Un médico fue acusado y escrachado por abusos sexuales y violaciones en Buenos Aires

Un médico fue acusado y escrachado por abusos sexuales y violaciones en Buenos Aires

Se trata de Walter Raúl Zambón. Las denuncias son de su hijastra y una familiar cercana. Pintadas anónimas en la clínica donde trabaja hacen sospechar que hay otros casos. En el barrio San Isidro donde planea mudarse no lo quieren como vecino.

Desde que lo supo hace un mes y medio, Gastón Pérez no descansa. Su vida cambió cuando su hija le contó una historia que desconocía totalmente: fue abusada sexualmente a los 10 años por el actual marido de su madre. Hoy, todos sus esfuerzos están dedicados a conseguir justicia.

La víctima y su hermano menor son producto de la pareja de Gastón con una mujer a la que llamaremos L. Se separaron en el 2000 , y los chicos vivieron desde muy chicos con el nuevo marido de su mamá Walter Raúl Zambón, un médico especializado en terapia intensiva y empresario. De esa unión, nació en el 2007 una hija, y los hermanos mayores empezaron a compartir habitación para hacerle lugar en la casa a la bebé, en el barrio Tres Horquetas, en San Fernando.

Se investigan dos denuncias muy severas en relación a Zambón. La hija de su pareja lo acusa de abusos sexuales reiterados. Y una joven de su familia, actualmente de 22 años, relata una violenta escena de violación padecida a manos del denunciado. En ambos casos apelaba al recurso de mostrarse como figura paterna», explica Juan Pablo Gallego, que interviene en la causa como representante de las víctimas.

Zambón visitaba el cuarto de los hermanos por la noche, cuando el varón ya estaba dormido y concretaba el abuso. Obligaba a la nena entre 10 y 11 años a tocar su miembro erecto, le daba besos en la boca. Hubo frotaciones, caricias y manoseos. También ocurrían cuando estaban solos en la pileta, o cuando él la iba a buscar o la llevaba en su auto a alguna actividad. Ella estaba desesperada. Lloraba encerrada en el baño, pero no se animaba a revelarle a nadie lo que le pasaba. Finalmente, tal vez por los insistentes pedidos de ella de que dejara de tocarla, al cabo de seis meses las agresiones silenciosas cesaron.

Ella guardó el pesado secreto por miedo durante cinco años, en los que vivió bajo el mismo techo que su victimario. Cuando cumplió los diceciséis, decidió contarle a su madre la verdad: su padrastro había abusado sexualmente de ella en su propia casa.

L. tuvo una reacción explosiva. La dura escena es inolvidable para la joven. Fue un escándalo. Su madre la sometió a confrontar a Zambón. «¡Repetí lo que dijiste!», le insistía. La mujer gritaba que lo iba a denunciar y que si era verdad, lo mandaría a la cárcel. Que por favor le confirmara si era real.» Vamos a perder todo, vamos a quedar en la calle», le advirtió a su hija; pero insistía en que no importaba. Él acusaba insistentemente a la chica de mentir e intentaba manipular a L.

La adolescente vio a su madre desbordada, se sintió culpable tal vez por dejar sin padre a su hermana menor. Se aterrorizó. Vio claramente cómo su mundo iba a explotar. Rompió en un llanto desconsolado. Entonces, en una reacción que es común según los especialistas entre las víctimas de abuso- se desdijo: sostuvo que su acusación era mentira. Y además, pidió perdón. L. se quedó conforme y no indagó más.

En el interín, el crecimiento económico de la pareja fue considerable. Se mudó al exclusivo Barrio San Jorge, en Los Polvorines después de un misterioso episodio en Tres Horquetas: la aparición de pintadas que acusaban a Zambón de «degenerado» en los paredones del barrio cerrado .

Pasaron otros largos cuatro años. Finalmente, la chica abusada no pudo más. En una carta dirigida a su madre , le reiteró lo que ya había intentado contarle sin encontrar apoyo ni escucha de su parte. Y le comunicó que tenía la intención de denunciar penalmente a su padrastro. De hecho, había pagado de su propio bolsillo dos consultas con abogados especialistas.

La respuesta de L. fue dura. Advirtió que si denunciaba a Zambón se quitaría la vida y echó a su hija y a su hermano de la casa. Les retiró los autos que les había regalado cuando cumplieron 17 años y todo tipo de apoyo económico. Pese a las presiones, la víctima no retrocedió. Y decidió darle intervención a su padre, que por primera vez escuchaba detalles del padecimiento de su hija.

Los dos jóvenes se mudaron con él. A partir de entonces, Pérez no hace más que reunir elementos para conseguir que la causa, que está radicada en San Isidro, avance. Recurrió a la asistencia legal del abogado Juan Pablo Gallego, que intervino representando a las víctimas del caso del cura Grassi.

Descubrió que la mudanza del barrio Tres Horquetas pudo haberse debido a las pintadas que acusaban a Zambón de violador. Estas leyendas anónimas datan del año 2012, justamente antes de que la familia decidiera cambiar de domicilio.

Esa no fue la única manifestación de esta naturaleza: otras acusaciones pintadas con aerosol aparecieron en las inmediaciones de uno de los trabajos de Zambón, la clínica Béccar. Cuando fueron tapadas, se reiteraron.

Pérez sospecha que alguna empleada o vecina del barrio Tres Horquetas haya sido abusada o violada. Y que pudo haber pasado lo mismo en el ámbito de la clínica.

Pero esto no fue lo más grave que descubrió sobre el padrastro de sus hijos.

Una joven estudiante de una provincia, hija de una pariente cercana de Zambón, se alojó en su casa en Buenos Aires. La chica vivió varios años con la familia, «como una hija más». Él decía que la consideraba así. Durante una crisis transitoria del denunciado con L., recibió una invitación a cenar a un departamento donde estaba viviendo solo.

Cuando llegó, se sorprendió de que no hubiera comida sino solo cerveza en casa de quien llamaba «tío». Él le dijo que se sentía angustiado, y cuando ella decidió irse, la arrinconó, la besó por la fuerza y le tocó la cola. Pero no fue todo, a pesar de que en una primera instancia la chica admitiera solamente eso. En otra ocasión, se quebró y describió cómo esa noche Zambón la había arrojado sobre la cama, la había inmovilizado y violado.

Los antecedentes de fragilidad psicológica de la chica, que estuvo bajo tratamiento psiquiátrico -dato que Zambón conocía a la perfección-, no fueron obstáculo para que la sometiera. Tampoco que continuara sosteniendo ante sus conocidos que la había ayudado mucho a superar su afección y a convertirse en una universitaria exitosa.

Al dia siguiente de la violación, le envió mensajes que ella no contestó, pidiéndole disculpas «si la había hecho sentir mal». «Yo te quiero y siempre te voy a cuidar», le escribió, según la joven, ahora denunciante.

Otras reacciones

En el colegio de Todos los Santos, donde todavía concurre la hija menor de Zambón, los padres están preocupados y alarmados. Muchos de ellos frecuentaron la residencia del médico y su mujer y dejaron allí a sus hijos e hijas para jugar o en ocasión de fiestas infantiles. El padre de la denunciante, Gastón Pérez, se contactó con la dirección para comunicarle su preocupación por la integridad de la hermana de sus hijos, pero no obtuvo ninguna respuesta.

Una nueva mudanza de Zambón y su mujer corre peligro. Los vecinos de Arboris La Horqueta, el barrio donde intentan instalarse, enviaron al denunciado una carta en términos severos donde le comunican que su presencia en el lugar, «dada la atrocidad de lo denunciado y el alto impacto social » no será recibida con agrado, a pesar de que son conscientes de que no tienen herramientas legales para impedirle establecerse allí ni revertir la compra de una propiedad en el lugar.

«Se investigan dos denuncias muy severas en relación a Zambón. La hija de su pareja lo acusa de abusos sexuales reiterados. Y una joven de su familia, actualmente de 22 años, relata una violenta escena de violación padecida a manos del denunciado. En ambos casos apelaba al recurso de mostrarse como figura paterna», explica Juan Pablo Gallego, que interviene en la causa como representante de las víctimas.

Fuente: TN



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