Los cinco momentos claves de la muerte de Débora Pérez Volpin según los médicos que la atendieron

Los cinco momentos claves de la muerte de Débora Pérez Volpin según los médicos que la atendieron

El endoscopista y la anestesista están procesados desde la semana pasada. Ahora, se hizo la reconstrucción de lo que sucedió dentro del quirófano 6 de La Trinidad.

La muerte de Débora Pérez Volpin aún duele y todavía sigue impune. Pero, la semana pasada, el juez Carlos Bruniard ordenó el procesamiento de la anestesista Nélida Inés Puente y el endoscopista Diego Bialolenkier por la muerte de la periodista y legisladora Débora Pérez Volpin.

Clarín tuvo acceso al auto de procesamiento, un texto de 86 páginas en el que se hace una reconstrucción de lo que sucedió en el quirófano del Sanatorio de la Trinidad Palermo donde murió Pérez Volpin, a partir de los testimonios del personal médico que la asistió. Estos fueron los cinco momentos clave de la tarde del 6 de febrero, relatados por quienes participaron en la endoscopía y en las fallidas maniobras de recuperación de la periodista.

1 – Entrada al quirófano

El 6 de febrero a las 17.20, Débora Pérez Volpin ingresa al quirófano N° 6 del Sanatorio de la Trinidad Palermo para hacerse una video endoscopía digestiva alta (VEDA). No tenía ninguna deficiencia en su salud que impidiera hacer una práctica de rutina.

En la sala había tres personas: la anestesióloga Nélida Inés Puente, el endoscopista Diego Bialolenkier y la instrumentadora Miriam Eliana Frías. La paciente llegó acompañada por una instrumentadora que le hizo el “check list” y luego se retiró.

La instrumentadora Frías declaró que ubicaron la camilla en el centro, entre la torre de anestesia y la torre de endoscopía. Frías chequeó la pulsera de identificación y le preguntó su apellido a la paciente. Luego los dos profesionales intercambiaron unas palabras con Pérez Volpin. Le solicitaron que se ubique sobre el hombro izquierdo, le pusieron el mordillo, el oxímetro (dedal) de pulso, el monitor cardíaco y la anestesióloga la sedó.

2 – La perforación

El estudio no se desarrolló con normalidad, ni con facilidad. Los informes médicos revelaron la existencia de una “solución de continuidad transmural” (perforación) en el tercio superior -esófago cervical- con extensa hemorragia.

En su defensa, Bialolenkier dijo que el estudio endoscópico no tuvo ninguna particularidad, ni dificultad para ingresar al cuerpo de la paciente. Pero en este punto hay una discrepancia, porque en el registro que él mismo realizó en la historia clínica había remarcado que progresó “con distensibilidad dificultosa del tracto digestivo”.

Bialolenkier aseguró que él no hizo la perforación. Sostuvo que el equipo endoscópico, por su flexibilidad, es incapaz de realizarla. Señaló que no tuvo evidencias de perforación endoscópica en momento alguno lo que, de haber ocurrido, hubiese apreciado a través de la punta de la caña del equipo, por tener esta visión frontal del conducto u órgano.

En su declaración, Bialolenkier le echó la culpa a Puente. Y ella se la devolvió al día siguiente. El endoscopista indicó que todo lo que ocurrió fue “como consecuencia de la actividad de los demás profesionales”. Y la anestesista respondió que “ningún otro elemento pudo haber llegado hasta la zona de la lesión más que el equipo endoscópico”.

“Cuando retiró el endoscopio, Bialolenkier no me dijo nada sobre una posible lesión y/o diagnóstico sobre qué ocurrió. Por ello, inferí inicialmente que podría tratarse de una reacción alérgica”, agregó Puente.

“Cuando la paciente desatura, ya estaba inflada y cuando le sacó el mordillo, la paciente ya tenía el labio y los ojos hinchados, y su piel crepitaba (aire debajo de los tejidos). Y eso se lo hice notar a mi colega. Esto era evidente para cualquier persona. En el quirófano sólo estábamos nosotros y la instrumentadora”, continuó la anestesista.

3 – El llamado de emergencia

Alrededor de las 17.30 se alertó sobre la situación de emergencia y la sala se llenó de gente. Además de las tres personas que estuvieron desde un principio (Bialolenkier, Puente y Frías), participaron tres médicos terapistas, una cardióloga, la circulante de sala, la técnica en anestesia, tres instrumentadoras y un médico consultor en endoscopía respiratoria pediátrica.

La encargada de pedir ayuda fue Frías. Declaró que “al poco tiempo” de haber comenzado el estudio, la anestesióloga escuchó o vio una alerta, acomodó el oxímetro, y le dijo “llamá ya a la cardióloga”, lo que también le refirió el endoscopista.

Frías salió y se cruzó a Claudia Balceda, instrumentadora quirúrgica y jefa de servicio, a quien le avisó de la emergencia. Luego se dirigió a la farmacia que está en la misma sala de quirófano, tomó un tubo endotraqueal y volvió a la sala avisándoles a sus compañeras que le traigan el carro de paro.

Cuando regresó Frías, “la paciente ya estaba en posición decúbito dorsal (boca arriba) y el endoscopista ya no estaba con el endoscopio dentro de la paciente. La anestesióloga estaba en la cabecera de la paciente tratando de intubarla y el endoscopista dentro de la sala”, comentó.

Detrás de Frías entró a la sala la cardióloga Agustina Ramos. Declaró que se encontró con la paciente “con la cara cianótica y presentaba una gran hinchazón en rostro y cuello”. Dijo que Puente estaba en la cabecera. Le preguntó qué había pasado y la anestesióloga le contestó: “No sé, hizo un edema terrible”.

El endoscopista estaba simplemente parado, guardando la sonda del endoscopio. Ramos le preguntó por lo sucedido y Bialolenkier le respondió que “la anestesista le había dicho que parara el estudio porque la paciente había comenzado a desaturar, con lo cual había retirado la sonda del endoscopio”.

También llegó a la sala la técnica instrumentadora Erica Grismado, quien vio que “la paciente estaba con secreciones en la boca, estaba cianótica e hinchada o edematizada”. Ramos preguntó qué le habían suministrado y Puente le contestó que sólo propofol, un producto que se usa para inducir a la anestesia. Entonces, la cardióloga dio la indicación de suministrarle adrenalina.

“La cardióloga se encargó de asignar el rol de cada uno”, relató la instrumentadora Andrea Villalba, quien contó que cuando entró a la sala Pérez Volpin “estaba decúbito dorsal y estaba en asistolia y en paro” y sostuvo que “todas las veces que miró el monitor, la paciente no tenía ritmo cardíaco”.

4 – El ingreso de aire

A la perforación se le sumó la insuflación de aire, lo que causó a Pérez Volpin un barotrauma de planos musculares y subcutáneos de tórax que generaron un neumomediastino, neumopericardio y neumotórax bilateral.

En este punto, la anestesista le echó la culpa al endoscopista. “Hubo una perforación en el esófago por donde ingresó aire”, dijo Puente. “No hay otro lugar por donde entre aire y pueda pasar al mediastino, sino por la lesión y por el aire insuflado del aparato endoscópico”, agregó.

Pero el endoscopista tampoco se hizo cargo del exceso de aire. “Le insuflé el aire que sale del endoscopio y no se puede regular. Es la cantidad mínima”, relató Bialolenkier.

Varios testimonios coinciden en que la anestesista no podía ejecutar la intubación. Frías declaró que Puente “lo que hacía era tratar de intubarla con el laringo, se le dificultaba o no lo podía colocar”. Agregó que “además de intentar intubarla aspiraba y como no logra colocar el tubo endotraqueal, le colocó la máscara laríngea”.

La instrumentadora Grismado declaró que “la doctora Puente le puso a la paciente la máscara laríngea, ya que no la pudo intubar”. En la misma línea, la técnica en anestesiología Assanelelli Martínez sostuvo que “la anestesióloga terminó de colocar la máscara laríngea, que consiste en un dispositivo que va dentro de la boca y sirve para ventilar directamente a la paciente”.

“A la doctora Puente le fue muy dificultoso controlar la vía aérea”, sostuvo la cardióloga. “Puente intentaba intubar a la paciente con un laringoscopio, intentando buscar la vía aérea, luego canalizar la tráquea y de ese modo controlar externamente la parte respiratoria de la paciente”, explicó.

Entonces ingresó Hugo Botto, médico consultor en endoscopía respiratoria pediátrica. En menos de un minuto y medio, logró intubar a la paciente y oxigenarla debidamente. De su declaración surge que para ello utilizó un “laringoscopio de adultos llamado Holinger”. El dato fue confirmado por Assanelelli Martínez, quien declaró que “en determinado momento vio al doctor Botto que logró intubar a la paciente”.

Según Ramos, “con el correr de las maniobras” la coloración azulada empeoró y “comenzó con distensión abdominal. Que a la palpación de cuello y rostro la paciente presentaba crepitaciones, lo que les hacía sugerir que había aire debajo de la piel. Asimismo, que cuando ingreso al quirófano estaba encendido el monitor de la torre de anestesia con un saturómetro de pulso y no había actividad, había una línea lo cual reforzaba más que estaba en paro”.

5 – Los minutos finales

El equipo médico realizó maniobras de rehabilitación, aunque no fueron suficientes para salvar a Pérez Volpin.

“Estuvieron unos 20 o 30 minutos tratando de reanimarla”, indicó Frías. Relató que le colocaron una segunda vía, además de la que tenía en el brazo izquierdo, esta vez en la ingle derecha. Dijo que entre los terapistas y la cardióloga se rotaban para la reanimación. Para Villalba, pasó mucho más tiempo. “Estuvieron por aproximadamente una hora con las maniobras de resucitación hasta que se declaró la hora de la muerte, a las 18 horas aproximadamente”, declaró.

Por su parte, la cardióloga Ramos precisó que cuando arribó al quirófano, por lo que le dijeron, ya llevaba 15 minutos en paro y luego las maniobras de reanimación continuaron por unos 35 o 40 minutos. Cuando le preguntaron si hay posibilidad de sobrevida en una paciente durante esos lapsos contesto que “sí, dependiendo las maniobras de reanimación y dependiendo la patología de base”.

La cardióloga contó que chequeó a la paciente y dado que no había pulso, diagnosticó que estaba en paro cardiorespiratorio, ante lo cual inició las compresiones torácicas pertinentes y pidió que la conecten al monitor del carro de paro para ver qué ritmo tenía. Le indicó a Puente que controle la vía aérea mientras realizaba las maniobras de compresión. Tras dos o tres ciclos de RCP le pidió al endoscopista que continúe él y pasó a controlar el carro de paro. Pidió entonces refuerzos a los médicos de terapia intensiva quienes acudieron rápidamente y junto a ellos controló el paro cardiorrespiratorio. Cuando conectó a la paciente al monitor del carro de paro, notó que el ritmo era la asistolia y continuó con las maniobras de RCP, con compresiones torácicas y suministro de adrenalina.

Ramos detalló que a las 18.15, ante la falta de éxito, consensuaron entre los médicos dar por finalizadas las tareas de reanimación. Durante todos estos minutos, entre las 17.30 y las 18.10, el ritmo cardíaco de la paciente fue de asistolia.

Según Frías, las maniobras de reanimación siguieron y en un momento la mujer terapista dijo que estaban todos de acuerdo que “siendo las 18 horas, la paciente se dio por fallecida”. En ese momento vio a Pérez Volpin con la cara hinchada y eso le llamó la atención. Todo el personal médico se retiró y ella se quedó con sus compañeras Morota y Grismado para poner en condiciones a la paciente.

“Todo ocurrió muy rápido”, sostuvo la instrumentadora quirúrgica Silvia Cristina de los Santos. “En un momento que me asomé vi a la paciente muy edematizada en su cara y cuello. En otro momento, cuando me asomo para ver si necesitaban algo, me respondieron que ya no había nada más por hacer”, relató ante el juez.

Fuente: Diario Veloz



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