La logia masónica «Roque Pérez» celebra hoy sus 135 años en Posadas

Cuando Posadas aún no se llamaba así, levanta simbólicamente sus columnas la Logia “Roque Pérez”, un 30 de Julio de 1879. En su génesis tomaron parte hombres ilustres, los pioneros de las instituciones más antiguas de la futura provincia. Rudecindo Roca, Ramón Madariaga, Pablo Grobli, Juan José Lanusse, Leopoldo Bonifato, Lázaro Gibaja, Alfonso Arrechea, Alejo Peyret, Benjamín Moritán, Emilio Gottchalk, Gastón Dachary, Aurelio Villalonga, Angel Acuña,  hombres visionarios y civilizadores. Institución signada por los caracteres que han alumbrado su larga existencia: la virtud, el honor, el trabajo y la caridad.

Frente de la Logia Roque Pérez, en calle Córdoba casi Colón, en Posadas.

Frente de la Logia Roque Pérez, en calle Córdoba casi Colón, en Posadas.

En su génesis tomaron parte hombres ilustres, los pioneros de las instituciones más antiguas de la futura provincia, varios de ellos conformaron el primer Concejo Municipal de la incipiente ciudad, el embrión de sus primeras escuelas, clubes e instituciones de beneficencia.

Impregnan su historia hombres visionarios y civilizadores como Rudecindo Roca, Ramón Madariaga, Pablo Grobli, Juan José Lanusse, Leopoldo Bonifato, Lázaro Gibaja, Alfonso Arrechea, Alejo Peyret, Benjamín Moritán, Emilio Gottchalk, Gastón Dachary, Aurelio Villalonga, Angel Acuña.

Obreros del bien que nutrían con su acción a una incipiente sociedad en la cual resonaban aún los ecos de una descomunal guerra fraticida y que pugnaba, en las postrimerías de un siglo que ya se iba, a renacer del desconsuelo, la vergüenza y el olvido. Tiempos difíciles aquellos. Transcurría el mes de Noviembre de 1878 y en Buenos Aires el entonces Gran Maestre de la Masonería Argentina, Agustín P. Justo, pone en manos de don Joaquín Crespo, un hacendado de Corrientes, la misión de fundar una logia en la localidad de Trincheras de San José. A fines de Mayo de 1879, Crespo cumplía con esa misión al dejar constituido el núcleo de una logia masónica con el título distintivo “Roque Pérez” en homenaje a quien en vida fuera un prestigioso jurisconsulto, fundador del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Subsecretario de Relaciones Exteriores y embajador plenipotenciario ante la República del Paraguay, entre otras tantas actividades. El doctor Roque Pérez organizó las comisiones masónicas que acudieron en auxilio de las víctimas del terremoto en Mendoza, en 1861, de la guerra de la Triple Alianza en el Paraguay y de los afectados de la fiebre amarilla en Buenos Aires, en 1868, emergencia ésta que le costó, finalmente, la vida.

 Los pioneros en la conducción

Conduce la Logia en sus inicios don Juan Fernández Olmo, agrimensor y primer juez de paz de Candelaria. Toma a su cargo delinear los primeros planos de la futura ciudad de Posadas. Ya hacia el año 1881, el coronel Rudecindo Roca, hermano del entonces presidente de la Nación Gral. Julio Argentino Roca y a la sazón primer gobernador del antiguo Territorio Federal de Misiones, encargado de que Posadas sea la capital de la provincia, es sucedido en la presidencia de la Institución por otros integrantes de la Logia como Benjamín Moritán, Gregorio López, Juan Palestra y Juan José Lanusse, entre otros. Les sucedieron otros conspicuos actores de la progresista sociedad posadeña como Francisco de Goicochea, Aurelio Villalonga y Joaquín Aramburu, cofundadores de la Logia, al igual que Vicente Alves, Alfonso y Antonio de Arrechea, Víctor García, Carlos Neuemburh, Pedro Rebollo, Cándido Romero, Felipe Tamareu, Augusto Vasconcellos, Gabriel Villegas, Ángel Acuña, Alfonso de Arrechea (h) y otros miembros de esa familia, Lázaro Gibaja, Jacinto Pañacin, Sebastián Soler, Eugenio Ramírez, Juan Felicio Ratti y Cataldi Biondi.

 

Fiel a su historia

Tanto el ya general Rudecindo Roca como Juan Palestra, años más tarde serían elegidos para ocupar el cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina. Varios de sus integrantes se aventuraron a redescubrir el interior provincial en su afán de trabajo y progreso. Así, por el Iguazú, se destacaba don Carlos Bosetti, antiguo baqueano de la región e incansable guía de los que deseaban llegar a las Cataratas o al seno de la selva para tareas de estudios e investigaciones. Leandro Fidel de Arrechea instala el primer refugio para los turistas, que administrarían Sandalio Rodríguez y Jesús Val, siendo Olar Hansen quien se ocupó de abrir el camino hasta los saltos. Y cuando la entonces Trincheras de San José contaba con apenas unos ochocientos habitantes, hacia 1879, don Alejo Peyret, quien además de ser uno de los promotores de la colonización de tierras, se preocupa por promover la difusión del mutualismo y la cultura. Para ello compromete a los integrantes de la Logia con el fin de constituir una Sociedad de Socorros Mutuos y una biblioteca.

La llegada del Regimiento Tres de Infantería de Línea a Posadas marca otro hito en la historia de la Logia. Su oficialidad pasó a conformar la misma, destacándose entre ellos el médico cirujano doctor Cristóbal Cajal, incorporado a ella en 1883. Cajal expuso ante sus cofrades el problema de la falta de asistencia a la población menesterosa, creándose para afrontar tal situación un consultorio médico gratuito que dicho facultativo se ocupó de organizar y dirigir. A la par y para atender a los enfermos, se movilizaron las esposas e hijas de los masones, surgiendo así en 1884 la Sociedad de Beneficencia, bajo la tutela de Fidelina Rodríguez de Goicoechea, entidad que fue ampliando su acción tendiendo mano generosa a todo necesitado. Aquel consultorio fue el germen de donde surgió el hospital, a cuyo frente se distinguieron el eminente médico-filántropo doctor Ramón Madariaga, quien presidiera la Logia y cuyo nombre lleva hoy el moderno Hospital Escuela de la capital misionera, y su colega el doctor Armando López Torres, quien además de intendente municipal de la ciudad, fue el incansable promotor de la Comisión de Festejos Patrios, otra iniciativa surgida en el seno de la Logia por considerarla fundamental para un ambiente tan heterogéneo como era la población de entonces.

 

El templo de calle Córdoba fue inaugurado en septiembre de 1926

Logia RP03

El 21 de setiembre de 1926 despuntaba la primavera en Misiones y la Logia aprestaba sus mejores galas para inaugurar su recién concluido templo en la calle Córdoba 318, donde aún hoy se lo puede apreciar.

Sin embargo, la naturaleza tenía otros designios y un ciclón arrasa virtualmente gran parte de la hermana ciudad de Encarnación, Paraguay. El templo de la Logia se convierte en hospital de campaña y acoge a los desamparados de la vecina orilla. El dolor y la angustia de aquellos días, a partir de ese hecho, dio lugar a la indisoluble y por siempre benemérita solidaridad y confraternidad entre ambas ciudades.

 

Entidades benéficas, mutualistas y la biblioteca popular

La Logia, con su lema Ciencia, Justicia y Trabajo, proseguía su incansable labor. Arremete la creación de entidades benéficas y mutualistas y una biblioteca popular. En una época donde los recursos estatales para dichos fines no existían, se empeña en dotar a la ciudad con otras instituciones de servicio como el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, el Tiro Federal, así como otras de carácter social, deportivo y empresarial. Bajo la presidencia del profesor Francisco F. Fernández, secretario a la sazón de la Gobernación, y quien corona su carrera docente como inspector general de Colegios Nacionales del Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, la Logia “Roque Pérez” también promueve la creación de escuelas dependientes del primer Consejo Escolar. Fernández organiza “La Fraternal”, sociedad que debía atender las necesidades en ropa, alimentos y útiles de los niños que acudían a las seis escuelas e impulsa la creación de una Escuela Normal, y otra de Artes y Oficios.

La acción de las damas resulta invalorable y hoy resultan de un ejemplo imperecedero, si bien, injustamente olvidado en nuestra sociedad. Hacia 1900 doña Leonor Paunero de Lanusse, esposa del entonces gobernador, considera que la Sociedad de Beneficencia no debía ser limitada a los familiares de los masones y gestiona la incorporación de otras mujeres, sin reparos de la Logia. En 1902 se constituye la Comisión de Damas, presidida por doña Clotilde González de Fernández Ramos. Su misión fue ayudar a los niños en edad escolar, labor que se prosigue, aún en la actualidad, en varios establecimientos escolares de la capital y el interior provincial. Se organizan veladas artísticas y literarias en el local de la Logia que congregaban numeroso público. La señora Clotilde González de Fernández Ramos preside además la Comisión Popular que gestiona ante los poderes públicos la creación del futuro Colegio Nacional Nro.1 “Martín de Moussy”, que pudo concretarse hacia el año 1917 gracias al incansable trabajo de los miembros de la Logia y la generosidad del resto del vecindario. Se suman a dicha acción el recordado Andrés Bianchi, rector del Colegio Nacional, don Agustín Piaggio, fundador de la Escuela de Comercio, la Asociación de Maestros y la Universidad Popular, don Enrique Kramer y don Aurelio Vicario, director de la Escuela Normal.

 

También se destaca Antonio Hermida, fundador de la Asociación de Maestros del Alto Uruguay, don Andrés Raúl Ayala, rector del Colegio Nacional Manuel Belgrano y primer director de LT 17 Radio Provincia y César Accardi, director de la Escuela Nacional de Comercio. Por su parte el doctor Oberdan Galetti, en su carácter de rector organizador de la Universidad Nacional del Nordeste, bregaría por la instalación en la ciudad de Posadas de la facultad de Ingeniería Química, integrada hoy a la Universidad Nacional de Misiones como Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales. En el ámbito del periodismo sobresalieron don José Núñell, quien en 1885 editó Regeneración, el primer periódico misionero, Gaudencio Cortés, Honorio Calvo, Salvador Curzio, Pedro Rebollo (h), editor de La Tribuna, y Antonio Rocha, quien también tuvo el honor de presidir la Logia.

 

El sector productivo

No quedan exentas de la proficua acción institucional las prácticas industriosas y productivas. El interés inicial que despertó la búsqueda y explotación de yerbales y otras riquezas naturales vincula a estas actividades a los integrantes de la Logia “Roque Pérez” Juan Goicochea, Juan Barthe, Teodoro Krieger, Pedro Schneider, quien instala en Posadas el primer molino yerbatero, el navegante Jordán Hummel, Alfonso Guerdile, quien alcanza a principio de 1900 a elaborar más de 300 toneladas de yerba, Manuel Heras, que bregó por la agremiación de los productores, Enrique Mecking, fundador de la localidad de Leandro N. Alem, Jerónimo Lenuzza, de San Javier, productor y directivo de la Cooperativa Azucarera, mientras que Juan José Kirchner y Luis Menocchio, resultan recordados por su preocupación en promover otros cultivos.

 

Es que desde el momento de su fundación la Logia se constituye en un crisol donde convergen hombres de distintas nacionalidades y profesiones, pero coincidentes en un común quehacer. Se dejan de lado estériles personalismos y enfrentamientos partidistas, propios de otros ámbitos y, en medio de un ambiente ajeno a las diferencias políticas y religiosas, con mutuo respeto, se empeñaban en el propio auto perfeccionamiento y luego, por el intercambio de conocimiento e ideas, procuraban ser más útiles a la comunidad. Algunas de las iniciativas, por depender sólo de ellos, pudieron concretarse rápidamente. Otras en cambio, por depender de los poderes públicos, tardaron décadas en concretarse.

Sin embargo no fueron las debilidades las que marcaron tropiezos en sus derroteros. Al contrario, sobreponiéndose a las naturales miserias y debilidades humanas enseñaron a sus contemporáneos y a la posteridad que los tiempos no pasan para Instituciones insignes. Solamente pasan los hombres y mujeres que la componen. Institución como la benemérita y centenaria Logia “Roque Pérez”, signada por los caracteres que han alumbrado su larga existencia: la virtud, el honor, el trabajo y la caridad.

 

 



Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE