Gael García Bernal sobre la selva misionera: «Lanzamos una plegaria a los dioses para que no nos pasara nada»

Se trata del tercer largometraje de Fendrik, una coproducción entre Argentina, Estados Unidos, México, Brasil y Francia que tuvo su premiere mundial en el Festival de Cannes -en el que formó parte de la selección oficial fuera de concurso, y donde García Bernal fue uno de los integrantes del jurado oficial- y que llegará a las salas locales el 4 de setiembre próximo.

En este western que transcurre en algún lugar impreciso entre Argentina, Brasil y Paraguay, García Bernal interpreta a Kaí, un misterioso hombre silencioso y solitario que emerge de las profundidades de un río y se interna semidesnudo en la selva para ayudar a una familia de campesinos, a la que un grupo de mercenarios están amenazando y asustando para robarle sus tierras.

Con la brasileña Alice Braga, como la hija del dueño de las tierras, hombre al que los intrusos asesinan a machetazos, «El ardor» tiene un elenco encabezado por el actor y director teatral argentino Claudio Tolcachir, Jorge Sesán, Lautaro Vilo y Julián Tello, quienes componen a un grupo de matones desalmados, que siembran el caos y el terror en la región para quedarse con los terrenos y así poder explotarlos en su provecho.

Al actor de «Amores perros», «Y tu mamá también» y «Diarios de motocicleta», entre otros filmes nominados al Oscar, le tocó encarnar en «El ardor» a «un personaje mitológico y totalmente ficticio, una especie de `nahual`, la versión humana de un jaguar, vulnerable y solitario, no demasiado poderoso pero ágil y activo como ese felino».

Entre algunos grupos indígenas se denomina «nahualismo» a la práctica o capacidad de algunas personas para transformarse en animales, elementos de la naturaleza o realizar actos esotéricos, algo que sucede justamente en el personaje interpretado por el actor mexicano, que parece tener dentro el espíritu de un jaguar, que se encarga de protegerlo, guiarlo y conferirle sus habilidades.

En una entrevista con Télam en Buenos Aires, García Bernal subrayó el costado metafísico y simbólico de su personaje, que recuerda un poco a las mitologías mesoamericanas, donde se establece un vínculo directo con lo sagrado, y señaló que «esa parte espiritual metafísica la queríamos incluir, porque es una dimensión que apela a una cosmovisión más indígena de la vida».

En ese sentido, el actor destacó el costado ecologista de la película, su interés por el cuidado del medio ambiente, y sostuvo que se trata de «un western con otra mirada y con un planteamiento peligroso, porque se pregunta si los humanos deberíamos o no estar en la selva porque es un espacio difícil y para vivir allí a veces elegimos destruirlo».

«La película levanta ese axioma, alza ciertas preguntas peligrosas y habla sobre ciertas limitantes que tenemos los seres humanos y sobre los peligros de la ecología, para no crear una sociedad que destruya el ecosistema sino que intente ser parte de él. Por eso creo que es un antiwestern, porque no es el triunfo del hombre sobre la naturaleza, sino al revés», explicó.

García Bernal, que conoció a Fendrik hace varios años en el Festival de Cannes, cuando ambos participaron con sus respectivas películas en el apartado la Semana de la Crítica, recordó que «a partir de allí nos hicimos amigos y, a medida que iba creciendo nuestro vínculo, fue creciendo esta película».

El actor, que además es uno de los productores ejecutivos del filme, señaló que en casos como el suyo «uno participa en su totalidad en la película, porque el acto de fe es bastante amplio. Por eso, convertirme en parte de la producción fue casi un paso natural. Es un ancla más de donde uno se agarra y apuesta a que la película vaya a funcionar».

«El proyecto fue mutando y se fue convirtiendo en una película en la selva. Durante todo este largo proceso fue adquiriendo estas notas de western y aventura, de thriller, y así fuimos encontrando un tono y apostando a algo», recordó el actor sobre el cambio de rumbo de Fendrik, que en principio tenía planeado abordar el drama de un piromaníaco chino en la ciudad de Buenos Aires.

En relación con el ámbito sumamente agreste en el que le tocó trabajar, donde debió moverse de manera natural, descalzo, semi desnudo y expuesto a todo tipo de insectos y animales propios de esa zona selvática, Gael García Bernal bromeó: «Lanzamos una plegaria a los dioses del cine para que no nos pasara nada. Es más difícil para actuar estar en otro biorritmo, pero cuando uno entra en esa nota se goza mucho», aclaró.

El actor, que junto a su amigo y colega Diego Luna fundó la compañía productora Canana Films, es optimista con relación al futuro del cine latinoamericano: «Siempre hubo un intercambio entre México y Argentina, actores y técnicos trabajaron en ambas partes. Eso se perdió en algún momento, pero ahora se puede recuperar gracias a compartir muchas similitudes culturales».

«El cine hoy traspasa fronteras. Ya es casi una necesidad elaborar una coproducción y creo que van a haber muchas más. Contamos con una fortuna porque hay pocos lugares en el mundo donde podemos hacer el cine con tanta libertad. No hay una necesidad imperante comercial y eso nos da chances de jugar un poco más y ser más reflexivos», afirmó.



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