir si no viene, tiene que venir. Puede ser que ese hijo no recibió mucho cuidado, no se sintió querido por  su papá, ni interés. Y entonces responde con su ausencia.

En este momento estoy acompañando a Mónica, una mujer de 87 años que su marido luego de compartir la vida de casados durante 60 años está partiendo. “Estoy triste”, manifiesta lógicamente. En nuestros primeros encuentros, ella manifestaba como iba a hacer sin su marido. La última vez que estuvimos juntas pudo abrirse a contarme que en realidad no tiene buen vínculo con su hija. Ella vive con ellos actualmente. Y la preocupación de  Mónica no es solamente que en breve va a perder su marido sino como va a poder vivir sin su marido y con su hija que no se llevan bien. Hay historias antiguas no resueltas y que hoy salen a la luz. Cuantas veces en las familias cuando hay conflictos, o cosas dolorosas las barremos y las escondemos debajo de la alfombra. O también minimizamos o negamos o pensamos que nunca van a perjudicarnos. En este acompañamiento vamos a trabajar juntas con su hija, gran desafío. Se suma a la situación familiar que está viviendo, la pérdida de un marido y  tener que resolver historias pasadas. Y me vuelve una vez más la el dicho: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Y es que en el momento que consideramos más misterioso, más difícil que es ver partir a este ser querido que es nuestro padre o madre se ponen en juego muchas cosas que las fuimos sosteniendo porque papa y/o mama estaban presentes, reunían, integraban y ahora que no están la cosa cambió. Hay gente que habla cuando los padres se mueren se vuela el techo de la casa. Sensación de quedarnos sin techo. Y vamos a un casamiento y nos damos cuenta que no hay gente mayor, que la gente mayor somos nosotros: no están los padres, los abuelos, esos tíos que tanto compartimos.

 

Puede ser que no exista una situación de enfermedad. Estamos todos sanos Los invito a hacernos estas preguntas aquí y ahora: ¿cómo estamos como familia? ¿Cuáles son los conflictos que hoy existen? ¿Qué nos gustaría plantear en la familia? ¿Qué cosas no nos están haciendo bien? ¿Qué podemos proponer para mejorar nuestros vínculos familiares? ¿Cuáles son las fortalezas de nuestra familia?

En este momento reflexionando con ustedes sobre nuestros vínculos familiares me viene lo que vive otra amiga con sus hermanos, sus padres no viven.  Una vez al año hacen una reunión familiar que la llaman “Cumbre de hermanos”. La dinámica es la siguiente: cada uno habla de lo que está viviendo, cuenta algo de su vida actual,  porque ya del pasado con esta misma dinámica pudieron hablar y escucharse y perdonarse, y el resto escucha con profundo respeto sin interrumpir, sin cuestionar, solamente puede preguntar lo que no entiende. Es una maravilla como estos once hermanos pudieron reunirse, unirse, compartir y están al tanto de lo que les va pasando al resto.

¿Hace mucho que no te juntas con tus hermanos? Y quizá no porque estén peleados, sino porque cada uno está con sus cosas, su familia. Y si ¿promovemos encuentro con ellos? Y en el caso de familias donde existen diferencias, peleas, discusiones creo que puede ser importante si tenemos  buen vínculo con algún hermano,  llamarlo e invitarlo a encontrarse. ¿Sería lindo estar todos los hermanos juntos? claro que sí. Hoy eso no es posible. Aunque sea juntarse los que pueden. Y quizá el que este distanciado vaya viendo la propuesta y  se acerque. Y si soy yo el que estoy distanciado, ¿hasta cuándo voy a seguir así? Y ¿si practico el perdón de lo que me dolió? Y si dejo de ser un niño de ocho, diez años y me ubico como el adulto que soy actualmente? El primero que se pierde la maravilla de los vínculos familiares es el que está alejado. También puede haber tema de distancias, que tu hermano viva lejos tuyo, con la posibilidad que tenemos de comunicarnos puede ser bonito un Skype, un grupo de Whatsapp de hermanos solos. En fin buscar modos de estar juntos a pesar de la distancia.

A los que tenemos hijos el secreto es cuidamos hoy, y así nos vamos a cuidar mejor el día de mañana. Cuidarnos desde el amor, no desde el deber ser o tengo que cuidar a mis hijos porque así me cuidan mejor cuando sea un adulto mayor. Cuidar los vínculos familiares, promover e invitar a la mesa a los hijos cuando ya están yéndose a vivir solos o se van casando. Todos estos rituales familiares se van construyendo  para que el día de mañana cuando estemos viviendo el final de vida de un padre o una madre, la muerte no sea un tabú, que los conflictos y temas sean hablados en vida, que haya perdón para vivir el agradecimiento y la partida de ese ser querido sea una celebración de la vida.

La mesa está preparada, sentémosnos…

 

 

(*) Licenciada en Relaciones Públicas y Consultora Psicológica.

Especializada en Cuidados al final de la vida y orientación a familiares, en Buenos Aires.

Mail: marianasoizapineyro@gmail.com

 

 



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