Humo. Zaffaroni fuma varios cigarrillos al día, pero compensa con la natación.

“La partidización de la Justicia es un grave riesgo institucional”


De la Corte lo que extraño es el chofer. Me gusta manejar, pero Buenos Aires tiene dificultades para encontrar estacionamiento, entonces, lo que extraño es el chofer”. Eugenio Zaffaroni camina lento en unas zapatillas negras de una conocida marca global. Viste un pantalón de hilo color beige y una guayabera blanca a tono con el calor agobiante de la tarde misionera. Su alta figura impone respeto, pero no se parece demasiado a la que uno imagina de un jurista de prestigio internacional. Arrastra un aire latinoamericano, quizás herencia de sus años vividos en México y sus constantes viajes por países de toda la región.
Con los 75 años, justos para renunciar a la Corte Suprema, Zaffaroni muestra un semblante sonriente y asegura que además del despacho, perdió peso. “Estoy perfecto, recuperando mi forma humana. Hago natación, aparatos, ejercicios. Me vuelven a caber los trajes”, se ríe.
El ex juez de la Corte Suprema vino a Misiones a recibir la distinción de Honoris Causa de la Universidad Gastón Dachary y presentar junto al vicegobernador Hugo Passalacqua el Observatorio de Delitos Dolosos, que recopilará datos de homicidios para poder planificar políticas para mitigar los hechos de violencia. Además disertó sobre Multiculturalismo y derecho en las sociedades latinoamericanas.
En una entrevista con Misiones On Line calificó de “adefesio” la denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Fernández por el supuesto encubrimiento del atentado a la AMIA, acusación que fue desechada por el juez Rafecas. También advirtió sobre una “peligrosa” partidización en el Poder Judicial que “no le hace bien a la democracia”.

¿Qué opinión le merece la decisión de Rafecas de desechar la denuncia de Nisman?
No leí lo del juez. Pero el escrito es una cosa muy rara. Eso es objetivo, no hay una hipótesis extraña. La lectura de las fojas de Nisman causa una sensación muy extraña. Nisman firmó ese escrito, no lo hizo. Es muy claro. El pobre Nisman de ninguna manera lo hizo, no se qué pasó ahí. Era un hombre con oficio, fiscal de muchos años. No lo he conocido, no se que conocimientos jurídicos o teóricos tendría, pero no se trata de nada teórico, sino de que ese escrito no lo hizo un abogado. Está hecho por varias manos, en un corte y pegue de computadora. Trabajaron por lo menos tres personas o tres equipos. Está lleno de citas periodísticas, no tiene una sola cita jurídica ni de jurisprudencia ni de doctrina. Ya desde el comienzo es una cosa rara: un fiscal viene a denunciar a fulano de tal por tal delito. No, de entrada dice “Vengo a denunciar un plan criminal y una confabulación”. Ningún fiscal pudo escribir eso. Ese escrito no es de Nisman. No se qué lo determina a interrumpir su viaje y venir a firmar eso. Es reiterativo, como fue un corte y pegue, no tiene una sola remisión en todo el escrito, las consideraciones jurídicas que hace, las escribe en una página y media, son tres figuritas del Código Penal, no individualiza las responsabilidades de los acusados, no dice de qué se los acusa. A lo largo de todo el escrito, no se da cuenta el que lo hizo o los que lo hicieron, que denuncian hechos preparatorios, no denuncian hechos de tentativa. El único hecho de tentativa sería la conducta del canciller (Héctor) Timerman de ir a decirle a Richard Noble (ex director de la Interpol) que levante las alertas rojas. De lo cuál no hay ninguna prueba. Todo indicaría que Timerman se reunió con Noble para decirle “no se te ocurra hacer eso”. Pero después sale Noble y lo dice periodísticamente. No se qué determinó a este muchacho a firmar ese adefesio. Es un adefesio que no está hecho por un abogado”.

¿Cree que la denuncia formó parte de un plan para desestabilizar al Gobierno?
Daría esa impresión. No se si de desestabilizar. Tanto como desestabilizar no se, creo que hay un intento de desprestigiar, de que no sea que el proyecto se continúe. Desestabilizar no creo que sea el tiempo. Este año el pueblo se pronunciará. Y tendrá que pronunciarse sobre la continuación de este proyecto que es un proyecto de desarrollo u otro camino. Espero que sigamos por un camino de desarrollo, que sirva para ampliar las fuentes de trabajo, atraer inversiones y obras.

¿Le pareció correcta la determinación del Gobierno de disolver la ex Side?
Eso debería haberse hecho hace unos cuantos años. No era un secreto lo que estaba pasando, no era un secreto que había una autonomización, eso estaba claro. En la seguridad del Estado, de los habitantes, en la Defensa nacional, que uno tenga un servicio de inteligencia que no sepamos para quien trabaja, es grave. Un servicio de Inteligencia debería hacer contraespionaje, pero este hacía espionaje pagado por nuestros impuestos.

¿Qué opinión le merece la calificación de “partido judicial” que hizo la Presidenta sobre quienes marcharon el 18 de febrero?
La partidización de la justicia es muy grave para toda la justicia. Pero la inmensa mayoría de los jueces no está en eso. Puede que la culpa de ello sea ser indiferente. Pero la inmensa mayoría de los jueces, provinciales o federales, cada uno hace su trabajo, con sus propias ideas, algunas criticables ideológicamente, pero no están en esta. Pero si una minoría hace esto y la mayoría permanece silenciosa, al final el pueblo se da cuenta que acá se juegan intereses de un sector y el desprestigio, a la larga, va a recaer sobre todo el poder, porque la gente no distingue. Como fue con la política, como fue con las fuerzas armadas. No creo que todos los militares sean asesinos, no, eso no es cierto. Pero cuando la cosa se generaliza, ese es el riesgo que se corre. Es un grave riesgo institucional. Si eso pasa, en algún momento alguien tendrá el campo libre para hacer con la Justicia lo que se le de la gana. Y eso es grave.
Justamente, algunos jueces misioneros consideraron que los fiscales que convocaron a la marcha, no los representan…
Representan un interés sectorial que hasta ahora se defendía de una manera discreta. Pero de repente pasó a ser una partidización abierta. No porque no haya pluralismo ideológico, que tiene que haber y es correcto, porque es la única garantía de neutralidad que tiene la Justicia. Pero una cosa es el pluralismo ideológico, donde uno decide una cosa porque media biblioteca dice una cosa y la otra, otra cosa. Cada juez tiene su cosmovisión, sus ideas. No es cierto que el juez tiene que ser una persona neutral, una pieza ideológica, apolítica, asexuada. Hay que conocer de donde vienen. La humana imparcialidad es el pluralismo. Pero una cosa es el pluralismo y otra es cuando se hacen cosas que no hay ningún folleto que lo diga.

¿No está mal que un juez diga que política le gusta?
No, a mi juicio no. Todos la tienen. Al contrario, es bueno que conozcamos para donde corren, así se lo controla más.

A quien postularon como su sucesor, le cuestionan una supuesta simpatía con el kirchnerismo….
(Ríe) Bueno, realmente Roberto Carlés, tiene un currículum político más cercano al radicalismo que al justicialismo. Más cercano a la Franja Morada en su trayectoria universitaria.

Trabajó con él ¿Qué puede decir sobre él para que sea considerado?
Es un muchacho joven con dos doctorados, que no es común a esa edad. No tiene un tratado, pero ¿quien lo tiene a esa edad? (todavía no cumplió 34 años) Representaría un gran papel en la Corte, una inyección de sangre nueva, es positivo refrescar la mirada. Es un aporte sumamente positivo y un desafío poner a alguien joven.

Reformas judiciales
Zaffaroni hace una pausa para sacarle el gas a su Coca Cola Light y para encender un cigarrillo Vogue, finito y largo, uno de los tantos que prenderá en el día. Es un vicio del que no quiere desprenderse, pero que compensa con horas y horas de natación, incluso cuando está de viaje, por lo que elige, generalmente, hoteles con piscinas.
Con su salida de la Corte, al cumplir los 75 años, el cuerpo quedó compuesto solo por cuatro miembros: el eterno Carlos Fayt, el presidente Ricardo Lorenzetti, Carmen Argibay y Juan Carlos Maqueda. La Presidenta postuló para cubrir la vacante a Roberto Carlés, el joven jurista que tuvo un rol decisivo como coordinador de la reforma del Código Penal.

Recuerdos.  El ex juez de la Corte dice que de allí, solo extraña al chofer.

Recuerdos. El ex juez de la Corte dice que de allí, solo extraña al chofer.

¿Cree que la Corte debe quedar con cinco ministros?
No. Cinco jueces, la única corte que tiene cinco es Uruguay. Nosotros somos 45 millones de habitantes, la concentración de poder en pocas personas no es buena en ninguna democracia. La Corte nuestra tiene entre las funciones expresamente previstas en la Constitución, el control de constitucionalidad normativa, y las funciones que asumió, que son casatorias, que no están expresamente dichas en la Constitución, pero hay una costumbre constitucional de 110 años. Es una Corte que ejerce funciones, en derecho constitucional comparado, que corresponden a un tribunal constitucional y a una corte de casación. Dejar eso en manos de cinco personas, primero es una enorme concentración de poder y segundo, asumir una función casatoria por parte de jueces que no son especialistas en todas las materias, que no pueden serlo, porque es imposible hoy, técnicamente, eso no funciona bien.

¿Deberían ser nueve ministros?
Nueve, once. Pensaría una Corte que se divida en salas para las cuestiones de arbitrariedad. Las cuestiones de constitucionalidad propiamente dichas, ahí que las resuelva el pleno, pero esas cuestiones se han convertido en minoría, no se si debe haber cien o 150 causas de inconstitucionalidad propiamente dichas. El resto es de arbitrariedad, que es una ampliación pretoriana de la propia Corte desde 1904. Eso sería el funcionamiento ideal, sin tocar la Constitución.

¿Se haría más ágil el funcionamiento?
No es que con cinco se hace más lento. Si sumamos más jueces y pensamos que el trabajo va a ser más rápido, no es cierto. Va a ser más rápido si se divide en salas, pero para las cuestiones de constitucionalidad, debe pasar por más ministros. El riesgo es concentrar en cinco personas la función de casación y constitucionalidad. Es un peligro.

Ya desde fuera de la Corte ¿qué reformas propondría para el sistema judicial?
Pasaría un poco en blanco el Consejo de la Magistratura. El Consejo lo soñamos en el 94 como un organismo que democratizase horizontalmente el Poder Judicial. No llegó a ser un cuerpo nunca. No tiene espíritu de cuerpo, que tendría que pelear con la Corte a ver quien tiene más poder. Lo tomaron como un parlamento. No llegó a ser un cuerpo administrativo, de algo de Gobierno. Además, desde la propia Constitución salió mal, como la reforma se hizo a las disparadas, por la reelección de (Carlos) Menem, hay cosas institucionales que quedaron como cables sueltos. No se dice como se integra, dice que se representa en forma equilibrada… si alguien me dice que es equilibrado, le agradezco. Después, en funciones, dice que la Corte gobierna y el Consejo administra. Comprar una bombita de luz es un acto administrativo y dictar un reglamento interno de la Justicia parece ser un acto de gobierno, pero en el medio hay una zona gris que es conflictiva. Esto determinó que el Consejo tuviera una primera ley que funcionó más o menos. La segunda que funcionó peor. Una tercera que fue declarada inconstitucional y ahora una cuarta que no votó nadie, que es la tercera con un pedazo de la segunda. Así está funcionando. Habría que sentar a los distintos sectores para ver como organizamos esto.

Da la sensación de que la Justicia es más accesible para quienes tienen recursos económicos ¿Cómo acercar la Justicia a quienes menos tienen?
No es fácil. Hay que aumentar el acceso a la Justicia. Hay que hacer campañas de educación jurídica, de la misma manera que la educación sanitaria. Crear una abogacía popular, hay que facilitar una especie de servicio social de estudiantes de derecho, como en medicina. Creo que además hay que crear tribunales que reemplacen a la vieja justicia de paz. Para conflictos pequeños, pequeños cuando uno los ve en términos macro, pero para quien lo padece no hay nada pequeño. Es un drama. Hay que generar una justicia barrial, quizás con participación popular para ese tipo de conflictos.

¿Volvería a la política?
No, como candidato no se me ocurre. ¿Ser candidato a que? ¿A diputado? No. Seguiré en la docencia, no me inhabilito a futuro, pero por el momento no.
También despuntará el vicio como abogado. Mañana mismo se pondrá el traje de defensor en un juicio que concitará mucha atención: representará al juez Axel López fue enviado a juicio político a raíz de algunas excarcelaciones polémicas que concedió a personas que luego reincidieron en delitos graves. Pero Zaffaroni nada con comodidad en las polémicas y se anima a desafíos que no son muy normales en el mundo jurídico.



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