El robot que aterrizó en el cometa goza de buena salud y ya mandó una foto

Tuvo algunos problemas en el descenso pero los ingenieros dicen que está “muy sano”. Y ya usa algunos instrumentos. Esperan que pueda mejorar su ubicación para recibir más luz solar y recargar sus baterias.
El miércoles un módulo robótico se posó en un cometa y ahora el grupo de científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA) lo siguen como si fuera un bebé recién nacido que requiere una atención especial. El módulo es «muy sano», dijo ayer Gerhard Schwehm, uno de los líderes de la misión, a pesar de que saben que se depositó en la sombra de un acantilado sobre la superficie del cometa 67P/Churymov-Gerasimenko y podría ser una dificultad para el funcionamiento de sus paneles solares.

El aterrizaje del módulo, llamado Philae, que fue liberado desde la sonda Rosetta que orbita al cometa y fue lanzada diez años atrás, fue considera una hazaña histórica en la exploración espacial. No sólo fue la primera vez que una nave no tripulada (aunque comandada a millones de kilómetros de distancia por humanos) orbita un cometa sino que también fue la primera vez que un módulo aterrizó en el cometa y empezará a llevar a cabo diferentes experimentos para estudiar el núcleo y su entorno. Es como un cortaplumas Victorinox: tiene 10 instrumentos científicos para desplegar. Ayer (por la tarde en Argentina) ya se activó Mupus, que es un conjunto de sensores para medir temperaturas.

Una de las preocupaciones de los científicos es que cuando el módulo Philae aterrizó no se desplegaron los arpones que debían anclarlo con la superficie del cometa. Sin embargo, ayer la agencia espacial informó que el módulo «está asegurado en la superficie», tras observar las dos primeras imágenes que tomó otro de sus instrumentos, que funciona con cámaras en infrarrojo. Está parado sobre dos de sus tres patas, pero se encuentra «estable» y ya produce datos. Schwehm dijo que podrían hacer el intento de dar la orden para que el módulo despliegue sus arpones. Pero que sólo lo harán si la acción no pone en peligro al módulo.

Ayer también los investigadores pudieron tener acceso a la información sobre cómo fue el aterrizaje del miércoles. En realidad, el módulo aterrizó 3 veces en el lugar elegido del cometa, bautizado Agilkia. Primero rebotó, dio un salto, volvió a posarse y rebotó de nuevo dando un brinco más pequeño. En total, pasaron dos horas hasta que finalmente el módulo se quedó parado en el suelo, aproximadamente a un kilómetro del primer punto de aterrizaje. Pesaba 100 kilos en la Tierra, pero sólo un gramo en el cometa, con su escasa atracción gravitatoria. Según dijo Stephan Ulamec, jefe del módulo Philae, «todavía no tenemos claro dónde estamos exactamente ahora», pero seguirán analizando los datos que la sonda manda.

La comunicación es lenta: el módulo manda la información a la sonda orbitadora. Y luego la señal tarda más de 28 minutos en llegar de la sonda a la Tierra. «A pesar de no haber podido activar los arpones, Philae tuvo mucha suerte en haberse posado sobre el cometa. Por lo cual, mi primera impresión es de alivio. Mejor aún: se mantuvo encendida y se puede recibir la telemetría pese a todo», dijo a Clarín César Bertucci, investigador independiente del Conicet y del Instituto de Astronomía y Física del Espacio. «Philae está como encallada por lo cual los esfuerzos de los equipos instrumentales deben estar abocados a mejorar la situación para que reciba radiación solar y recargue sus baterías cargadas. Si no se logra eso, se impondrá una fuerte restricción en el tipo ciencia que se puede llevar a cabo en la superficie del cometa».



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