Río revuelto

El presidente Mauricio Macri parece decidido a aprovechar el tiempo para tomar las decisiones más riesgosas sin la incomodidad de debatir en el Congreso de receso veraniego. En apenas dos semanas sumó decenas de Decretos de Necesidad y Urgencia para armar sin trabas su estructura de Gobierno. Ante el aluvión de críticas -incluso de los aliados misioneros-, apenas retrocedió con el armado de la Corte, pero siguió adelante con otros organismos, incluso aquellos que estaban protegidos especialmente por la ley como la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación, de dónde, con complicidad judicial, desalojó a su director, Martín Sabatella por «militante».
Aunque caro a los sentimientos kirchneristas, la Afsca es mucho más que un organismo del Gobierno. Fue creada después de miles de horas de debate con organizaciones sociales de base, universidades y medios de comunicación. Sin embargo, en la práctica, nunca terminó de cumplir su objetivo de democratizar el universo mediático y garantizar la pluralidad de voces. La ley de Medios, parida de ese enorme debate, fue más una herramienta argumentativa que eficaz. No por ello, deja de ser una ley sancionada por el Congreso, con expresas limitaciones y mandatos a contraturno del Poder Ejecutivo justamente para que su accionar no dependa del humor de un Gobierno.
Sin embargo, por un simple decreto que no demuestra ninguna urgencia, su directorio fue disuelto y el organismo quedó sometido al ministerio de Comunicaciones, a cargo del radical Oscar Aguad, conocido en la región por su paso como interventor en Corrientes, capital, durante el gobierno de la otra Alianza. Aguad endeudó al municipio en 60 millones de dólares en apenas un puñado de meses de gestión, en una causa que fue a la Justicia, pero terminó impune por prescripción.
El sometimiento del Afsca pone fin a la autonomía dispuesta por ley. Pero al mismo tiempo hay que decir que el organismo nunca profundizó la ley de Medios y, concentrado en la guerra con Clarín, nunca transformó la realidad de los medios de comunicación, especialmente del interior. Hubo pocas nuevas voces y la pauta del Estado siguió concentrada en un puñado de medios. Sin embargo, la ley de Medios siguió en el imaginario como un emblema.
Con menos cobertura mediática, Macri también decidió la intervención de la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones que sí es un organismo clave para el control y regulación, de las Tecnologías de Información y Comunicación, de las telecomunicaciones y del servicio postal. Allí hay un espectro mucho más profundo que la ley de Medios.
Es el organismo encargado de «regular, promover y supervisar el uso, aprovechamiento y explotación del espectro radioeléctrico, los recursos orbitales, los servicios satelitales, las redes de telecomunicaciones y la prestación de los servicios de telecomunicaciones y tecnologías digitales, así como del acceso a la infraestructura activa y pasiva y otros insumos o facilidades esenciales, sin perjuicio de las atribuciones concurrentes con otras autoridades». El manejo de este organismo implica el control de un amplio y millonario espectro de actividades en la que están involucrados medios de comunicación y empresas de telefonía.
El uso de los satélites Arsat también queda bajo la intervención de Aguad, que designó a Agustín Garzón , un diputado PRO, en reemplazo de Martín Sabbatella, en Afsca, y al tío del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, como interventor de la Aftic. Al frente de Arsat fue designado el yerno de Aguad, Rodrigo de Loredo.
Hasta los más enfervorizados antikirchneristas advierten que el avasallamiento del Ejecutivo es incomprensible e innecesario y puede dejar como antecedentes mecanismos de intromisión que chocan de frente con la institucionalidad y la división de poderes. La institucionalidad que prometía el PRO no aparece en ninguna de las primeras decisiones tomadas.
Inmune a las críticas, después de las primeras medidas que incluyeron la devaluación de la moneda y la baja de las retenciones a los patrones de la soja, además de los decretos de la Corte y de intervención de organismos, Macri se tomó sus primeras vacaciones como Presidente. Villa La Angostura fue el lugar elegido para disfrutar del descanso hasta el 4 de enero junto a su esposa Juliana Awada y su hija Antonia.
Las fiestas de fin de año, lejos de ser un momento de relax en paradisíacos lugares, tienen a miles de personas afectadas por las peores inundaciones de los últimos años. Corrientes, Entre Ríos y Chaco son las provincias más afectadas por un fenómeno que alcanza al sur de Brasil y decenas de localidades del Paraguay. En total, son más de 150 mil personas de toda la región afectadas por la crecida de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay.
Hasta ahora el Gobierno envió a un puñado de funcionarios a recorrer las provincias afectadas y comenzó a juntar donaciones en Buenos Aires, en la sede de una ONG que encabeza la vicepresidenta Gabriela Michetti. La respuesta del Estado parece ser menor ante la magnitud del desastre y el drama que padecen miles de familias.
Contrasta con la presencia activa de ministros y muestras de solidaridad que se expresaron en situaciones semejantes en los últimos años.
Solo el blindaje y la doble vara mediática naturalizan que el Presidente goce de su descanso sin impertinencias. Hace no demasiado tiempo, en cambio, se crucificó a Daniel Scioli porque se fue a Italia después de la primera vuelta, cuando la provincia de Buenos Aires estaba tan inundada como ahora el Litoral.
Llama la atención que un Gobierno que acaba de decretar una enorme transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados de la economía, diga que «no hay un peso» para ayudar a los inundados. Ante tamaño desastre, no hubo declaración de emergencia ni ayuda inmediata.
Las primeras reacciones fueron pedidos de donaciones por redes sociales para sumar donaciones, concentradas en la fundación porteña de Michetti cuya administración tiene a los principales dirigentes del PRO.
Las muestras de solidaridad de los argentinos siempre están presentes, pero son escasas ante el avance de las aguas en magnitudes históricas. Pero es el Estado el que debe estar presente y conducir la asistencia desde el primer instante.
Los esfuerzos del voluntariado, en última instancia, no alcanzan para la transformación profunda, a la que solo se llega con políticas desde el Estado.
Las necesidades ahora, con al menos tres provincias afectadas y numerosas localidades, exceden lo que puede realizar una ONG local. Ya no es apenas la ciudad de Buenos Aires, focalizada y con toda la infraestructura al alcance. Ya no es apenas caridad.
Hizo bien el Presidente en suspender sus vacaciones. Dilma Rousseff y Horacio Cartes estuvieron desde el primer momento con los inundados.
La mandataria brasileña sobrevoló las ciudades inundadas por causa de las intensas lluvias que cayeron en el sur del país y su Gobierno anunció una ayuda inmediata de 6,6 millones de reales (USD 1,8 millones) para subsanar a los 8.000 evacuados.
El presidente paraguayo ordenó la construcción de viviendas para los pobladores ribereños que -como es común en la zona- no quieren abandonar sus hogares para mudarse a lugares más altos.
Macri no debía ser menos porque hay miles de personas que necesitan de la presencia del Estado sin dilaciones. Aquí si es necesario y urgente.
Desde el 10 de diciembre hay expectativa por cómo se desenvuelve las relaciones entre el Gobierno central y las provincias. Hubo un primer encuentro con todos los gobernadores que sirvió más de presentación que de análisis de alguna medida en particular.
Después, los principales ministros fueron recibiendo de a uno a los mandatarios. Esta semana le tocó al gobernador Hugo Passalacqua, quien se reunió con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, en un encuentro «cordial» en el que se repasaron las necesidades de Misiones en materia de infraestructura, obras públicas y viviendas.
Passalacqua presentó una carpeta con temas vinculados a la construcción de viviendas a través del Iprodha, la finalización de rutas nacionales y otras obras de infraestructura básica, todas muy necesarias para el crecimiento de la provincia.
Para Passalacqua la reunión fue «excelente por la actitud de comprensión de Frigerio y de su equipo, sobre todo porque comprendieron lo que significa una provincia que tiene 40 por ciento de su población menor a 18 años y que tiene que preparase muchísimo en términos de infraestructura. Si la Nación no acude en auxilio, solitos nosotros, por más taita que seamos los misioneros, es una cosa muy complicada de resolver». Además de las obras que necesitan el soporte del Estado nacional, el gobernador misionero reclamó regalías atrasadas de la represa de Salto Grande.
También trascendió que hubo contactos con el nuevo presidente de la Entidad Binacional Yacyretá, Humberto Schiavoni, quien regresó al puesto que ocupó entre 2002 y 2003, durante el interinato de Eduardo Duhalde.
Es que Yacyretá tiene en marcha enormes inversiones que impactan en varias ciudades del sur misionero y que se deben sostener en el marco del plan de obras complementarias.
Schiavoni elogió a su antecesor, Oscar Thomas, por haber puesto a la represa a funcionar en su cota de diseño y por las transformaciones realizadas, por lo que, se entiende, seguirá con el plan de obras previsto.
Gracias a las obras complementarias, demoradas por años y el buen trabajo que se hizo tras las últimas inundaciones, Misiones no sufre ahora los efectos de la creciente que afectan a las provincias litoraleñas.
Schiavoni, quien preside el PRO, es de la idea de mantener buenas relaciones con los gobernadores, porque entiende que es una manera de sortear la mayoría en el Congreso que exhibe la oposición. Por eso las relaciones son pura cordialidad a la que hay que sumar más temprano que tarde, acciones.
Por ahora es poco lo que ha avanzado el Gobierno, dedicado al armado de sus cuadros de conducción de los distintos organismos con muchos funcionarios jóvenes y algunos prestados de otras fuerzas.
En el radicalismo misionero están expectantes. Incluso, hay varios molestos por la demora en el cumplimiento de las promesas de reparto de cargos.
Cayó como un balde de agua fría que el premio mayor -y anticipado- sea para Ramón Puerta y su embajada en Madrid. Esperaban ser ellos, los que lucharon hasta en la justicia para ser socios, los primeros en recibir alguna distinción. Pero hasta ahora, los radicales misioneros miran con la nariz pegada al vidrio. Sin embargo, confían en que tarde o temprano, se confirmarán los nombramientos.
El diputado Luis Pastori y el secretario general del comité, Martín Arjol, son los negociadores con Alfredo Schiavoni y su equipo. Deslizan que ya hay nombres puestos y que solo hay que tener paciencia. «Hay reuniones y tenemos la división hecha. Las listas fueron enviadas a Buenos Aires. El PRO se quedó con los mejores lugares», admitió un radical que será funcionario de la alianza gobernante. Hasta ahora, lo que se sabe es que el ex concejal Rolando Rubleski será delegado local del PAMI, Rodrigo de Arrechea irá a Migraciones de Posadas y Jorge Lacourt a la de Iguazú. Miguel Ángel López Vedoya, irá a la codiciada delegación de la Anses, que maneja un millonario presupuesto de ayuda social. López Vedoya es uno de los hombres de confianza de Schiavoni.
El periodista Pablo García se haría cargo de la corresponsalía de Télam y el radical Horacio Spallanzani de Radio Nacional en Misiones.
El concejal Pablo Velázquez se hará cargo de la estructura local del Renatre, el organismo que reaparecerá en escena después del fallo de la Corte que declaró inconstitucional el Renatea, el organismo que le quitó al Momo Venegas el manejo de los fondos del seguro de desempleo de los trabajadores rurales.
En el PRO el interlocutor es Alfredo Schiavoni y un reducido grupo de colaboradores.
La tarea es delicada porque no se trata apenas de «cubrir cargos», sino de armar una estructura que le permita al macrismo fortalecerse territorialmente para competir desde las provincias, en mejores condiciones en las elecciones de 2017 y evitar el resurgimiento del kirchnerismo.
El armado político va más allá de la alianza con los radicales.
Macri quiere fortalecer a la pata peronista y su amigo Ramón Puerta promete ofrecerle una red de contención con caciques de todo el país que trabajaron con Sergio Massa en las elecciones pasadas.
El futuro embajador en Madrid blanqueó que el tigrense trabajó para el PRO en la segunda vuelta y ahora quiere un nuevo peronismo que sepulte para siempre al periodo kirchnerista.
Puerta asegura que desde Madrid, como lo hizo Perón durante su exilio en Puerta de Hierro, se puede trabajar por la unión del partido. Y se siente a la altura del desafío convocando a todos aquellos no kirchneristas o a quienes renieguen de su pertenencia en los últimos doce años, incluso al candidato presidencial Daniel Scioli.
Compararse con el General implica también saberse en el destierro político. Pero la historia no es tan romántica. El regreso de Perón a la Argentina lejos de unir al partido, dividió definitivamente las aguas entre la derecha y la izquierda peronista que se enfrentaron primero en la Masacre de Ezeiza en 1973.
El quiebre definitivo ocurrió un año después, el 1 de mayo de 1974, cuando Perón llamaba «imberbes» a la juventud maravillosa que cuestionaba el exceso de «gorilas» en el Gobierno popular.
La división apenas comenzaba entonces, pero sus derivaciones pueden rastrearse hasta ahora.
Habrá que ver si Puerta puede convertir a la embajada en una suerte de unidad básica de la que pueda surgir un neoperonismo.
José Manuel De la Sota, Sergio Massa y el propio Scioli tienen la misma ambición desde distintas vertientes. Scioli cuenta con el respaldo de la mayoría de los gobernadores y un equipo técnico armado. Sin embargo, no se puede despreciar la figura de la ex presidenta Cristina Fernández, quien dejó el cargo con una altísima imagen y un vínculo intacto con la militancia. El propio Durán Barba, consultor estrella del PRO, advirtió que sólo hay un 14 por ciento de los argentinos que quiere verla «presa». En un reportaje concedido a la Revista Noticias, el ideólogo macrista también lanzó una rara advertencia: «Tú no puedes vender una imagen en la campaña, llegar a la Casa Rosada y hacer lo contrario. Hay quienes piensan que con la popularidad de los primeros meses se deben tomar las medidas brutales de la economía y que después se remonta. No, no remontas nunca. Eso pensaba mi buen amigo Gonzalo Sánchez de Lozada (ex presidente de Bolivia), tomó las medidas y hasta ahora está prófugo en los Estados Unidos».
Ese vínculo pudo apreciarse con claridad en la masiva convocatoria que tuvo un discurso de Axel Kicillof en el Parque Centenario, en Buenos Aires. Miles de personas se acercaron a escuchar durante un par de horas su visión de las medidas económicas tomadas por el Gobierno actual y el impacto que tendrán en el bolsillo de los argentinos.
¿Qué otro ministro de Economía puede gozar de semejante popularidad? Pregúntenle a Domingo Cavallo, que anda esquivando huevos en cada disertación que da. O a Ricardo López Murphy, condenado al ostracismo y los programas de segunda línea después de su fugaz paso como ministro de la Alianza. Ambos ofrecían casi las mismas recetas que ahora por fin se están aplicando.
Hay quienes sueñan con Kicillof como candidato en 2019, aunque para eso el ex ministro deberá dar más que buenos argumentos. Debe empaparse más de la realidad económica de cada región del país, un punto que pasó por alto durante su gestión, concentrado en «batallas grandes» pero dejando pequeños flancos abiertos por donde se fugaron numerosos votos del Frente para la Victoria.
Un ejemplo de ello es la injustificable agonía a la que se sometió a las economías regionales. No sólo a las misioneras, sino a las de varios puntos del país. Las divisas generadas por la exportación de yerba, té, tabaco o madera, eran mínimas para el Estado nacional, pero fundamentales para los pequeños productores y la inversión derivada. Por años fue un reclamo de los empresarios pero recién ahora se levantaron. El fin de las retenciones significará unos 300 millones de pesos más en manos de los productores, a lo que hay que sumar otros cien por la devaluación del peso. De este modo, Misiones recuperará impulso en el mercado exportador, donde fue perdiendo terreno en los últimos años por la falta de competitividad.