El futuro de la música mundial volvió a maravillar en las Cataratas del Iguazú

María Andreeva cumplió quince años y recibió el mejor regalo. La adolescente rusa recibió una ovación a los pocos minutos de haberse iniciado el Iguazú en Concierto cuando tomó la batuta de la inmensa orquesta intercultural de la que hace seis años forma parte ininterrumpidamente. Violinista, pianista, cantante y ahora directora. Es la viva imagen de la evolución del espectáculo musical que ya es una marca registrada de Misiones al mundo.
María se destaca por su excelencia, pero detrás de cada uno de los rostros de estos 800 niños de todos los continentes, hay una historia de pasión por la música que se expresa desde los primeros años. La alegría de sus risas contagia y cuando cada uno toma su instrumento, es imposible no emocionarse por esa conjunción perfecta que olvida los idiomas distintos, las diferentes culturas y hasta antagonismos de sus países de origen.
Maria Andreeva

El Chango Spasiuk, el artista misionero que también deslumbra al planeta con su acordeón, fue el padrino de la sexta edición del Iguazú en Concierto. Hombre de culturas mezcladas, encajó a la perfección en la argamasa juvenil y hasta pasó casi desapercibido por la magnitud de un espectáculo que cada año se supera a si mismo.
La sexta edición del espectáculo organizado por el ministerio de Educación de Misiones, con el respaldo del Consejo Federal de Inversiones y UNICEF Argentina, fue un viaje entre tiempos y culturas. Arrancó con Zarathustra, de Richard Strauss y por primera vez, un grupo de chicos de Corea llegó hasta las Cataratas del Iguazú para traer su cultura milenaria y una coreografía con abanicos que fue la gran nota colorida de la tarde.
La lluvia del sábado fue apenas una anécdota. El domingo amaneció nublado, pero a la hora del show, el Sol se dejó ver y la música sonó para maravillar a unas cinco mil personas que coparon los jardines del hotel que está a los pies de las Cataratas.
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Hasta allí llegaron mariachis, la música griega, el country de Estados Unidos, las marimbas de África, músicos europeos y asiáticos, los vecinos de Brasil y Perú, músicos de otros múltiples países y el ballet del Teatro Colón, ya que este año, además se incorporó la danza como partenaire de las ejecuciones musicales.

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Daniil Bulayev tiene 10 años y vino desde Letonia. Ganó como solista el Iguazú en Concierto Audition y deslumbró en el escenario. Con una soltura inusual, arrancó los primeros aplausos con el violín. Pero apenas era una muestra. Subió al escenario su compañera de baile, Veronika Antoscenko, un año menor. Y todo estalló. La parejita de baile arrancó una intensa ovación después de un rock enloquecido que ni Elvis podría haber bailado mejor. Aplausos interminables premiaron la coreografía que estuvo condimentada por la simpatía de los dos niños, envidia de cualquiera al que le guste el baile.
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La alegría siguió con el Mambo y la primera emoción llegó con el Cóndor pasa, como preludio a la entrada del Chango Spasiuk, el artista misionero que lleva la música de estas tierras a todo el planeta. Esta vez le tocó ser el padrino y su acordeón se acopló a cientos de instrumentos tocados por cientos de chicos que quizás sueñen con ser los exponentes de sus culturas como lo es el músico apostoleño.

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El chotis “Sombrero de Paja”, del disco Tarefero de Mis Pagos, fue el elegido por el Chango para cerrar su participación en el Iguazú en Concierto. Elección que representa sus propias raíces mezcladas, igual que la combinación de pieles, culturas, voces, lenguas y risas, que se desplegaron en el escenario mayor.
Después del encuentro emocionante entre la experiencia y la juventud, llegó la hora de despedirse con un clásico de María Elena Walsh que anticipa la séptima edición que se realizará entre el 23 y 28 de mayo de 2016: “Que se vengan los chicos”.

 



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