Doble homicidio mafioso: el entregador se salvó de que lo asesinaran porque lo detuvo la Policía

Doble homicidio mafioso: el entregador se salvó de que lo asesinaran porque lo detuvo la Policía

Vázquez al momento de ser llevado a la indagatoria.

El día en que a Ricardo Evaristo Vázquez (27) lo iban a matar, lo metieron preso. La Policía lo salvó de ser ejecutado por orden del presunto narco que tres meses antes había decidido eliminar en Posadas a Sebastián Vega (27) y a Rodrigo Ibarra (37), en un brutal ajuste de cuentas. Esto se desprende del expediente judicial sobre el caso, investigado por el juez de Instrucción Tres, Fernando Verón.

Vázquez fue la llave para abrir una Caja de Pandora. Su testimonio permitió dar con los principales sospechosos del doble homicidio y también saber que había sido él el señuelo que llevó a Vega hasta los asesinos.
El muchacho, empleado municipal con domicilio en Villa Sarita, sabía que trataba con gente ligada al mundillo del hampa. Sabía con quién hablar cuando alguien quería comprar marihuana y no un cigarrillo, precisamente, sino cargas grandes. Él mismo lo dejó entrever en su declaración indagatoria, al que Misiones Online tuvo acceso de manera exclusiva.
Apenas se enteró de que el “amigo” al que había visto apenas horas antes fue acribillado a balazos, tuvo miedo. Borró los mensajes que había tenido con él, pero las pericias telefónicas lo colocaron en el ojo del huracán. Cuando lo arrestaron, decidió hablar.
“El 16 de diciembre a las 13 me llama este señor Rojas. El ‘Negro’ Rojas, le dicen. Quería encontrarse conmigo en Roque Pérez y Jujuy a las 14”, empezó Vázquez en su indagatoria.
Dijo que Néstor Fabián Rojas, alias “El Negro” o “Carlos”, lo subió en una VW Saveiro, que era conducida en ese momento por Denise Candia (21). Rojas está acusado de haber sido uno de los autores materiales del doble homicidio. Habría participado porque consideraba que Vega lo había traicionado: sostenía que le había hecho perder cargas voluminosas de marihuana.
Vázquez detalló que la camioneta Saveiro fue hasta ruta 12 y avenida 115. En el camino, El Negro le contó lo que quería de él. “Rojas me dijo que le quería comprar marihuana a Vega, pero me pidió que no le dijera que él era el interesado, sino un compinche mío”, detalló el municipal.
Sin dudar, Vázquez le mandó a Vega un mensaje vía Whatssap: “Qué onda, tengo un compinche que quiere por cien”. Vega, interesado, le respondió que por la noche iría a verlo.
Pero las instrucciones de Rojas seguían. “En 115 y ruta 12, él me ordena que me baje de la Saveiro. Ahí él y yo subimos a un VW Bora negro. Adentro había otros dos hombres. El que manejaba era uno al que le dicen Martín. Lo podría reconocer si lo vuelvo a ver. Fuimos por 115 hasta Chacabuco. Después salimos en la calle que bordea el agua en el Acceso Oeste. En la rotondita, me dice: ‘Cuando él va a tu casa, vengan acá’”.
Vázquez dijo que luego de esa indicación, lo devolvieron al sitio donde había empezado la reunión.
El hombre dijo que pasó en su casa el resto del día y cerca de las 22, volvió a mensajear a Vega. “Le pregunté si iba a venir y él me respondió que estaba complicado porque era el cumpleaños de su señora y estaba haciendo un asado. En eso me escribe Rojas: ‘Qué onda?’. Yo le cuento la respuesta de Seba y él me insistió para que lo convenciera”, declaró.
Vázquez insistió, incluso le dijo a Vega que buscaría un auto para ir a Itaembé Miní, donde el presunto vendedor de marihuana se disponía a celebrar el cumpleaños. Finalmente, Vega acepta: “Veo como hago, le digo a mi señora que voy a comprar un helado y voy para tu casa”, le dijo a Vázquez.

“Diez por ciento para vos”
A las 23, “Seba” y su amigo Rodrigo Ibarra estacionaron sobre la calle Nicomedes Castro y Vázquez subió con ellos. El “entregador” les indicó que el punto de encuentro sería el Acceso Oeste. Al parecer, los recién llegados jamás sospecharon nada. Condujeron el Chevrolet Agile gris hacia la rotonda de la avenida Chacabuco, cerca del puente sobre el Mártires. “Vega me dijo: ‘Si sale la venta diez por ciento es para vos’”, recordó Vázquez. Fue una de las últimas frases que oyó de su conocido.
Minutos después apareció el Peugeot 408 que traía a Rojas y a su “primo”, como el le decía a Luis Morínigo-Sosa (el otro presunto sicario, que está preso).
Vázquez no conocía a Morínigo-Sosa. Lo describió como un “hombre de entre 40 y 50 años, canoso, robusto y que llevaba una remera blanca”.
Rojas le ordenó a Vázquez que se subiera al 408. Él acató sin dudar. En ese auto estaban Denis Candia y la madre de ésta, Silvia Graciela Rodríguez. Pese a que él quiso volver a Villa Sarita, las mujeres lo dejaron cerca del Ministerio de Salud Pública.
Al día siguiente, se enteró que Vega y el amigo con el que había ido a su casa aparecieron acribillados en el Agile, en el barrio Tacurú. Dijo que entró en pánico y borró todos los mensajes que había tenido con Vega y con Rojas.
El empleado municipal fue arrestado en los primeros días de marzo. Lo apuntan como el entregador. Hasta su voz quedó registrada en las escuchas telefónicas que había ordenado un Juzgado Federal de Campana que seguía los pasos de Vega porque presumía que formaba parte de una organización delictiva.
Denise Candia, cuya indagatoria difundió ayer Misiones Online en exclusiva, reveló que Rojas, que era su novio, admitió que ya había ordenado asesinar a Vázquez, “antes de que hablara”. Pero la Policía y la Justicia se movieron más rápido que el sicario y lograron detener al hombre.
El mismo día que Vázquez cayeron Denise, su padre Roberto y su madre Silvia, apuntados como colaboradores de los sicarios. 24 horas después, apresaron a Morínigo-Sosa y a Martín Vedoya, al que acusan de ser el autor intelectual de los homicidios.

Confianza ciega
crimen 2
Vedoya, según Denise, era amigo de Rojas. Ella hasta habló de un viaje en la que los acompañó a Paraguay y en el que trajeron de Encarnación una caja guardada en una bolsa de consorcio. Aseguró que esto fue antes del doble homicidio.
El relato de Vázquez confirmó que víctimas y victimarios se movían en el mundo del narcotráfico y que en ese ámbito había tal confianza que alcanzaba un par de mensajes de texto para negociar cargamentos de marihuana. Esa confianza ciega hizo que Vega no dudara y dejara el asado que estaba por disfrutar para encontrarse con la muerte la noche del 16 de diciembre.



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