La Argentina, entre los países menos violentos de América Latina

Argentina es el cuarto país menos violento de América Latina, según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Con una tasa de 6 homicidios cada 100 mil habitantes, nuestro país es el cuarto con menos asesinatos en América Latina, sólo detrás de Antigua y Barbuda, (4,4) Chile (4,6) y Cuba (5), según se explica en el último “Informe mundial sobre la violencia en el mundo” (2014). El quinto país con menos estadística homicida es Costa Rica (8,5).
Al alejar un poco la lupa, el panorama cambia completamente. Una de las conclusiones más alarmantes es que en 2012 –el último año del que hay datos- se registró un índice de 28,5 homicidios cada 100 mil habitantes en los países americanos de habla hispana. La tasa cuadruplica el promedio mundial, y duplica la de los países africanos en “vías de desarrollo”. Los porcentajes se traducen en números: ese año 165.617 personas fueron asesinadas en los países de América Latina y el Caribe. Tres cuartos de estos homicidios se cometieron con armas de fuego.
El promedio regional lo encabezan los países del continente que registran un número de homicidios muy alto. El penoso récord, por varios cuerpos, lo tiene Honduras: en ese pequeño país centroamericano, atravesado por la violencia de la Maras, el narcotráfico y varios grupos parapoliciales, mueren por año 103,9 personas cada 100 mil habitantes, según las estimaciones de la OMS. Sólo en 2012 murieron en Honduras 8.248 personas. El segundo país en la lista, Venezuela, tiene casi la mitad: con una tasa de homicidios de 57,6 por cada 100 mil. Los siguen tres países centroamericanos: Jamaica (45,1), Belice (44,7) y El Salvador (43,9).
Cifras locales
Aunque la inseguridad es uno de los temas que más preocupan a la sociedad argentina, las estadísticas locales e internacionales siguen indicando que Argentina es uno de los países con menores índices de muertes violentas de la región.
Hace algunas semanas, una investigación del Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia, con un equipo coordinado por el juez Raúl Zaffaroni, analizó los homicidios dolosos en 2013 en Capital Federal y las provincias de Corrientes, La Rioja, Misiones, San Luis y Tucumán. En aquél informe, los homicidios ocurridos en la capital -176- arrojaban un promedio de 6,08 casos cada 100 mil habitantes, un número casi idéntico al que tiene Argentina en el informe de la OMS. Sin embargo, la disparidad entre el norte y el sur de la ciudad es muy grande. El 74,4 % del total de los homicidios -131 de 176- se concentra en la medialuna sur de la ciudad, donde se alcanzan tasas parecidas a las de Colombia o México. Más de la tercera parte del total, además, son homicidios que ocurren en villas miserias.
Del resto de las provincias relevadas, casi todas tienen cifras aún menores. San Luis tiene una tasa de 4.62, Misiones de 5.35, Corrientes de 4.13 y La Rioja el índice más bajo, con 3.29 homicidios por cada 100 mil habitantes. Tucumán tiene los números más graves de ese grupo de provincias, con una tasa de 7.73 por cada 100 mil habitantes.
Recomendaciones
El informe de la OMS reaparece después de un largo silencio. La última publicación del organismo había sido en el año 2002, en la que se había estimado que más de 1,6 millones de personas perdían la vida por la violencia autoinfligida (suicidio), interpersonal (homicidio) o colectiva cada año. Según las últimas conclusiones, algunos indicadores tuvieron una leve mejoría a lo largo de la última década: el número de homicidios, por ejemplo, se redujo en un 16 %. De todas formas, las cifras tampoco son para celebrar. Este tipo de muertes sigue siendo la cuarta causa más importante de mortalidad entre los individuos de 15 a 44 años.
En el párrafo final del informe, la agencia mundial de salud invita a los países a tomar algunas medidas para tratar de menguar la violencia homicida. Una de ellas es la de reducir el consumo masivo de alcohol, que puede facilitar que se produzcan situaciones de violencia, o la de aplicar leyes y programas para reducir el acceso de la gente a las armas de fuego.



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