Enemigos oportunos

En enero, Alexis Tsipras llegó al poder a caballo de la promesa de combatir los poderes que ahogaban a la economía griega. Prometió terminar con la austeridad y la pobreza. Presentó su renuncia apenas siete meses después. Quiso ser el Néstor Kirchner de Grecia y terminó como el Fernando De la Rúa de la Argentina. La diferencia es que no tuvo la firmeza para soportar las presiones y sus convicciones quedaron en la puerta de la Casa de Gobierno. Incluso, después de haber recibido un rotundo respaldo del 63 por ciento de los griegos en un referéndum no pudo cumplir su promesa de romper con las recetas ortodoxas y el sometimiento a la Troika europea.
Grecia enfrenta una profunda crisis económica desde hace más de cinco años, que hoy se ve materializada en un desempleo del 25 por ciento. La llegada al poder de la coalición Syriza nada hizo por cambiar ese drama. El país está hoy más endeudado que antes y aceptó vergonzantes condiciones de salvataje como la privatización por décadas de sus principales activos y nuevas reformas impositivas y de seguridad social. Ángela Merkel, ama y señora de la poderosa Alemania que domina Europa, ya anticipó que el futuro gobierno helénico debe cumplir con las mismas humillantes condiciones que aceptó Tsipras si quiere seguir recibiendo la aspirina para paliar la agonía.
Tsipras deberá resolver con su conciencia si el fracaso fue una imposición o la consecuencia de la falta de templanza para afrontar un desafío mayúsculo. La izquierda griega cree que él es el responsable y no está dispuesta a acompañarlo más allá de la puerta del cementerio. Pero será muy difícil recomponer esa confianza ganada en las calles durante los últimos años. Hay desencanto y, sobre todo, un sentimiento de derrota. Sin dudas, Grecia ha sido un gran triunfo para el modelo financiero que domina el mundo, después del desafío de Argentina. La imitación fue frenada a tiempo y eso significa un duro golpe para otros países que están en la misma situación.
El poder escondido detrás de las finanzas globales está demasiado lejos de retroceder y por eso no puede permitirse que surjan más Néstor o Cristinas que se animen a desobedecer las recetas tradicionales. Argentina puede ser una excepción a la regla, pero réplicas, son intolerables.
El centro de la presión no proviene, sin embargo, de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional o los fondos buitres. Hay un nuevo eje que tiene a Merkel como protagonista, con un imperio virtual incluso mayor al soñado por el Führer. Merkel aplastó Grecia y envía señales a toda Europa de que es la que manda.
En su fugaz visita a Brasil advirtió que las empresas alemanas “quieren y están dispuestas a invertir más”, en el gigante vecino pero para ello necesitan “condiciones de inversión confiables”, es decir, con las condiciones alemanas.
Dilma en Brasil, que a menos de un año de haber sido reelecta soporta uno de los más duros embates de la oposición, necesita de señales de “inversión” que le den aliento a una economía que se echó a dormir la siesta.
El gobierno brasileño enfrenta una feroz operación política de sectores de la oposición en una alianza con los grandes industriales que le reclaman recuperar una mayor tasa de ganancias y el achique de los gastos del Estado, que en buena parte sostienen la inclusión de millones de brasileños que lograron salir de la pobreza en los últimos años. El irónico pão con mortadela -el pancho y la coca- repartido por los manifestantes anti PT revela las visiones clasistas que emergen de las marchas que piden el impeachment de Dilma.
Dilma se encuentra en una encrucijada y sólo el sostén político de Lula Da Silva frena una caída. Pero su gestión está marcando retrocesos con la de su antecesor. Ganó las elecciones con el argumento de que la oposición impulsaría medidas neoliberales que afectarían los derechos adquiridos y las políticas sociales. Sin embargo, para dejar contentos a los sectores más reaccionarios, Dilma nombró ministro de Economía a un neoliberal extremo, Joaquim Levy en Hacienda, un economista de la escuela de Chicago que hizo lo que sabe: aplicar recetas tradicionales. Elevó la tasa de interés y, para asegurar un superávit primario de 1,5% en 2015, se aplicaron restricciones a los derechos laborales como el acceso al seguro de desempleo y otros. Para coronar la línea abiertamente neoliberal, dispuso a fin de año un enorme recorte del presupuesto federal. La receta tuvo el efecto lógico: mayor caída de la actividad, incremento del desempleo y pérdida de representatividad en las bases sociales, que aunque salieron a la calle a favor de Dilma, le advirtieron que no están dispuestas a soportar un ajuste.
El sector económico y financiero, que lejos estuvo de perder plata con el PT, reclama más y pretende sacarse de encima las «limitaciones» del Mercosur para poder negociar exportaciones directas a Estados Unidos o la Unión Europea. Nada demasiado distinto a las recetas económicas que proponen en la Argentina sectores de la oposición o bloques económicos como la Sociedad Rural y la Unión Industrial.
Aunque lo que pase en Brasil tiene un impacto directo en este lado de la frontera y los demás socios del Mercosur, Argentina viene capeando el temporal pese a algunas luces de alarma, potenciadas por el tiempo electoral.
Uno de los datos positivos que mostró la Argentina en estos días es el desempleo, que tocó un mínimo de 6,6 por ciento, la cifra más baja desde 1991. Es una tendencia que contradice la corriente global. Brasil tiene 8,1 en mayo más 1,2 con respecto al 2014; España, 22,5; Grecia, 25 por ciento; Italia, 12,7 por ciento; Francia, 10 por ciento. Alemania se mantiene en 6,4 por ciento.
Los datos son altamente positivos para Argentina y tienen su correlato en el crecimiento del consumo -registrado por las Cámaras empresarias-, la venta de combustible y la recuperación del mercado de ventas de vehículos. Sin embargo, la oposición no hizo más que burlarse de los datos dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Es cierto, el organismo no tiene una credibilidad impoluta, pero nadie puede negar que hoy no hay un problema de empleo en la Argentina, con salarios que además están protegidos por paritarias y una red de contención social que también inédita.
Basta recordar indicadores previos -cuando el Indec era creíble- para comparar políticas.
El desempleo no había constituido un problema serio en nuestro país ni aún en las peores épocas de la hiperinflación, cuando las cifras de desocupación rondaban entre el 7 y el 8 por ciento de la población económica, señala una ponencia de los investigadores Ernesto Bilder y Nora Díaz. Pero a partir de la implementación del sistema de convertibilidad monetaria en 1991, las políticas antinflacionarias de shock se tradujeron en medidas de desregulación de los mercados y privatización de compañías públicas en sectores como la energía, las telecomunicaciones y las finanzas. Las consecuencias constatadas han sido que a la disminución de índices inflacionarios le ha correspondido el crecimiento de la desocupación.
Desde 1991 la desocupación no paró de crecer hasta la explosión de la crisis en 2001. En el primer año de la Alianza, cuando la ministra de Trabajo era la hoy PRO Patricia Bullrich, la desocupación pasó del 13,8 al 14,7 por ciento y quienes tenían trabajo, debían enfrentar una precarización laboral que era blindada por leyes, incluso aquellas que terminaron en el escándalo de los sobornos.
El nivel de desocupación aumentó 25 por ciento entre 1999 y 2001. Domingo Cavallo volvió con más ajuste durante el tembladeral de De la Rúa y el desempleo se tradujo en un crecimiento exponencial de la pobreza que rozó el 60 por ciento en el país.
Escuchar las ironías sobre la desocupación de boca de radicales o dirigentes que forman parte de la alianza con el PRO que cobija a Bullrich, suena a tomada de pelo. Deberían, por lo menos, llamarse a silencio por su pasado y porque lo que ofrecen sus economistas actuales, no es diferente a aquello que postulaba Cavallo. Carlos Melconian, uno de los economistas favoritos de Macri, no es demasiado distinto de aquel.
Para el grupo de asesores del candidato PRO, es «fascista» que «el Estado se meta en las paritarias» y es «inexorable» hacer un ajuste. “El asunto es si el ajuste se hace de golpe o a los golpes”, como definió Miguel Ángel Broda.
Está claro que cuando el desempleo crece, las paritarias son innecesarias. El sindicalismo y los propios trabajadores, rápidamente se concentran en defender sus puestos, aunque deban resignar aumentos. Eso también se pone en juego en octubre.
“Yo estoy absolutamente convencida de que los compañeros que llevamos como candidatos a presidente y vicepresidente de la República van a seguir y continuar con estas políticas. ¿Saben por qué? Porque han participado de ellas pero fundamentalmente porque hay un pueblo que no está dispuesto a dar ni un solo paso marcha atrás y ellos también quieren formar parte de esta gloriosa historia”, les dijo a los militantes la presidenta Cristina Fernández después de firmar un nuevo acuerdo de refinanciación de deudas con las provincias, en un acto en el que Misiones estuvo representada por el vicegobernador Hugo Passalacqua.
Posadas es una de las ciudades con menor desempleo del país y mucho tiene que ver la fortaleza del Estado para volcar recursos a la economía.
La tasa de inversión en obra pública se duplicó este año, como reveló el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán, lo que motorizó la recuperación de la mano de obra en la construcción, lo que a su vez, se traduce en un derrame automático en el circuito económico.
La inversión del Estado, como se ve, tiene un impacto directo en el empleo. Pero también en forma indirecta muestra su influencia. Los programas sociales son un soporte para las familias y las becas como el Progresar, ayudan a que el joven no se vea obligado a buscar trabajo para solventar sus estudios.
Que haya sectores concentrados y políticos que desprecien el rol del Estado, es comprensible. Son visiones clasistas cuyos orígenes se remontan a los días de la explotación colonial y persisten aún con los realistas fuera de América.
Sorprende en cambio que haya facciones gremiales y sociales que tengan como único enemigo al Estado.
En Misiones hay un grupo de sindicalistas que hacen de la huelga su único motivo de existencia y que socavan con su accionar un servicio esencial como la educación. En lo que va del año, el autodenominado movimiento “pedagógico” de “liberación” lleva más de 30 días de paro sin ningún argumento sólido que justifique tamaño daño a la educación de los niños.
Hace años que el salario docente dejó de estar congelado y se actualiza en paritarias permanentes que son avaladas por todos los gremios reconocidos.
Hoy el 6,5 por ciento de los docentes misioneros tributa Ganancias sobre un universo de 30 mil.
En 2015 los docentes recibirán un incremento promedio del 35 por ciento -que va mucho más allá en los cargos directivos-, superior a lo que consiguió el camionero Hugo Moyano, que pactó una suba del 31,5. Los acuerdos alcanzados se dan en una mesa de diálogo que tiene a todos los gremios mayoritarios.
Sin embargo, este reducido grupo de ¿docentes? prefiere seguir sin cumplir con su función esencial, que es educar. Los argumentos varían de acuerdo al momento. Grilla salarial, estatuto, más aumento, más en blanco, nuevos adicionales… Cualquiera sirve con tal de no ponerse frente al pizarrón.
¿Qué tipo de «pedagogía» pueden practicar quienes anteponen sus intereses individuales ante una necesidad colectiva como la de aprender? Las sucesivas huelgas afectan a no menos de 30 mil chicos que a este ritmo, con suerte alcanzarán 120 días de clases, cuando el resto de sus compañeros tendrán 180.
Las huelgas son motorizadas por dirigentes que tienen una dudosa inmunidad sindical y que cobran cerca de 20 mil pesos en promedio, mientras exponen a sus seguidores a descuentos y sanciones, que, otra vez, alimentan nuevas huelgas, como la predecible reacción actual a las quitas.
Raro es que, habiendo tantos «indignados» con la política, no haya un llamado de atención social sobre el impacto de este sindicalismo mal entendido.
La educación ha estado en los últimos años al tope de las prioridades del Gobierno provincial y es el área que más recursos recibe del presupuesto. Pero la política educativa entiende a la educación con el eje puesto en el alumno, al que rodea de mejor infraestructura y acceso con escuelas nuevas y más ofertas en cada uno de los municipios. Los docentes son una parte fundamental de la educación, pero no hay educación sin niños y quien no lo entienda, debería dedicarse a otra cosa.
La fortaleza de estos «piqueteros» de la tiza no se traduce en un respaldo social. Mónica Gurina, una de las que «acampa» durante algunas horas en la plaza 9 de Julio, cosechó en las PASO apenas 4.262 votos como candidata a parlamentaria del Mercosur. Menos votos que en una interna sindical de la Unión de Docentes de la Provincia de Misiones. El líder piquetero Rubén Ortiz también fue rechazado en las urnas cuando fue candidato a intendente de Montecarlo y sacó un puñado de votos.
Sin embargo, hacia allí van los políticos de la oposición a buscar la foto y a cuestionar el «destrato» del Gobierno. ¿En su gestión priorizarán a este grupo por sobre el resto? Parecen olvidar que más del 90 por ciento de los docentes está dando clases y que los principales gremios están conformes con las negociaciones salariales. De hecho, son muchas las voces que se alzan a favor de que se les aplique descuentos a los «colegas» que no trabajan.
Pero en el desconcierto de la oposición, cualquier elemento «suma». El resultado de las Primarias no hizo más que evidenciar que no hay una oferta consolidada de cara a octubre y la desesperación cunde especialmente en el radicalismo, que por estos días protagoniza una de las páginas más deshonrosas de su historia. Sin candidato a presidente por la previsible derrota de Ernesto Sanz ante Macri, se ve obligada a mendigar poder llevar al intendente porteño como candidato, pese a que el PRO ya dejó explícito que sólo podrá hacerlo el converso Alex Ziegler, la nueva esperanza del partido amarillo. Está claro que sin candidato a presidente las opciones del radicalismo se reducen a cero, pero sorprende el nivel de bajeza con la que manosean a su candidato, Gustavo González. “Solos somos débiles”, admitió el diputado nacional Luis Pastori, en un desesperado intento por sellar una alianza que el PRO desprecia.
Lo cierto es que legalmente Hernán Damiani no podría llevar a Macri porque el radicalismo compitió con el PRO en las primarias aún cuando compartían la alianza nacional. En la Provincia, ya venció el plazo para formalizar alianzas y el radicalismo volvió con sus viejos socios, mientras que el PRO sumó a un par de partidos pequeños.
La única alternativa es que el radicalismo se diluya y se encolumne detrás de Ziegler, pero sin el sello de la UCR, solo con sus dirigentes. La oferta, masticada por muchos dirigentes, no seduce al PRO, ya que en soledad, gane o pierda en octubre, está en condiciones de sumar tropa propia, sin necesidad de compartirla con socios de ocasión.
La lectura mayoritaria en el radicalismo es que el escaso entusiasmo despertado en la sociedad obedece exclusivamente a que no se conformó una gran alianza opositora. Son pocos los que advierten que, en realidad, la pobreza electoral puede responder al vacío ideológico de un partido que supo tener en alto las banderas sociales, pero que en los últimos años dio un giro inexplicable a la derecha. ¿Por qué votar al radicalismo como falsa opción si el PRO ya ofrece lo mismo sin disimulos? En cambio, en 2013, la última vez que el radicalismo construyó una propuesta en soledad, los misioneros sí vieron al partido como una opción. Sacó tres veces más que en las PASO.
Muchos votos se fugaron de las estructuras, pero siguen sosteniendo las mismas banderas. No es casual que Vanguardia, el grupo creado a partir del rechazo a las negociaciones con el PRO, haya sumado un importante flujo de votos para el kirchnerista Héctor «Cacho» Bárbaro, quien, en cambio, perdió terreno en sus territorios habituales.
En Posadas el grupo Vanguardia decidió jugar fuerte y se sumó de lleno a la campaña de Joaquín Losada como candidato a intendente. Las vueltas de la vida, los hermanos Joaquín y María vuelven a estar en el mismo espacio político después de la ruptura que dio vida a la Renovación. María se quedó en la UCR hasta que fue expulsada junto a Hugo Escalada -ambos por no aceptar el coqueteo con el PRO- y Joaquín fue uno de los que desde un primer momento estuvo en las filas renovadoras.
Está claro que en la Renovación hay una coherencia ideológica que se cimentó desde su génesis, con Carlos Rovira y Maurice Closs como estandartes. Esa concepción, que puede tener sus matices, se mantuvo a lo largo de los años y puso en hechos lo que pregonaban las ideas. La sociedad puede estar o no de acuerdo con esta forma de hacer política, pero está claro que lo que ofrece está a la vista, sustentada por una profunda transformación de la provincia en los últimos años.
Quedan dos meses de campaña para las generales. La Renovación seguirá transitando el tiempo político con la bandera de la gestión en alto. La oposición todavía tiene tiempo para alquimias electorales.



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