“Me llamo Andrés Guazurarí, provengo de Santo Tomé de las Misiones y soy de la estirpe de los Ñaró”

“Me llamo Andrés Guazurarí, provengo de Santo Tomé de las Misiones y soy de la estirpe de los Ñaró”
Era una siesta de mucho calor y Belgrano pasaba revista al grupo de nativos que por propia voluntad se acoplaría al Ejército que rumbeaba hacia la Banda Oriental. Ya había recibido la orden de que se volviera de la expedición al Paraguay y asumiera la comandancia para sitiar a Montevideo, ciudad que seguía fiel al Rey de España bajo el mando del recientemente nombrado Virrey de Elío.
La armada realista dominaba los ríos y sus barcos bloqueaban el puerto de Buenos Aires, pero su ejército en tierra firme se mostraba débil y por allí había que atacarlo, de ahí la orden que recibiera.
A cada uno de los aspirantes en posición de “firme” le preguntaba su nombre y de qué pago provenía, con la sana intención de conocerlos y entablar un trato amistoso. De entre todos los allí presente le llamó la atención un mestizo de mediana edad con el torso desnudo, más bien bajo pero fuerte y musculoso, que al momento de responder a su pregunta contestó:
“Me llamo Andrés Guazurarí, provengo de Santo Tomé de las Misiones y soy de la estirpe de los Ñaró”.
La fluidez de sus palabras y la buena pronunciación del castellano, dicción de la que carecían los otros, fue lo que sorprendió al General, y con la finalidad de alargar la conversación le preguntó:
¿Sabes leer y escribir?
Sí, señor fue la contestación; y además hablo muy bien el portugués y sé algo de latín.
Me parece perfecto dijo el General, y agregó: Has dicho con orgullo que desciendes de la estirpe de los Ñaró, supongo que ha de ser una línea de hombres valerosos.
Así es, mi General. Precisamente, Ñaró en avañe-é quiere decir “bravo”.
Belgrano lo miró por un instante sopesando la inteligencia de su interlocutor, y dio por terminado el diálogo con el escueto:
Subordinación y valor, soldado. Puede retirarse.
Como usted ordene, mi General dando la media vuelta para perderse entre los demás reclutas, se retiró Andrés.
El hombre que se alejaba, exponente altivo de la nueva raza americana, exhibía un extraño lunar en forma de mamboretá en el omoplato del lado izquierdo de la espalda.
(Enviado por el escritor Rubén Emilio “Tito” García, texto de Misiones la República Utópica de los Jesuitas)
ANDRESGUASANTOTO

Monumento a Andrés Guacurarí y Artigas en Santo Tomé, Corrientes.

MAB



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