Recuerdan hoy el combate de Andresito contra los portugueses en Apóstoles

“Los misioneros guaraníes fueron atacados el 2 de julio (1817) temprano y saldrían al encuentro de los atacantes con gran algazara y enarbolando bandera encarnada, simbolizando la guerra total, sin toma de prisioneros. A la postre esta postura sería clave en el desenvolvimiento y resultado de la batalla», cuenta en su libro el escritor Jorge Francisco Machón.

 

Nos dice al respecto de esta trascendental batalla del espacio misionero en tiempos de la revolución independentista Jorge Francisco Machón, que habiendo analizado la documentación portuguesa que tuvo oportunidad de analizar, “los autores brasileños del siglo pasado nos presentan la Batalla de Apóstoles como un triunfo de las huestes de Chagas, justificando el abandono del pueblo por la falta de caballada y las inclemencias del tiempo. Martín de Moussy en 1857 y el Padre Gay en 1863 reconocen que los portugueses fueron rechazados con pérdidas y obligados a dejar el territorio invadido, dejando dueño y señor de las Misiones comprendidas entre el Paraná y Uruguay a Andrés Artigas; ambos habían tenido conocimiento de un testimonio más imparcial en lo que se refiere a la actuación del jefe portugués: las Memorias de Almeyda Coelho”. Nosotros no las reproducimos acá por razones de espacio.

Lo que sí cabe consignar es que el Comandante de las Misiones Orientales Brigadeiro Francisco das Chagas Santos inicia a mediados de 1817, la segunda invasión a Misiones con una fuerza similar a la empleada en la primera de principios de año, compuesta por unos 500 hombres, no solamente compuesta por milicianos de frontera y algunos naturales sino también por tropas veteranas del Regimiento de dragones do Rio Pardo y la Infantería de Santa Catarina, creyendo en la oportunidad repetir aquello de “venir, llegar y vencer”. Los guaraníes misioneros se lo impidieron transformando su campaña en “llegar, ver y volver”.

Sigue diciendo Machón: “Los misioneros guaraníes fueron atacados el 2 de julio temprano y saldrían al encuentro de los atacantes con gran algazara y enarbolando bandera encarnada, simbolizando la guerra total, sin toma de prisioneros. A la postre esta postura sería clave en el desenvolvimiento y resultado de la batalla. La lucha se entabla ya en las afueras del Pueblo y es cruenta y encarnizada, llegando los portugueses, muy superiores en número, desde el arroyo Cuñámanó intentando llegar a la Plaza Mayor. El ataque es feroz y obliga a los misioneros guaraníes a replegarse y buscar refugio en la Iglesia y el patio del colegio, donde atrincherados repelen una y otra vez los embates de los lusitanos con repetidas salvas de artillería por partes de ambos bandos con muchos muertos y heridos. En las primeras horas de la tarde reciben los defensores de Apóstoles el apoyo de la caballería al mando del Comandante General de Misiones Andrés Guacurarí y Artigas. No lo pudo parar el Capitán luso José María Gama y entró en combate prestamente Andresito logrando con el ímpetu de su ataque poner en fuga a Chagas y su tropa, habiendo sido este jefe portugués herido en un hombro en la contienda. No es difícil concluir las razones por las que Chagas ante la alternativa de caer en manos de los guaraníes misioneros decidió prestamente repasar el Uruguay con sus tropas y dejar la zona en manos de Andresito.

Los guaraníes misioneros defensores de Apóstoles asistidos a tiempo por su Comandante General Andrés Guacurarí y Artigas vengaron en la batalla de Apóstoles tanta muerte y destrucción que le había ocasionado este verdadero “Atila del Uruguay” y de haber sido otro el resultado de la batalla Chagas hubiera repetido su actuación anterior y ahora destruyendo Apóstoles, San Carlos y San José, al mismo tiempo que nuevamente hubiera avisado a los paraguayos que Candelaria estaba a su disposición, concluye afirmado el Profesor Machón.

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El Comandante General de Misiones Andrés Guacurarí y Artigas, recientemente promovido al grado de General argentino post mortem por Decreto N° 463/14, definió la Batalla de Apóstoles con su intervención personal al mando de doscientos Centauros de la Patria.

(Fuente: Colaboración de  Juan Manuel Sureda, presidente de Flor del Desierto).

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