Porqué y cómo Misiones debe reclamar la condición de Zona Franca en todo su territorio

Porqué y cómo Misiones debe reclamar la condición de Zona Franca en todo su territorio

Por Carlos A. Trevisan. 

 

Parte UNO de cuatro: Más disgustos que satisfacciones.
La provincia de Misiones está inmersa desde siempre en un poderoso contrasentido que a la vista de los resultados alcanzados, le ha sido perjudicial.- Se trata de su famoso “enclave” aparentemente privilegiado en medio de dos países hermanos, pero que por uno u otro motivo, a través del tiempo, le ha deparado una secuencia de atrasos y postergaciones que se mantienen hasta el presente.-
Muchos años atrás, tal vez entre 60 y 80, la provincia se vió seriamente afectada por las políticas de Estado de nivel nacional en materia de defensa de su integridad territorial, producto de las cuales surgieron acciones de postergación a su crecimiento y desarrollo, en el convencimiento de que tales decisiones impedirían o complicarían una posible invasión de Brasil, que eventualmente contaría con el apoyo del Paraguay que siempre tuvo necesidades de expansión territorial.-
En ese entonces, y por mucho tiempo, no se favorecieron planes de ninguna índole, ya que si se daba la hipótesis de conflicto, lo mejor sería “entregar” un territorio pobre y problemático y establecer la primera línea de verdadera resistencia a la altura del
límite de Misiones con Corrientes, ya que allí solo debían fortificarse fuertemente alrededor de 100 km y no los complejos 1100 km del resto de fronteras.- De la mano de esta visión, se negaron tanto las construcciones de puentes con Brasil y Paraguay,
como así también de los puentes internos de la Provincia de Misiones que, surcada por importantes arroyos, podrían estos convertirse en excelentes vallas naturales, defendibles en un primer momento, y fácilmente “abandonables” cuando se hiciera
necesario.-
Obviamente en la misma línea se inscriben la negación a la inversión en caminos vecinales, entoscados, y menos que menos pavimentados.- Ni hablar de represas, tendidos eléctricos, infraestructura de agua potable, planes de viviendas, hospitales,
industrias de todo tipo.- La idea central consistía en lograr un territorio carenciado y repleto de dificultades ya que esto favorecía de doble manera al análisis estratégico de la cuestión: Desalentar la invasión o en caso contrario, entregar el territorio en las peores condiciones posibles.-
Entendible postura desde el punto de vista del renombrado “país central”, que debe ocuparse del cuidado del bienestar general de su población…aunque en ocasiones sea a costo de una pequeña parte de la misma.- Esa pequeña parte, del otro lado del
mostrador, fuimos y somos nosotros, los misioneros.- Los perjudicados, los postergados, los relegados.
Así anduvimos lidiando con nuestro destino de “carne de cañón” hasta bien entrado el siglo pasado, ya que los argentinos, y en especial los misioneros, tuvimos en la década de 1980 la fortuna de la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín quien se ocupó de tender lazos de amistad y colaboración con los hermanos de fronteras, disipando de manera contundente todo tipo de elucubración de posibles enfrentamientos militares y promoviendo, muy por el contrario, alianzas estratégicas de mutuos beneficios para las partes intervinientes.- No sólo se solucionó en esa época el conflicto con los Chilenos, sino que se zanjaron todas las dificultades para que Paraguayos y Brasileros avancen sin titubeos en la obra de Itaipú, que nosotros y el Paraguay concretemos Yacyretá, y se dispongan los fondos para el puente Posadas-Encarnación.- Obviamente se “autorizaron” puentes, caminos, industrias y todo lo que nos hacía falta para sentirnos parte integrante del gran pueblo argentino.-
Desde entonces, y al mejor estilo nacional, nos costó mantener el equilibrio y por supuesto en innumerables ocasiones, nos corrimos al otro extremo.- Si bien es cierto con altibajos, en los últimos treinta años la integración con el Paraguay fue de tal
magnitud que azorados observamos como “La Villa” se desprendía de esa categoría y tomaba progresivamente la magnitud de pueblo, localidad y finalmente ciudad de Encarnación, tan hermosa y grande como jamás lo hubiera imaginado mi mamá que
cruzaba en lancha “a comprar unas telitas” y de paso nos traía algún chicle Bazooca para alegría de la muchachada del barrio.-
Para corroborar la afirmación de que nos fuimos al otro extremo, basta con observar estos números: hacia fines del siglo pasado, Encarnación tenía alrededor de 60.000 habitantes y Posadas 240.000.- Hoy en la vecina orilla son más del doble y nosotros redondeamos los 400.000.- En otros términos, ellos crecieron un 110% y nosotros un escaso 70%.- Toda la hotelería disponible estaba acá, así como también la diversión, los restaurantes, los mejores negocios, supermercados y ni hablar de la prestación de servicios en general.- Cuando íbamos a cargar nafta argentina y a comprar cubiertas argentinas, la explicación (tácita, nunca explícita) fue siempre la misma: Los macrointereses entre Argentina y Paraguay (acordados entre Buenos Aires y Asunción), impiden la aplicación de medidas que nos protejan adecuadamente, que es lo que realmente esperamos los misioneros.-

Redondeando el planteo del primer párrafo: A lo largo de la historia, esta hermosa “cuña” de argentinidad nos proporcionó pequeñas satisfacciones temporales que duraron siempre muy poco: Es fantástico llegar a las costas de Brasil en vacaciones
“de un tirón”, es cautivante cruzar el Uruguay y sentirnos chapucear el portuñol, es genial comprar de todo en Paraguay (no importa su tamaño), visitar sus Ruinas Jesuíticas, El Tirol, disponer del celular recién lanzado, y otras pavadas menores.-
Pero, ¿no son estas pequeñas cosas en realidad el gran contrapeso que tenemos los misioneros en términos de nuestro verdadero crecimiento y desarrollo? ¿No se fueron en ellas nuestros mejores esfuerzos? ¿No nos generaron una falsa imagen de
abundancia que no se condice con la realidad objetiva cotidiana? ¿No hubo demasiado enriquecimiento inexplicable que afectó nuestra concepción de la cultura del trabajo? ¿No se destinaron demasiadas partidas presupuestarias de misioneros para atender necesidades de más allá de las fronteras? ¿No nos formamos en la concepción de conformarnos en silencio con poco?.-
Pienso que la mayoría del tiempo este privilegiado enclave nos ha deparado más disgustos que recompensas; más problemas que soluciones; más atrasos que progreso. Y esto debería terminar de una buena vez.-
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Parte DOS de cuatro: Más de lo mismo, no hace diferencia.
Estamos donde estamos, y eso no se cambia.- Llorar sobre la leche derramada…ya sabemos que no vale la pena.- Pero si la historia sirve tal como dicen, no tenemos que dejar pasar estas experiencias para no tropezar de nuevo con las mismas piedras.-
La actualidad nos informa que muchas cosas pueden cambiar en nuestro país.- El cambio de gobierno introduce una brisa refrescante en términos de la democracia tal como debe ser, de la transparencia tal como debe ser, de la verdad, la justicia, en fin, valores que animan y despiertan optimismo aunque lleve tiempo que se reincorporen a un estilo de vida que nunca debimos haber abandonado.-
También la economía parece haber adoptado un camino con más certezas y proyección. ¿Y qué se puede “leer” de estos nuevos tiempos en términos de beneficios para los Misioneros?. ¿Qué dicen el presupuesto provincial y el nacional para el 2017?.
Me refiero a nuevas estrategias de crecimiento y desarrollo, no a “más de lo mismo” con más prolijidad y razonabilidad.- Cierto es que no hice un análisis pormenorizado de ambos fundamentales instrumentos ya que aún están en elaboración, pero si los
borradores algo hubieran dicho que nos sacara del letargo en el que estamos inmersos, con seguridad que lo estaríamos tratando con bombos y platillos. Es decir, los programas periodísticos, las autoridades, los legisladores, los productores, los
comerciantes, los empresarios de todos los rubros, los prestadores de servicios, las inmobiliarias, en fin, las llamadas “fuerzas vivas” de la Provincia, estarían festejando el prometedor porvenir. Lo que veo en nada se parece a un futuro cargado de
excelentes expectativas. Me pregunto desde el más primario de los razonamientos:
¿Es suficiente con saber que los sueldos y las jubilaciones se pagarán en término? ¿Que no se producirán despidos?, ¿Alcanza para festejos el valor y la demanda de nuestra yerba, nuestro té, nuestra madera, nuestro turismo? ¿Es el Plan Belgrano tan
groso que nos lleva a pensar que tenemos que abrir un negocio/industria/quiosco o servicio de lo que sea, porque vislumbramos una oportunidad única e irrepetible? ¿El Gobierno Nacional, y el Gobierno Provincial nos seducen y nos encantan de tal manera que solo pensamos en abrir “algo” que definitivamente nos posibilite “pasar al frente”?
No dejo de reconocer que andar sobre un camino pavimentado y señalizado es muchísimo mejor que andar en una huella con curvas imprevistas, sin saber cuánto falta o si habrá combustible para reponer en el tanque.- Es muy bueno lo que tenemos!, pero…¿es lo mejor? ¿Es lo máximo a que podemos aspirar? Nosotros tenemos derecho a aspirar más. Son muchos años de postergaciones por motivos nacionales y supranacionales. No es justo que paguemos con tanto sacrificio una política nacional que protege los intereses de la mayoría…en desmedro de una minoría, que somos nosotros tal como lo comenté en el documento anterior. El gobierno Nacional nos seguirá explicando que somos socios de la vida con Paraguayos y Brasileros, unos porque tienen poco y otros porque tienen mucho. Pero a nosotros nos toca “ponerle el pecho a las balas”: Aguantar a pie firme el cimbronazo solidario Mercosureño, para que se beneficie el resto de nuestro querido país. Que prosperen las industrias metal-mecánicas para integrarnos con Brasil, y colaborar con los hermanos Paraguayos para que se recuperen de los desmanes que hicimos en la Guerra de la Triple Alianza.
¿Y nosotros, los misioneros, para cuándo? Hay acaso alguna posibilidad de que reaparezca el ITC diferenciado? Les recuerdo que era aquello de una nafta más barata para que el lugareño no corra hacia las estaciones de servicio extra-fronteras. ¿Alguien
habla seriamente de una reducción del impuesto al cheque en nuestras castigadas cuentas bancarias? Se está discutiendo “fuerte” por la reducción/anulación de los impuestos a los Ingresos Brutos? ¿Y la reducción del IVA para nuestra provincia está
en la agenda de las autoridades/legisladores?. ¿Acaso se mencionan partidas extras del presupuesto nacional para colaborar “por derecha” con las necesidades asistenciales de nuestros vecinos de ambas fronteras?
No, no, no, no y no. De nada de esto se está hablando; y si se habla es en vos tan baja que no llega a los oídos de los comprovincianos.- Saben qué: aunque parezca exagerado, estamos solos. Absolutamente solos. Ya sea porque no nos quieren ayudar, o porque no nos comprenden, o porque somos pocos, o porque no supimos o no quisimos pedir ayuda a los gritos, que es lo que efectivamente nos hace falta. Pero nos queda el recurso que solo deviene de la desesperación: la voluntad de hacer cosas que no haríamos en condiciones “normales”. La fuerza extra que empuja hasta límites que desconocemos. El valor de plantarse y vociferar: Esto es lo que necesitamos!. Ya pagamos el precio y exigimos la contraprestación!.
Y tenemos forma de hacernos escuchar. Depende de nuestro convencimiento y el tono que queramos darle a nuestra pretensión. Debe ser alto, de muchos decibeles.-
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Parte TRES de cuatro: Una propuesta con argumentos de peso.
En términos “macro”, el gobierno Nacional puede manejar la situación de incomodidad en la que estamos los misioneros con muy poco.- Refuerzo en partidas para Migraciones, Anses, Salud Pública, terminar la ruta 14, viviendas de madera, algún
puente con Brasil. Es obvio que para que todo lo descripto ocurra, el gobierno Provincial debe acompañar el proceso, ya que cada concesión del país central requiere del máximo esfuerzo del “interior profundo”. Otra vez, en términos “macro” esto no
nos cambia la vida, si bien es cierto genera una notable mejora. Mientras “Buenos Aires” nos otorga este plus de ayuda, las autoridades capitalinas pueden seguir trabajando con tranquilidad el proceso de integración con los países de la región…a
nuestro costo.- De alguna forma, visto a distancia y con amplitud de criterio, estaríamos en presencia de un cierto gatopardismo, es decir cambiar algunas cosas para que en realidad no ocurra el cambio que es necesario.-
El cambio necesario implica “patear el tablero”. Hacer planteos que salgan del reclamo rutinario y trabajar con mucha fuerza hacia objetivos muy importantes, superadores de todo lo conocido, que nos pongan en el escenario nacional, que nos abran las puertas de todos los despachos de primer nivel, que los funcionarios se vean obligados a convocarnos para saber “de que se trata”.-
Develando la incógnita, propongo plantear que toda la Provincia de Misiones sea considerada como “Zona franca” y/o “Zona de Libre Comercio”.

De eso se trata. En realidad es una versión moderna del concepto a que hice referencia en la primera nota, el de trabajar con mucha prolijidad 100 km de “frontera” con Corrientes y no 1.100 km con Paraguay y Brasil. Por más que sea redundante conviene explicitar que zona franca no significa descontrol de las fronteras en cuanto a cuestiones tan importantes como narcotráfico y trata de personas.- Por el contrario, en estos temas habría que hacer especial hincapié, con organizaciones específicas, herramental apropiado y personal altamente capacitado. Que se enfoquen a fondo en el tema y que no se desperdiguen esfuerzos en otras áreas que al presente demandan alta concentración de recursos, tal como exige el control del contrabando. Por primera vez en nuestra historia, el famoso “enclave privilegiado” nos jugaría a favor. Nos convertiríamos en el centro mismo del Mercosur, no habría otra alternativa para los encuentros con representantes de los países miembros ni para sus respectivas delegaciones, ya que por definición seríamos la primera zona absolutamente integrada, tarea que en el resto de la región llevará muchos años de trabajo con resultados imprecisos, dudosos y de gran demanda de esfuerzos de toda índole. Por otra parte, seríamos la puerta giratoria de todas las operaciones de intercambio comercial, ya que podrían instalarse en nuestra provincia todos aquellos importadores-exportadores que necesiten una base de operaciones estable y especializada.- Hay que pensar en millones de pesos transitando por la provincia, miles de puestos de trabajo, industrias, infraestructura de comunicaciones, caminos, vías férreas, puertos activos.-
Por los motivos que señalé, seguramente lograremos la atención hacia nuestra problemática. Pero, ¿cómo perfeccionar la línea argumental para lograr la aprobación de semejante desafío a la imaginación, que requiere de coraje, voluntad, inteligencia
y tantas otras cosas…?
Primer argumento: Los misioneros estamos hartos de ser “el pato de la boda”.- Si no hacemos algo rápido y efectivo seguiremos por años siendo el reducto lindo del país, con 40% de pobres.- No hay manera de achicar las diferencias en el corto plazo con
Paraguay y Brasil con medidas tibias.- Seguramente en 30 años lograremos el nivel de Brasil y también en ese plazo Paraguay puede alcanzar el nuestro. ¿Vamos a esperar pacientemente todo ese tiempo y rogando a su vez que los hermanos del Mercosur no logren sacarnos nuevas diferencias?. Insisto, queremos ver el cambio en el más corto plazo posible.-
Segundo argumento: El planteo de la zona de libre comercio soluciona un grave problema al gobierno nacional. Dejará de invertir en el control masivo de la extensa frontera y podrá concentrar su preocupación en un tramo de poco más de 100 km,
fácilmente custodiables dado que podemos  arbitrar todas las medidas que se nos ocurran sobre territorio propio. Hablando de territorio propio, hay que tener presente que la implementación de semejante innovación solo depende de la voluntad de
ciudadanos absolutamente argentinos, sin opinólogos que dependan de las cancillerías que tanta atención prestan a que las relaciones exteriores no sufran daño alguno. Cabe también mencionar el lucimiento colectivo que proporcionará la instrumentación de una medida sin parangón en la región.-
Tercer argumento: Estamos dispuestos a permitir la construcción de la represa de Corpus.- Este argumento, desde mi punto de vista, admite una doble lectura y uso: por un lado puede esgrimirse como contraprestación, y por otro como imposición para que definitivamente se construya. Seguramente esta posición tendrá reparos entre muchos misioneros, por lo que requiere un tratamiento más detallado, pero que, en principio, amerita la siguiente reflexión:
El mundo está ávido de encontrar productos o servicios escasos, para arremeter contra ellos y cambiar sus perspectivas de desarrollo. La energía está en primer lugar de la lista y nosotros tenemos la posibilidad de generarla. ¿Cuánto tiempo pasará para que el Estado Argentino considere que ante tanto déficit energético, “algo tendrá que hacer”, y por ejemplo, decida forzar la construcción de represas en función del bienestar de su población? Si actualmente estamos sobrepasados de demanda
energética y el país viene de años sin crecimiento.- ¿Qué pasará cuando se retome la senda del progreso-desarrollo? Sólo para el próximo año se estima un 3% de incremento del PBI. ¿Tendremos la fuerza suficiente para oponernos a un reclamo que harán todas las provincias hermanas y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires? Mi presunción es que no. Y por lo tanto mi propuesta apunta a utilizar el argumento, sacarle provecho y no perderlo en medio de un coro de lamentos, enojos, frustraciones y resentimientos.-
Resumiendo: Patear con muchas ganas el tablero con tres argumentos de peso

 

 

Parte CUATRO de cuatro: Tratando de persuadir al colectivo. La propuesta requiere un “abrir la cabeza” importante. Hay que partir de la base de que nada de lo que logremos en términos de paulatinas mejoras de partidas presupuestarias, generará un cambio drástico e inmediato.- Por más esfuerzo neuronal que se le ponga a la cuestión, por más que se construyan acuerdos políticos superadores, por más dinámica que se proporcione a la gestión, por más acompañamiento masivo que se logre en el reclamo de nuestras justas pretensiones, no vamos a lograr sino pequeñas devoluciones en términos de nuestra castigada
realidad. Este es el esquema de razonamiento: Si todo va bien en términos de logros lentos y escalonados, ¿en cuántos años de labor intensa habremos de bajar los 40 puntos de pobreza estructural en la que estamos inmersos? Se afirma que al Kirchnerismo le llevó 4 años bajar del 50 al 30% el nivel de pobreza nacional (2003 al 2006), con una devaluación de “3 a 1”, el precio de la soja por las nubes como nunca, cosechas record de los granos y crecimiento del PBI a “tasas Chinas” de entre 8 y 9% anual.- Nada de eso está ocurriendo y es poco probable que vaya a ocurrir. Entonces, ¿podremos poner la vara de la pobreza en nuestra provincia a nivel de un dígito en 15/20 años, por ejemplo? ¿Y si en medio de ese tiempo, reincidimos con alguna crisis nacional, o se nos viene encima algo de nivel internacional y se nos van otros 5 años?
En una primera mirada, podríamos aplaudir el logro de reducir la pobreza a valores “aceptables”, que no sería un logro menor. ¿Pero es ese el ritmo de recuperación del tiempo perdido que queremos y nos merecemos los misioneros? De ninguna manera.
Ya esperamos mucho. No estamos para seguir esperando. Queremos resultados muy buenos y en el corto plazo. Para eso, somos latinos…

Sólo la implementación del proyecto “Misiones Zona Franca-Zona de Libre Comercio” puede darnos un verdadero empujón cuanti y cualitativo. La sola propuesta ya va a sacar de las calmadas casillas a mucha gente. Se van a generar intensos debates
sumamente constructivos, pero que en nada nos tendrían que afectar al objetivo principal: nuestra revolución misionera del siglo 21. Porque así es como habría que verla. Una zona franca que no puede ser solicitada por ninguna otra provincia, porque
ninguna tiene nuestras particulares características, calma los nervios del gobierno Nacional y justifica su implementación. También tranquiliza una zona de libre comercio que economiza esfuerzos del Estado Nacional para evitar la vulnerabilidad de las fronteras más frágiles del país. Ni hablar del sosiego que genera a las autoridades un estricto control del contrabando en proporción “10 a 1”, considerando 1.000 contra 100 km de fronteras.
Estas son las bondades genéricas del modelo para nuestra provincia: Tendríamos el título indiscutido de “Capital del Mercosur”, con todo lo que esto significa. Puedo agregar a lo ya descripto (Nota TRES) que se podría articular desde Misiones el comercio Atlántico-Pacífico, que hoy se nos escapa de las manos y solo nos deja el combustible cargado por algunos camiones del Brasil con destino a Chile. Lo dije pero conviene repasar: “podrían instalarse en nuestra provincia todos aquellos
importadores-exportadores que necesiten una base de operaciones estable y especializada. Son millones de pesos transitando por la provincia, miles de puestos de trabajo, industrias para abastecer a millones de habitantes (considerando una zona
geográfica de 1.000 km con centro en Misiones), infraestructura de comunicaciones, caminos, vías férreas, puertos activos.”…
Para completar el desarrollo troncal de la propuesta, hay que avanzar con el tema de la represa de Corpus. El núcleo de la postura consiste en aceptar que si no damos el acuerdo para que se haga…tarde o temprano la van a hacer igual. La Nación, o sea el pueblo organizado, necesita este aporte. Estamos escuchando cotidianamente que sin energía no sólo viene un verano complicado para los “residenciales”, sino que se vuelve dramático para la industria ya instalada. Y algo peor aún, no van a venir las inversiones que tanta falta nos hacen, porque nadie pondrá dinero en un proyecto que no garantice energía. Con este irrefutable planteo es imposible abroquelarnos en el “No” a las represas. Nos ganan por terrible mayoría los del “Si”. Solo resta imaginar una votación en el Congreso de la Nación. Allí no cuentan en esta hipotética situación, oficialismos y opositores. Cuenta la satisfacción de una necesidad de las llamadas “primarias”, que se la complace o se sucumbe. No importará cuan complejo sea el camino para lograr su aprobación desde lo jurídico-institucional. Se puede adelantar el resultado: Nuestros connacionales van a votar que se haga la represa.

 

Entonces, como en el judo, aprovechemos la fuerza del rival para sacarle provecho a la situación. Para muchos no será fácil aceptar la conveniencia de este planteo. La presente propuesta abarca una amplia percepción que va desde la impaciencia por la bonanza que nunca llega, pasa por la lectura de una realidad para nada optimista y concluye en la mirada esperanzadora hacia un futuro mucho mejor, y de corto plazo, para todos los misioneros, desde abuelos hasta nietos.-
Resta entonces imaginar los términos de la negociación que habría que emprender:
Inversiones en líneas de alta, media y baja tensión y los pertinentes transformadores y demás accesorios; participación obligatoria de empresas locales en la construcción, que seguramente deberán constituir UTEs u otras figuras, para ganar volumen; antes de iniciar la obra principal de la represa, todos los afectados deberán recibir las indemnizaciones que les correspondan y si van a ser trasladados a un vivienda nueva, ésta debe del tamaño y diseño que nosotros indiquemos, y los barrios deberán tener todos los servicios que estimemos necesarios; obligación de cumplir a rajatabla con el cuidado del medio ambiente; extensión del Ferrocarril hasta Iguazú; puertos sobre los ríos Paraná y Uruguay; parques industriales con energía al costo; agua corriente y cloacas para todas las localidades de la provincia. Seguramente se pondrá a prueba al conjunto de nuestra dirigencia para armar por consenso el cuadro de las contraprestaciones que vamos a exigir.
Todo esto puede estar dando sus primeros pasos en un par de años si tenemos presente que en cuanto a la represa, la mayoría de los estudios necesarios para su licitación ya están terminados o encaminados; y el tema de la zona franca-libre comercio tiene casi exclusiva dependencia de la decisión política de implementarla, que es cuestión de empujarla con fuerza y ganas. Pero el movimiento que tanto nos interesa y necesitamos a gritos, empieza inmediatamente.-
No estaremos esperando décadas para salir de la pobreza. Vamos a sentir que este hermoso y querido terruño nos dió las oportunidades que merecemos. ¡Podremos visualizar, vivir y disfrutar el cambio!. No parece fantástico?…¡Hay que hacerlo,
entonces!.



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