El boxeo, la pasión que llevó a una misionera a ser un caso único en el país

El boxeo, la pasión que llevó a una misionera a ser un caso único en el país

Itatí Polo es la única mujer en Argentina que posee los títulos de árbitro y directora técnica de la disciplina pugilística. La atleta visitó los estudios de Misiones Online y habló de su experiencia en el boxeo como forma de vida y escuela de valores.

Hace pocos días, la misionera Itatí Polo se convirtió en un caso único en el país, ya que es la única mujer que posee los títulos de árbitro y -a partir de ahora- de directora técnica de boxeo.

“Nos dieron los resultados y aprobé con un buen puntaje. Fueron diez meses de estudio muy duros, había gente de todo el país, era muy lindo el grupo”, comentó la atleta, quien explicó que la idea se comenzó a gestar cuando le tocó viajar a los Juegos Evita del año pasado: “Había arbitrado en los provinciales, pero no podía hacerlo a nivel de los juegos porque no era federada”. No obstante, “ellos quisieron que vaya para capacitarme, que vaya a intentar sacar la licencia igual, entonces fui como profe. Fue una experiencia muy linda, conocí gente de todo el país, excelentes técnicos, ahí ves las diferencias que hay entre un entrenador antiguo y uno joven. El nivel es excelente, chicos de 15 o 16 años que son impresionantes”.

Luego vino la posibilidad de ocuparse de dos espacios: uno en el Centro de Educación Física N°2 en San Isidro y otro en el barrio A-4, gracias a la gestión del director de Deportes municipal, Miguel Ángel González: “Ahí fui al Ministerio y pedí estudiar porque necesitaba el título”.

Esa experiencia fue un vuelco de 180° en la vida de Itatí, ya que le permitió descubrir el potencial del boxeo como escuela de valores: “Ante todo, el respeto: hacia los demás y hacia sí mismo. Ellos tienen una vida muy difícil, día a día viven la violencia permanente en todos lados, desde sus casas”.

La cotidianeidad es en extremo violenta para muchos de los chicos que practican boxeo en esas escuelas: no es raro verlos llegar a clase con los nudillos marcados de tanto pegarle a la pared luego de una discusión familiar; otros, incluso, se ven obligados a vender los insumos deportivos para poder comer.

“Eso se va revirtiendo con la educación del boxeo: a ver qué les pasa, cómo están”, consideró la profe, cuyo trabajo de contención es prácticamente similar al de una mamá: “Les aconsejo que no tomen tanto el fin de semana, que traten de no ir en cana”. Lo mejor que vos podés darle es una herramienta de autodefensa para aprender a manejar toda esa ira que genera vivir así”.

Por su parte, la llegada de Itatí al boxeo (luego de pasar por varias artes marciales) se dio prácticamente de casualidad: “Yo elegí el boxeo por una cuestión estética, por raro que parezca. Miraba, me gustaba, pero no era mi intención real buscarlo. Estando en el gimnasio, una vez un pibe me dice que la zona media -‘la choperita, que le dicen’- se quema mucho con boxeo”.

Así fue que llegó a un club que le quedaba a tres cuadras de la casa y se puso a mirar las clases. “Yo soy muy impulsiva: miro algo, me gusta y lo practico. Así pasé por maratones, hice hockey, fitness. Empecé por la parte de ejercicios, corregí técnicas. Ahí me di cuenta de por qué bajando la derecha ligaba tanto y empecé a subirla”, recordó.

Luego el profesor le empezó a decir que podría competir: “El problema fue que no podía porque estaba un poquito pasada en edad y no había mi categoría. Yo era hasta 81 kilos y no había chicas: o ya se estaban retirando, o había una en Apóstoles, allá y acá. Y finalmente, cuando me sale la pelea, justo me había lastimado la muñeca”.

No obstante, Itatí no se desanimó y continuó desarrollándose en un mundo que aún continúa cubierto por cierto velo machista, algo que de todos modos la profesora no considera un impedimento: “Los prejuicios vienen de las mismas personas. Depende de cómo lo encares o lo tomes. En el barrio A-4, al principio, tenía tres o cuatro chicas, y últimamente quedaba una sola. Una de ellas dejó de ir porque no le gustaba que pasara el vecino y le dijera a su marido ‘mirá cómo tu mujer practica sola con hombres’. Por ahí el marido no tenía problemas, pero ella se sentía mal. Donde yo practico siempre hay más mujeres, porque van por la parte física. Hay muchos buenos resultados con el boxeo”.

En lo que respecta al 2018 de Itatí, “la idea es seguir dando clases y seguir contando con el apoyo del Ministerio de Deportes. Ellos no sólo me brindaron la posibilidad de viáticos, sino que me becaron completo el curso. En todo momento me apoyaron”. En ese sentido, deseó que “ojalá se consiga algo más: crear alguna escuela provincial de boxeo, que abarque un poco más. Los chicos necesitan y yo veo el progreso”.



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