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Especialistas advierten la importancia de reconocer señales en niños para una detección temprana del autismo

Especialistas advierten la importancia de reconocer señales en niños para una detección temprana del autismo

El 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre Autismo, en el marco de esta importante fecha padres y especialistas insistieron en la importancia de la consulta médica para una detección temprana. “Si un niño de 12 a 18 meses no señala con el dedo un objeto de deseo, no responde a su nombre, no mira a los ojos y se aísla para jugar, entre otras conductas, puede padecer Trastorno del Espectro Autista (TEA)”.

«Hasta los tres años no podemos decir que un niño tiene Trastorno del Espectro Autista, pero sí se puede detectar si tiene riesgo de padecerlo y la detección temprana es fundamental porque sabemos que cuanto antes sea la intervención (tratamiento) mejor será su pronóstico», aseguró a Télam Victor Ruggieri, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Garrahan.

El especialista advirtió que «es fundamental conocer algunas señales de alerta como por ejemplo, que al año el niño no señale lo que quiere o no responda a su nombre, que no tenga atención compartida (esto es, que por ejemplo mire un objeto y luego mire a otra persona), o que a los 18 meses tenga pérdida o ausencia total de lenguaje o todavía no mire a los ojos».

«Una de estas conductas no es suficiente, es el conjunto lo que uno evalúa a través de pruebas claras de tamizaje; por ejemplo, puede ser que el niño no responda cuando se lo llama porque tiene problemas auditivos; o bien que sólo tenga trastornos del lenguaje», afirmó Ruggieri, quién destacó la importancia de que tanto padres como pediatras estén atentos a estas señales.

«Lamentablemente, escuchamos a muchas familias que cuentan que en las primeras consultas que hicieron sobre el tema, el profesional subestimó el cuadro», expresó.

Fue eso lo que le sucedió a Paula Boscaroli, miembro del colectivo TGD-Padres-TEA, cuando se acercó con su niño de un año y medio a consultar a la pediatra porque observaba que había algo distinto en él.

«Yo tenía ya tres hijos, Pedro fue mellizo y, además, mi marido y yo por nuestro trabajo tenemos contacto permanente con niños. En las dos primeras consultas que hice la pediatra me respondió: ‘Es varón, por eso tarda más en hablar'», recordó.

No conforme con la respuesta, Paula fue a ver a un neurólogo; y a los seis meses de varios estudios y pruebas le dieron el diagnóstico de TEA.

«Cuando hablamos con otras familias vemos que todos atravesamos por las misma sensaciones, al principio dolor y tristeza, la inevitable pregunta de ‘¿por qué me tuvo que pasar a mi?’, luego llega la aceptación y el desafío de acompañar, no importa la experiencia que tengas, es aprender cada día», afirmó Paula.

«El TEA es un trastorno del neurodesarrollo de base biológico que afecta la cognición social del niño, su capacidad de interesarse y estar con otras personas, de comunicarse e interactuar», explicó Ruggieri.

«Puede estar asociado o no a discapacidad intelectual, puede ocasionar disfunciones sensoriales como por ejemplo, que les molesten mucho los ruidos, las etiquetas de las ropas, o pueden tener o no dificultades con el lenguaje, es decir hay diferentes formas y cada persona es única», agregó.

El especialista remarcó que «aún en las formas más severas siempre hay algo para hacer y, como decíamos anteriormente, cuanto más temprana es la intervención mejor será la evolución del paciente».

En el mismo sentido, Paula aseguró que «es importante saber que no hay un límite, uno nunca sabe qué va a pasar; Pedro, por ejemplo, avanza, a su tiempo y en sus formas, pero va un poco más cada día».

Desde que comenzaron a juntarse en 2007, TGD-Padres-TEA se fijó como objetivo convertirse en un grupo de pares que visibilicen y luchen por los derechos de las personas con TEA.

«No somos una organización formal, no manejamos recursos, nadie trabaja de esto, por eso nuestra composición es elástica», describió.

«En estos diez años logramos que muchas familias se acerquen y rompan el aislamiento, que muchas más personas conozcan de qué se trata el TEA y que en 2014 se sancionara la Ley 27.053 que obliga a poner el tema en la agenda pública, así como a destinar recursos para la investigación y el tratamiento», indicó Paula.

La madre de Pedro contó que por la movilización de las familias «se abrieron centros de tratamiento en el interior del país y en la Ciudad de Buenos Aires cinco hospitales públicos tienen programas específicos», aunque advirtió que «a nivel salud sigue faltando un relevamiento estadístico, investigación y más espacios para tratar».

La mujer sostuvo que en el ámbito educativo «en estos últimos tres años se avanzó pero sigue costando mucho; las escuelas privadas suelen no tener vacantes, ya que destinan sólo uno o dos lugares para los niños que necesitan integración; en tanto, en las públicas la experiencia depende de la buena voluntad de los directivos y maestros».

E.B.-


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