De alto vuelo

El 24 de septiembre de 1994, hace 20 años, la socióloga y demógrafa Susana Torrado, del Conicet, criticó la tasa de desocupación oficial, como “un indicio de las consecuencias que pronto traería el ajuste neoliberal”. El entonces superministro Domingo Cavallo la mandó a lavar los platos.
El desastre anticipado se cumplió en 2001, aunque Cavallo ya había renunciado en el gobierno de la Alianza, que lo llevó como salvador.
En diciembre de ese año, los argentinos vieron cómo huía en helicóptero el último defensor del plan económico que despedazó al país.
Pasaron trece años y el mismo país asistió a un hecho histórico que coloca a la Argentina en un selecto grupo de países.
Aquellos que fueron mandados a lavar los platos, lograron el 16 de octubre de 2014, poner en órbita el primer satélite de telecomunicaciones fabricado enteramente en el país y con la mitad de sus piezas de fabricación nacional. Argentina se convirtió así en uno de los ocho países capaces de desarrollar esa tecnología. Ya prepara el lanzamiento del segundo satélite en 2015 y desarrolla el tercero.
Del endeudamiento crónico que financió la fábula de la Convertibilidad, al desendeudamiento y una tenaz pelea con los Buitres, del temible desempleo a la creación de miles de puestos de trabajo, de la pobreza extrema a un país con una cobertura social que es ejemplo en el mundo.
No hay aquí retórica a favor del Gobierno, sino contraste de formas de gestionar. La de Cavallo, aplaudida por el neoliberalismo que festejaba a Carlos Menem, tenía como sostén fundamental el endeudamiento y la sumisión a las políticas emanadas del consenso de Washington.
Desde 2003, ese paradigma ha cambiado no como dogma, sino con un pragmatismo que demostró en la práctica que se puede vivir, crecer y desarrollarse en la Argentina sin entregar las joyas ni la humillación de someterse al derecho de prima nocte ante las potencias o financistas de Wall Street.
“A los científicos argentinos lo único que nos falta son recursos tecnológicos, a nivel profesional estamos iguales, se puede hablar de igual a igual con un colega de la Nasa y eso es maravilloso”, señaló Mauricio Lange, un ingeniero nacido en Leandro N Alem que trabajó en el desarrollo del satélite Aquarius, que se lanzó en 2011 también con desarrollo argentino.
En ese momento, entrevistado por este diario, una de las cuestiones que destacó Mauricio fue el gran momento que vive hoy la ciencia en el país, muy diferente a cuando inició sus estudios universitarios, cuando quedaban pocos científicos dispuestos a enseñar.
“Años atrás no había fondos, no había recursos y no había plata. Por suerte hoy la cuestión es diferente y pensar que antes corrimos el riesgo de perderlo todo”, dijo el misionero que trabaja en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales. La repatriación de científicos fue exitosa y no faltará mucho para que alguna de sus ideas e investigaciones comience a transformarse en una realidad para mejorar la vida de los argentinos.
El desarrollo alcanzado ahora, supera incluso al Aquarius, pero basta un leve retroceso para que todo pueda caerse como un castillo de naipes.
Y nuevamente, no es retórica. “Hay mucho despilfarro. Nunca vi un gobierno que malgaste tanto los recursos. Hacen empresas tecnológicas que no hacen falta, se generan empresas satelitales que no funcionan e invierten en cuentas”, había dicho el ingeniero Mauricio Macri en un discurso ante industriales.
Sergio Massa, otro candidato a presidente, había ironizado desde el Twitter: “Pagarle el 82 % a los jubilados no. Poner una heladera en orbita sí”. Pero va más allá. Si gana, promete privatizar Arsat para asociarla con “operadores privados”.
Después del exitoso lanzamiento que fue celebrado en casi todo el mundo, ambos volvieron sobre sus pasos y elogiaron el desarrollo científico que significa el satélite.
El satélite es apenas una muestra de la relevancia que adquiere un Estado que asume sus responsabilidades. Y del vacío que queda cuando no está. El satélite no sirve únicamente para el orgullo del científico argentino, sino, por ejemplo, para federalizar señales de Internet, telefonía y televisión.
Todavía hay lugares en la Argentina que tienen pésimos servicios -Misiones es un ejemplo diario- y a los que ningún operador privado llegaría por el escaso retorno posible. Sin negocio, no hay servicio. Es una lógica que funciona muy bien en el ámbito privado tan afecto a reclamar por condiciones de competitividad, pero que no hace a la igualdad ni a la equidad entre un misionero nacido en Pozo Azul y un porteño de Puerto Madero.
Esa igualdad únicamente se puede pretender con un Estado presente y fortalecido. La señal de Internet se puede equiparar en ese sentido con la Asignación Universal por Hijo, un subsidio o la construcción de una escuela secundaria por municipio, que, empezado el siglo XXI, todavía era un sueño para muchos niños nacidos en la tierra colorada.
No hay demasiados secretos. Un Estado fuerte y con recursos para tomar decisiones sin el ahogo crédito, mecanismo sencillo para quienes no dudan en endeudarse y achicar gastos antes que en generar las condiciones de igualdad necesarias.


El despegue del Arsat 1 es también simbólico. A poco más de un año para dejar definitivamente el sillón presidencial, la presidenta Cristina Fernández mantiene el liderazgo político, marca la agenda y no da señales que indiquen un retroceso, sino una profundización. Ese liderazgo desorienta una vez más a la oposición que enfrenta la marcha arrolladora con las recetas que dicta el manual básico de marketing: dos o tres esloganes y nada demasiado de fondo. Macri y Massa son los que más jugo le sacan a este momento, mientras que los demás partidos quedan relegados a ser incómodos actores de reparto en el que deben conformarse con decir algunas pocas líneas.
De lanzar un satélite al retroceso hay un solo paso. El ajuste declamado por la oposición con el visto bueno de “representantes de los trabajadores” como Hugo Moyano dejaría nuevamente a los científicos sin recursos y al misionero de Pozo Azul sin los servicios esenciales.
Pero en la oposición están ensimismados en responder a una línea de acción que tiene como eje desalentar el rol activo del Estado en cualquier actividad. No vale que se meta demasiado ni que pretenda el mismo beneficio para quienes carecen de lo mínimo.
Es curioso, porque mientras que aseguran que el país está en recesión, para frenar la inflación prometen ajustar salarios y gasto público. La idea ni siquiera es original. La huida de De la Rúa se produjo justamente después de aplicar ambas medidas en medio de la peor crisis económica de la Argentina.
El resultado, como era previsible, fue la pérdida de miles de puestos de trabajo y una caída estrepitosa del consumo, que dañó la “competitividad” que se pretendía proteger.
No solo alientan el retorno a las privatizaciones, sino que piensan que para desarrollarse, el sector privado tiene que tener todos incentivos, pero no asumir ningún costo, desgaste que debe correr por cuenta del Estado, responsable únicamente de pagar sueldos y controlar la seguridad, la educación y la salud. Es al mismo Estado que le reclaman elevar los estándares de atención al que prometen ajustar.
Es una corriente de pensamiento que se adueñó de buena parte de la oposición vernácula. Hay hasta una especie de competencia por demostrar quien será el mayor protector de los “negocios” que se deben dejar funcionar libremente, sin la intromisión de impuestos o regulaciones.
En ese contexto se enmarca la propuesta hecha pública por la fórmula del radicalismo. El joven Gustavo González y el contador Luis Pastori exteriorizaron su propuesta para satisfacer a la Cámara de Comercio y los empresarios que se transformaron en militantes contra la política fiscal misionera.
Eliminación de los controles en ruta y de “los anticipos” de Ingresos Brutos para la mercadería que se pretende vender en la provincia, achique de las alícuotas del mismo gravamen hasta “niveles correntinos” y eliminación de otros tributos.
El abogado y el contador basan sus argumentos en la llamada “Curva de Laffer”, una teoría que sostiene que la “presión fiscal” en algún momento se hace insostenible y deriva en la evasión o la destrucción de fuentes de riqueza.
Arthur Laffer dibujó la curva en una servilleta en una cena el restaurante Two Continents, de Washington, en los años setenta. El economista había sido invitado por el republicano Dick Cheney, jefe de Gabinete del entonces presidente Gerald Ford. Pero cuando Ronald Reagan lo llevó a la práctica, los resultados no fueron los esperados, ya que el gasto público de la Guerra Fría requería mucho más que la recaudación generada por la rebaja impositiva. El aumento de la deuda externa fue a la par.
Los gobiernos que siguieron a Reagan, presididos por George Bush padre y Bill Clinton aumentaron los impuestos y la recaudación subió, lo que contrasta con el principio del economista norteamericano. En 2005, un informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos, cuestionó que los recortes de los impuestos mejoren realmente la situación fiscal del Gobierno.
El catedrático español y profesor de Oxford, Juan José Dolado aporta otro detalle: “Los impuestos sirven para algo. Y lo que había que hablar es si con ellos se hacen políticas eficientes”.
La teoría no sirvió para Reagan por la expansión del gasto militar. Tampoco serviría, por ejemplo, para sostener la inversión social en la Argentina que el radicalismo promete respetar. La contrapartida, es el ajuste.
La experiencia del último gobierno radical contrasta con la excesiva preocupación mostrada por la fórmula misionera. Apenas asumió, De la Rúa subió impuestos y cuando no le alcanzó, recortó salarios, jubilaciones y la coparticipación de las provincias.
La obsesión con la política fiscal provincial tiene su anclaje en el fastidio de muchos empresarios que se sienten “demasiado observados” con la Dirección General de Rentas cobrando anticipos y revisando la mercadería que ingresa a la provincia. Pero las “aduanas internas” frenaron en apenas tres meses el ingreso de más de 150 camiones con toneladas de mercaderías por las que sus propietarios no pretendían tributar.
Fueron 40 camiones de soja; 73 camiones de poroto; 23 de cervezas y 11 camiones de alpiste y energizantes, respectivamente. Esto representa un total de 35 millones de pesos de ingreso al fisco que se pretendía evadir.
Con los controles fijos en los ingresos a Misiones desde Corrientes, ahora los transportistas utilizan caminos vecinales para eludir los controles que, si ganan las alianzas opositoras, prometen flexibilizar.
Según la teoría que defiende el ucerreísmo, la evasión detectada obedece a la “alta presión”, aunque por los volúmenes detectados y los montos que significan, no se trata aquí de pequeños contribuyentes, sino de grandes jugadores dispuestos a burlar al fisco para incrementar sus ganancias. De hecho, un sondeo de la consultora Decisiones Empresariales realizado en los últimos días en la provincia revela que la política fiscal no está ni por cerca entre las prioridades de los misioneros. ¿Entonces, a quien se defiende?
Como sostiene el economista Dolado, hay que preguntarse si los impuestos sirven para algo y si hay políticas eficientes.
El gobernador Maurice Closs entregó el viernes medio millar de títulos de propiedad a vecinos de Pozo Azul que ocupaban la tierra de forma irregular.
Para eso, tuvo que pagar más de 42 millones en expropiaciones, en una política que pretende el arraigo de miles de familias en el lugar donde producen la tierra. La cesión de tierras no es gratuita, sino que los propietarios se comprometen a pagar por su valor en condiciones que sólo el Estado puede ofrecer.
Sin recursos, el Estado no tendría capacidad para realizar inversiones en infraestructura, escuelas, salud o acciones sociales. El Presupuesto 2015 -al igual que el de los últimos años-, demuestra inversiones record en las áreas más sensibles de la economía, en el desarrollo agrario y en la igualdad de oportunidades que generan la educación y la salud.
Pero el polo opositor no hizo nunca un planteó por cuestiones de fondo, sino que, como la línea nacional, repitió eslóganes sin dejar lugar al debate.
La desorientación que exhibe el radicalismo, como integrante de la Faunen y novia despechada de Macri o Massa, también se traslada a Misiones, donde la idea de una alianza con el PRO se hace cada día más evidente.
En la Legislatura se coquetea con la idea de relanzar un arco opositor que actúe en bloque. Las ambiciones personales de varios de sus representantes impiden ir a fondo. Pero el radicalismo bajó línea de trabajar con el PRO, algo que fue desobedecido por la mitad del bloque.
La maniobra se hizo pública después de la sanción de la ley de Presupuesto y cuando se debatía el de los propios diputados, cuando se descartaba un consenso generalizado, que es práctica en el recinto. Pero Alfredo Schiavoni, el diputado macrista, marcó la cancha y expuso la fractura del radicalismo.
Desde el retorno a la democracia la UCR jamás había votado en contra de los presupuestos de Cámara. Antes de pasar a la votación, el presidente del bloque, Walter Molina adelantó el voto afirmativo como se convino en la reunión interna. Intempestivamente, minutos después cambió su voto junto al de Germán Bordón y Gustavo González.
Los tres ucerreístas fueron arrastrados por Schiavoni que, por estrategia de campaña diseñada en Buenos Aires, se opone abiertamente a todas las iniciativas de la Renovación. Aunque pobre de fundamentos -se quejó de que no tiene auto gratis- logró politizar el trámite meramente administrativo de sancionar el presupuesto del Parlamento. Schiavoni era el unico legislador opositor que había adelantado su voto negativo a los dos presupuestos y la UCR le siguió el juego -aunque no pudo arrastrar al resto de la oposición- en una señal de protección al acuerdo que se teje tras bambalinas.
Las reuniones por el armado del frente se suceden y es conocido el alineamiento con Macri de Ernesto Sanz -referente nacional de González-Bordón-Molina-. Sanz, recordado por considerar que la Asignación Universal por Hijo “se está yendo por la canaleta de la droga y el juego”, ahora promete derogar o anular las leyes que nacieron del kirchnerismo, idea que comparte con los principales referentes de la oposición.
El unico “escollo” para la alianza Macri-Sanz o Massa-Morales es el grupo de radicales que se viene oponiendo desde hace años a estos frentes con la derecha y que hoy tiene representacion parlamentaria en la figura del tridente María Losada-Mario Pegoraro-Hugo Escalada, quienes se oponen terminantemente a cualquier alineamiento acrítico con estos sectores.
Para formalizar cualquier frente, la UCR necesita el aval de los dos tercios de la Convención. Y los números no le dan. Por ese motivo, y lejos de las convicciones republicanistas y transparentes de los debate públicos, entre gallos y medianoche convocaron a elecciones sólo de convencionales violando las normas de la Carta Orgánica y el pronunciamiento de agosto pasado, lo que nuevamente derivó en un amparo judicial de las agrupaciones afectadas.
El aparato intentará el frente con el macrismo a toda costa. El argumento estará dado en la construcción mediática de reclamos ciudadanos de juntarse de cualquier manera para desplazar a la Renovación.
La línea argumental coincide con la del Frente Amplio Progresista – Partido Socialista, GEN y Libres de Sur- que pretende una alianza con las mismas fuerzas que se acuerden en el ámbito nacional.
El Frente Renovador mantiene la premisa de sostener la gestión como principal herramienta electoral. El gobernador Maurice Closs, en cadena nacional con la presidenta Cristina Fernández, contó al país el resultado concreto de la inversión social.
Durante la inauguración de un nuevo hotel con una inversión de 200 millones de pesos en medio de la selva de las 600 hectáras de Iguazú, relató que la mortalidad se redujo de 30 por mil a 9,84 por cada mil nacidos vivos.
Especialmente en las áreas sociales es donde más se puede percibir el fruto de la inversión destinada en los últimos años. Pero la economía de Misiones es de las pocas que no entró en recesión por el impulso del Estado a la obra pública y el desarrollo de infraestructura en el interior. La misma política se mantendrá hasta el último día de Gobierno, sostuvo Closs, quien vaticinó un fin de año tranquilo en Misiones, con recursos asegurados para cumplir con las obligaciones salariales y el aguinaldo.



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