Volvió a caer el “Estafador de las mil caras” en Córdoba, ahora por disfrazar a su madre de jueza del Tribunal Superior de Justicia

Convenció a un preso de que le pagara una supuesta coima para que lo liberaran antes. En el plan hizo pasar a su mamá como una de las ministras del Tribunal Superior de Justicia, incluso la hizo disfrazar. Ambos fueron detenidos. Ya se había hecho pasar por médico y había engañado a vendedores de autos.

Su carrera de estafador ya lleva casi una década. A mediados de los 2000, lo procesaron por ir a concesionarias de coches fingiendo ser un cliente, pedir que lo dejaran probar autos cero kilómetro y quedarse con las llaves para luego llevárselos. En 2010, se hizo pasar por un reconocido médico de una clínica cordobesa para engañar al vendedor de una casa de electrodomésticos, convencerlo de que le entregara dos televisores led en el hall del centro médico y escapar con el botín. Terminó preso, pero allí encontró una nueva oportunidad: tramar un engaño que incluyó a su propia madre en el rol de falsa jueza del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba (TSJ).

Alberto Humberto Capelli (38) fue condenado por la estafa al vendedor de electrodomésticos en marzo de 2011. En el penal de Bouwer, conoció a otro preso que purgaba una pena mayor que la suya. Se convertiría en la nueva víctima del “hombre de las mil caras”, como lo conocen los detectives de la División Delitos Económicos de la Policía cordobesa.

En las últimas semanas, pronto a recuperar su libertad, Capelli le dijo al otro preso que había conseguido un beneficio por izquierda. “Me largan antes, porque tengo un contacto en el Tribunal Superior de Justicia. Es caro, pero vale la pena”, le confió.

Con el paso de los días, Capelli le fue contando a su compañero el avance de las negociaciones que supuestamente iba llevando adelante. Y hasta “se resfrió” –habló de más, en la jerga– y fingió que se le escapaba el nombre de su contacto corrupto en la Justicia: Marta Cáceres de Bolatti, vocal del TSJ.

El otro detenido le empezó a insistir a Capelli para que lo conectara con la jueza del TSJ. “El estafador de las mil caras” –conocido así por su capacidad para disfrazarse y encarnar distintos personajes– le prometió hacer las gestiones.

En octubre pasado, finalmente, Capelli salió libre. Pero antes les aseguró al otro preso que no se olvidaría de él.

No pasaron dos días cuando Capelli recibió el llamado de la madre del detenido, ansiosa por lograr la liberación de su hijo antes de las fiestas de fin de año. El estafador, entonces, contactó a la mujer con su propia mamá, Carmen de Capelli (60), y acordaron una cita.

Las dos mujeres se reunieron a los pocos días. La madre de Capelli se vistió con su mejor ropa y se hizo pasar por la influyente vocal del Tribunal Superior de Justicia cordobés. Junto a la mamá del detenido, repasó el expediente de su hijo y le prometió llamarla a la brevedad. Cumplió: le anunció que liberar al preso antes de Navidad costaría 90.000 pesos.

La mamá del detenido pagó una primera cuota. Y se comprometió a completar el saldo en cuotas. Entre tanto, cada vez que recorría los 15 kilómetros para ir a ver a su hijo se esperanzaba con que nunca más haría ese viaje.

Pero tras el primer pago, la falsa jueza Cáceres de Bolatti le puso nuevos requisitos a su clienta. Exigió otro pago y la entrega de un auto, un Renault Logan. Desconfiada por la voracidad de la funcionaria judicial, y enojada por la falta de resultados, la mujer hizo algo inesperado: fue a las oficinas del TSJ, en el Palacio de Tribunales I, en pleno centro cordobés. Furiosa, exigió hablar con la vocal.

La secretaria que la atendió se dio cuenta que algo no andaba bien cuando la mujer le reclamó: “¡Qué no se esconda! Ya le pagué una buena cantidad de plata para que libere a mi hijo y ella no cumplió. ¡Quiero verla ya!”.

La mujer fue remitida a la División Delitos Económicos, donde describió a la falsa jueza –cuyo aspecto no encajaba para nada con la verdadera– y contó que había solicitado varios créditos para poder pagar la coima exigida. Y que ya no podía pedir más porque no tenía capacidad de pago.

Fue así que el jefe de Delitos Económicos, comisario mayor Alejandro Mercado, montó un operativo que incluyó escuchas telefónicas y seguimientos. Finalmente, le pidió a la madre del preso que acordara una nueva cita con los estafadores con la excusa de firmar los documentos de transferencia del auto.

El encuentro se hizo en un bar ubicado en las inmediaciones de Tribunales I. La estafada se sentó allí a esperar a la falsa jueza, mientras que en otra mesa se ubicó Alberto Capelli para vigilarla. Los policías monitoreaban toda la escena.

La falsa jueza llegó al bar, se sentó con la otra mujer y pidió un café cortado en jarrito. Pero el mozo no alcanzó a servirlo: ella y su hijo fueron detenidos, acusados del delito de estafa.

El fiscal Guillermo González, a cargo de la investigación, le dijo a la radio Cadena 3 que “casos así ocurren más seguido de lo que uno cree. Cuando uno esta desesperado, no solamente cree, sino que quiere creer cualquier cosa”. Y confirmó que la víctima de la estafa había llegado a entregar el auto a los acusados. “La reunión en la que fueron detenidos era para la firma del certificado 08”, explicó.

Otra vez preso, los investigadores no dudan de que Capelli –de quien no se conocen fotos– pronto tramará un nuevo engaño.



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