Miseria y subdesarrollo promovidos por el ecologismo cavernario

Escribe Carlos Andrés Ortiz, Analista de Temas Económicos y Geopoliticos

El ecologismo como fenómeno mediático y factor de poder, no “nació de un repollo” ni por generación espontánea. Fue una creación del Club de Roma, institución a su vez creada en el seno del G 7 (Grupo de los Siete), con pleno respaldo de las grandes corporaciones empresarias y otros factores de poder, instalados en o manejados por el citado G 7.
El primer informe por encargo, difundido como documento liminar del G 7, encargado a un científico del MIT, tuvo una orientación claramente tremendista, fuertemente apocalíptica, que ya su propio título sugiere, pues se lo llamó “Los límites del crecimiento”. Cabe enfatizar que su autor lo hizo a título personal, no debiendo atribuirse al propio y muy prestigioso Massachusetts Institute of Technology; como afirman tergiversadamente –y no con inocencia-, desde las propias usinas de difusión del ecologismo cavernario. Esa “confusión” responde a la ya vieja metodología de “transferencia de prestigios”. En ese caso adosarle al informe el prestigio científico del MIT, pese a que esa Universidad no avala dicho informe.
Ese escrito fundacional del Club de Roma, “predice” sin aportar pruebas concretas, un supuesto colapso total del mundo, que en 1972 (año de publicación), se fijó “indefectiblemente” para el año 2000…¡si no se detenía completa e inmediatamente todo crecimiento económico!
Por supuesto, como tantos delirantes que “predijeron” sucesivamente el fin del mundo, llegó el año 2000 y no pasó nada. Después del fiasco, muy sueltos de cuerpo, cambiaron de fecha, con el mismo tono apocalíptico. En el ámbito científico, la seriedad y fundamentación de “Los límites del crecimiento”, son muy cuestionados, incluso considerándolo un simple escrito por encargo, de tenor panfletario.
Un elemental razonamiento, demuestra el sesgo excluyente y claramente genocida de la cuestionada idea fuerza de detener por completo todo proceso de desarrollo socio económico, paralizando las producciones en los niveles actuales.
Esa teoría fue pensada desde el riñón de la “sociedad opulenta” del G 7, que en esos años (década del ’70 pasada) concentraba la riqueza y el poder mundial, mientras que las poblaciones de esos países crecía muy lentamente (EEUU, Canadá, Japón), estaba en algunos casos tendiendo al estancamiento, e incluso con bajísimas tasas de natalidad en varios de ellos (como Alemania, Italia, Gran Bretaña, Francia).
En ese momento, la masa de riqueza a disposición del G 7, podía asegurar un muy buen nivel de vida a toda su población, tal vez solo con leves mejoras en la distribución de los ingresos.
Pero esa teoría se presentó con característica de imposición forzosa para todo el mundo, siendo que en la mayoría de los países la pobreza e incluso la miseria a niveles de catástrofe social, eran y aun son el cuadro imperante; o al menos en los emergentes, con considerables bolsones de pobreza. De hecho, los niveles de vida del resto de los países, excluidos del por entonces selecto G 7, eran (y aún son) muy inferiores, con grandes carencias de todo tipo, incluyendo no solo el acceso a bienes elementales y de confort, sino también las limitaciones o escaseces de infraestructuras, elementales para las prestaciones de todo tipo de servicios, incluyendo los básicos de salud, instrucción, seguridad y comunicaciones.
Es de elemental sentido común, considerar que detener el desarrollo (el progreso) en las naciones subdesarrolladas e incluso en las emergentes, es condenar a sus poblaciones a la miseria crónica…y creciente, pues las poblaciones siguen creciendo. ¿No es esa idea grotesca –transformada en ideología fanática-, instigar al genocidio masivo a escala global?
Hábilmente manipulado, incorporando metodologías propias del marxismo y del más crudo y violento anarquismo, mezclado con principios pseudo religiosos –como “la nueva era” (New Age), el ecologismo devino en una neoreligión pagana, con una difusa adoración a “Gea” (La Tierra), y con una insólita repulsa y agresión sistemática…hacia el ser humano, catalogado por los “conductores” del movimiento ecologista como “la plaga principal de La Tierra”, y como tal considerado por los delirantes fanatizados, transformados en militantes llenos de odios “anti sistema”…pero que no quieren entender que son en realidad dóciles peones descartables de los centros de poder, del mega capitalismo corporativo (consumista y socialmente destructivo), al cual dicen aborrecer.
Adviértase que incorporó ideas de corrientes pseudo religiosas muy cercanas al satanismo y aberraciones cercanas a esas prácticas, lo cual parece no ser advertido por ciertos religiosos cristianos, que inconscientemente les prestan sus apoyos.
Tan cegado llega a estar el razonamiento de los enfervorizados y usualmente muy agresivos e intolerantes militantes del “ecologismo duro”, que ni siquiera se dan cuenta que ellos, como parte de las poblaciones de países subdesarrollados, componen el masivo bloque de la población “desechable”.
El proceso de lavaje mental llega usualmente a ser tan profundo, y tan escasas son los conocimientos de los fanatizados militantes de base del ecologismo cavernario, que ni siquiera llegan a sospechar, o si se les advierte lo rechazan de plano y generalmente con violencia explícita, que sus accionares son totalmente funcionales a los núcleos centrales del poder planetario excluyente, como el Consenso de Washington, la Comisión Trilateral y otros, que precisamente definieron la “necesidad” de reducir drásticamente la población del mundo; pero no por “preocupaciones ambientales”, sino respondiendo a elaboradas e impiadosas ecuaciones de proyección del poder mundial. Ello por evaluaciones de los ideólogos de la “globalización salvaje”, que constataron que las grandes masas de población, correcta y hábilmente conducidas, son incompatibles con el poder casi omnímodo y proyectadamente eterno, que estimaron monopolizar a partir de la implosión de la Unión Soviética y el comienzo del Mundo Unipolar (con EEUU como única mega potencia excluyente). Por cierto, se atribuye a Henry Kissinger la idea de la “conveniencia” de limitar la población mundial a lo sumo a 1.000 millones de seres humanos. ¡Y el ecologismo cavernario, fácilmente manipulable, pasó a ser conducido por mercenarios sin escrúpulos; con acomodaticios que hacen del “ecologismo” fundamentalista una “profesión” muy rentable –en los niveles superiores, según datos trascendidos y no desmentidos contundentemente-, un “rebusque” ideal para oportunistas del tipo de “hombres honestos” (tan “honestos” que cuando encuentran un trabajo, se apresuran a “devolverlo”); y una causa fácil y supuestamente altruista, para clases medias altas carentes de otros ideales más nobles, y para personas crédulas y muy desinformadas!
Esos mismos “ecologistas”, que no se privan de ninguna de las comodidades de la tecnología moderna (celulares de última generación, computadoras, internet, motos de alta cilindrada (cuando pueden comprarlas), automóviles (tan costosos como puedan solventarlos), medicina de última generación, confortables viajes en ómnibus o en aviones, etc.); sin embargo atacan sistemáticamente al desarrollo; combaten a todo nuevo proyecto industrial (sobre todo si es de alta tecnología); promueven de hecho el colapso energético al promocionar falsas y muy costosas “soluciones” (como las eólicas y solares, problemáticas e inútiles para funcionar como usinas de base) mintiendo y tergiversando panfletarios escritos y promoviendo violentas manifestaciones “en contra de” apelando al ecoterrorismo como herramienta de convencimiento forzoso; reniegan totalmente de la minería y de las industrias químicas y petroquímicas (¿será que no piensan de donde salen los componentes de sus celulares, computadoras, etc.?); atacan totalmente a las papeleras (¿será que ni siquiera usan papel higiénico?); se oponen a las redes eléctricas (¿no usan energía eléctrica?); agreden ferozmente al desarrollo nuclear, que no solo genera energía más eficiente, económica y limpia incluso que las falsamente “limpias” energías solar y eólica, sino también desarrolla esa industria nuclear un amplia abanico de bienes y servicios muy necesarios para la medicina, la agricultura, la industria y en general el mejor nivel de vida de nuestra población; montan feroces campañas anti hidroeléctricas, pero ni se preocupan cuando a consecuencia de impedir o dilatar esas necesarias usinas, se deben instalar de apuro las muy contaminantes usinas termoeléctricas (devoradoras de petróleo, gas o carbón); se oponen a la utilización de La Hidrovía (pero “no ven” la contaminación que producen interminables filas de camiones, que podrían reemplazarse por mucho más económicas barcazas fluviales); buscan excusas para impedir nuevas industrias (como ocurre en Metán, Salta, sin importarles el crecimiento y la generación de empleo genuino bien pago); y un largo etcétera.
¡Y por sobre todo, son muy funcionales a los mandatos británicos en particular, anglosajones en general, y del G 7 como grupo de poder global, que como tal quiere mantenernos como dóciles países subdesarrollados y productores de baratas materias primas, a Argentina, las naciones hermanas de la Unasur y de la Celac; y a otros países del amplio abanico de subdesarrollados del mundo!
Por supuesto que a los politiqueros de baja estofa, no les hace asco favorecer esas viles finalidades, con tan de obtener unos votitos, sin importarles los Grandes Intereses Nacionales de nuestros países, ni los serios perjuicios geopolíticos que tan deleznables acciones producen.
Lamentablemente, las personas poco informadas (los “Don Pepe”y “Doña Rosa”), suelen ser fácilmente engañados por los cantos de sirena o los relatos de terrorismo mediático, de esos ecologistas de pacotilla.
El ecoterrorismo, más las acciones de zapa de los ultra indigenistas (que promueven nuestras balcanizaciones, muy funcionales a las potencias que las instigan y financian), más las tareas de “fundaciones” que promueven el neoliberalismo salvaje; son las puntas de lanza de las guerras blandas utilizadas por los neocolonialistas del siglo XXI; que se complementan con los medios de difusión manejados por las oligarquías locales y los centros del mega Poder Mundial.
Entender esto, es el primer paso para luchar por nuestra soberanía y nuestra subsistencia como nación independiente y como Bloque Regional Soberano; esto último como un imperativo geopolítico para evitar que nos vuelvan a transformar en dóciles colonias económicas, o peor aun, hacer tabla rasa con nuestros pueblos, nuestras culturas, y nuestra dignidad como seres humanos.



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