Recordamos a una madre especial, Mama Margarita, Mama de San Juan Bosco, quien voló al cielo un 25 de Noviembre a las tres de la mañana. Declarada venerable por el papa Benedicto XVI.
La mama de Don Bosco quedo viuda a los 26 años, y tuvo que llevar adelante a su casa, sus tres hijos y su suegra quien padecía hemiplejía.
Pese a dicha situación, fue una mujer educadora, sabia y santa. Sus consejos a Juan, como a los niños del oratorio en Valdocco están vivos en cada integrante de la familia salesiana.
“Prefiero tener un hijo pobre campesino que un sacerdote descuidado en sus deberes” y “acuérdate que no es el hábito el que honra tu estado, sino la práctica de la virtud”, la describen plenamente.
Ella sabía manejar bien los tiempos, cuando hablar, callar, y encontrar los momentos propicios para ser escuchada.
Lapidaria fue con Juan al prevenirle el grave peligro que implica para la libertad el “tener”: “Si llegases a ser rico, no pondría jamás los pies en tu casa”.
Ella siempre dulce, afable, paciente en toda ocasión, demostraba su gran cariño a sus pobres niños, quedándose hasta medianoche para servirles un plato de sopa caliente y tajada de carne. Sus niños eran todo, difícil era la existencia de un “no” a servirles, base del sistema preventivo.
Sus jóvenes la recuerdan: “no era rica, pero poseía un corazón de reina; no estaba instruida en las ciencias humanas, pero si educada en el amor a Dios”.
Este miércoles, Francisco dedicó su catequesis a reflexionar sobre dos de las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita y enseñar al que no sabe. “Expresar la misericordia hacia los que tienen dudas equivale a disminuir aquel dolor y aquel sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son consecuencias de las dudas”.
E hizo mención a los laicos, hermanos y hermanas consagrados, sacerdotes han dado la propia vida en la instrucción, en la educación de los niños y de los jóvenes:“Pensemos en Don Bosco que con aquellos muchachos de la calle, con el oratorio y luego con las escuelas, los oficios, los preparaba para el trabajo… Es así que han surgido muchas y diversas escuelas profesionales, que instruían al trabajo mientras educaban en los valores humanos y cristianos. La instrucción, por lo tanto, es de verdad una peculiar forma de evangelización”,(Francisco).
En sus últimas horas, Margarita le aconsejo nuevamente a Don Bosco: “Ten mucha confianza con los que trabajan contigo en la viña del señor, pero fíjate bien que muchos buscan su interés más que la gloria de dios”, así como:”no busques lujo ni magnificencia en tus obras, busca la gloria de Dios, y pon como base la pobreza real”, y mirando fijamente el rostro de Don Bosco, “haces lo que no sabes y lo que no ves, pero veras y lo sabrás cuando hayas tomado la luz de la estrella”.
Una Madre comenzando su “vuelo”: “Dios sabe lo mucho que te he querido a lo largo de mi vida, espero poder amarte más en la eternidad”; con un último pedido a su hijo: “sufro más al verte sufrir, yo estoy bien asistida, tu vete y ruega por mí, no pido más. Adios”
No esperemos “perder” a nuestras Madres por más que nos reencontremos en el paraíso, ellas, generadoras de cariño, de gestos de “plato caliente” (como dice Francisco), columnas vertebrales de las familias y de la educación de los niños, el futuro de la humanidad. Sus arduas tareas merecen ser acompañadas.
“Más crece la instrucción y más las personas adquieren certezas y conciencia, de la cual todos tenemos necesidad en la vida. Es por lo tanto un acto de verdadero amor con el cual se buscar sostener a una persona en la debilidad provocada por la incertidumbre”,(Francisco).
Cada hijo debe recorrer su propio camino, la madre debe dejarlo partir; para eso es madre, no para retener, como quien lanza al aire un pájaro para que eche a volar.
Colaboración: Armado Comby – Gabriel Alsó
Fuente: Mamma Margherita , Aldo Fantozzi








