Se conocieron los rostros de las víctimas de la masacre de Banfield

Se conocieron los rostros de las víctimas de la masacre de Banfield
La disputa entre las familias vendría de hace un tiempo aunque otra hipótesis asegura que el asesino “odiaba” a su hermana.

Un abogado llegó a la escribanía de Banfield, Buenos Aires, acompañado de sus dos hijos y allí los esperaban los tres dueños de un terreno que iban a comprar. Luego de una larga operación y que los compradores pagaran los 22.500 dólares que restaban pagar para firmar la escritura, Ariel Santángelo, uno de los propietarios gritó: “Agarrá la plata”, a lo que le siguió una ráfaga de tiros que terminó con cuatro muertos y un herido.

Santángelo, el autor de los disparos, sacó una pistola 9mm y ejecutó a su hermana Mabel (57) y a Jorge (35) y Javier (40) Hezel, los compradores. También hirió al padre de las víctimas, de 67 años y luego se mató. El escribano, Juan Francisco Alonso y Ana María, la otra hermana del asesino, resultaron ilesos.

El asesino tenía una vieja disputa con su hermana Mabel, viuda desde hace dos años y madre de un hijo. Incluso, solía confesar que se había comprado un arma para matar a ella y a su mamá. Estaba enojado porque decía que ella reclamaba plata y que no tenía derecho”, contaron los vecinos.

El vínculo comercial entre las familias se inició hace unos cuatro años, cuando los Helzel le compraron a los hermanos Santángelo un terreno ubicado en Iriarte y Bombero Ariño, Temperley. Allí empezaron a levantar un chalé de dos pisos, aunque aún no tenían la escritura. Ayer iban cancelar la última parte del pago y finalizar la operación, según Clarín.

El caso también sacudió a los vecinos de Santángelo, en José Mármol al 200, quienes recordaron algunos movimientos de los últimos días. “El miércoles una mujer le pidió que le pintara el buzón de su casa. Él le dijo que lo hacía esa misma noche, porque al otro día no iba a poder”, contó a Clarín una vecina. Ese no fue el único anticipo. Horas antes había pasado por la casa un vecino para despedirse. “Chau Tano. Puede ser que no nos veamos más”, fue su extraño saludo.

“No le podías tener bronca a estos pibes”, aseguraron ayer los vecinos de los hermanos Helzel. Tanto Jorge, un abogado que trabajaba en la municipalidad de Lomas de Zamora, como Javier se habían criado en la casa familiar junto a su hermano menor y su mamá, profesora de inglés en un colegio de la zona. “Son muy queridos. El padre de los chicos se comprometió con el reclamo por obras para terminar con las inundaciones”, recordó Cristian Blassi, amigo de las víctimas.



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