Tal cual se esperaba, hay furor en Chaco por la llegada de River

Los que pagan un hotel cinco estrellas para estar cerca de los jugadores; los que se van felices por haberlos visto cinco segundos a 50 metros y con una valla contra la cara; aullidos, flashes y autógrafos que se convierten en rutina

 

 

RESISTENCIA.- ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que un plantel de futbolistas fue simplemente eso? La llegada de River al hotel donde se aloja en Resistencia sirvió, por si hacía falta, para volver a comprobar que ser jugador es elevarse a una categoría distinta.

Patrulleros de la policía que le abren camino al ómnibus; huéspedes de un hotel caro que pagan lo que no pueden, en algunos casos, sólo para tenerlos cerca y, quién sabe, sacarse una foto en el desayuno; centenares de hinchas que se apelotonan contra un alambrado sin más esperanza que ver a sus ídolos cinco segundos y a 50 metros. Todo forma parte de un microclima que puede hacer confundir al más plantado, si se tiene el privilegio de ser eso que todos parecen querer ser: jugador de fútbol.

Foto: LA NACION  / Rodrigo Néspolo

River llegó a esta ciudad a jugar un partido que se le antoja incómodo, aunque su entrenador no quiera regalar el prestigio que tanto costó conseguir. La mira está fijada en la revancha contra Liga de Quito, el miércoles a las 19.45 (hora argentina), pero el calendario lo obliga a este stop and go. Y más allá, es obvio, está el objetivo que cerrará el año: el Mundial de Clubes, que comienza el 10 de diciembre. Lo tienen claro los propios chaqueños, que antes de que estacionara el colectivo matizaban la espera con el neo hit: «!Que de la mano del Muñeco vamo’ a Japón!», cantaban, como si la calle Perón del centro de Resistencia fuese la avenida Udaondo, allá en el Monumental. ¿Cuántos de estos 500 hinchas que gritan lo conocerán?

A las 21.41, cuando Marcelo Gallardo dio veinte pasos entre el ómnibus y la puerta del hotel, se activó ese espacio de tiempo que tarda lo que demora en bajar el último: tres minutos de aullidos de chicas, efervescencia de muchachos y fogonazos de flashes de teléfonos móviles. Tratando de contener lo que no hacía falta, alrededor de 15 policías enarbolaban Itakas: una amenaza poco subliminal. Cuando el miniespectáculo terminó (Gallardo y Rodrigo Mora, al tope de las ovaciones), otro policía, más parecido a los que estaban detrás de las vallas que a sus colegas enojados, se acercó a dos compañeros: «¡Mirá, me firmó Maidana!», se sobresaltó. Justamente el defensor y Leo Ponzio son los únicos integrantes de la delegación de 18 jugadores que también estaban en River el 25 de enero de 2012, la última vez que el equipo jugó en esta provincia. Aquella noche se fueron derrotados de un superclásico, y con el pesado cartelito de estar en la B, algo que les recordaban a cada instante.

Hoy, los dos dos volvieron a Chaco como campeones de América. O rockstars de la época, vaya a saber.

Fuente: Canchallena.com.ar

 



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