Tras brindar su valiente testimonio, falleció Cristian Knack

Es el joven de 25 años que sobrevivió más de un mes al brutal asalto que sufrió su familia en Panambí. Pasó 33 días internado en el Madariaga y la semana pasada aportó una declaración clave para que la Justicia avance en el esclarecimiento del caso.

Se sabía que podía pasar, pero la esperanza siempre estuvo firme, hasta en los momentos más críticos. Generalmente, quienes presentan quemaduras de más del 70% del cuerpo tienen una sobrevida muy breve. Pero Cristian Knack (25) aguantó más de un mes. Este lunes por la mañana le decretaron la muerte cerebral y dejó de existir horas después. Otro capítulo doloroso para un drama que enluta a toda la provincia.
A fines de la semana pasada, el único sobreviviente de la llamada Masacre de Panambí, había sufrido un paro cardiorrespiratorio y por espacio de 35 minutos le practicaron maniobras de resucitación, hasta que lograron salvarlo. De todos modos, su cuadro quedó muy comprometido. Desde entonces su estado no dejó de empeorar.
Este lunes, el Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga”, a través del área de prensa del Ministerio de Salud Pública, dio a conocer el último parte antes del triste desenlace: “Síndrome postparo cardiorespiratorio y disfunción multiorgánica. Neurológicamente con analgesia continua, sedación suspendida para evaluación neurológica. A nivel hemodinámico persiste inestable con requerimientos de drogas vasopresoras. Continúa conectado a Asistencia Respirartoria Mecánica con síndrome de distrés respiratorio Dado el estado crítico del paciente, su inestabilidad cardiorespiratoria y disfunción multiorgánica se encuentra en riesgo de vida por lo que su pronóstico sigue siendo extremadamente reservado”.
En el transcurso de esta mañana empezó a transitar un agravamiento acelerado, hasta que sufrió otro paro, que derivó en la muerte cerebral. Pasadas las 17, el Ministerio de Salud Pública informó el deceso del muchacho.

Declaración contundente
La semana pasada, como las condiciones físicas y emocionales se lo permitían, Cristian declaró ante una comisión policial cómo había sido el brutal asalto que tuvo a su familia como víctima el pasado 25 de mayo en la casa del kilómetro 7 de la ruta provincial 5. Su contundente relato sirvió para confirmar las sospechas contra uno de los cuatro detenidos que tiene el caso, el ex prefecturiano Pablo Julio Paz (al que reconoció como uno de los asaltantes), establecer la secuencia de los hechos la noche de la masacre, determinar qué combustible habían utilizado los criminales para quemar a las víctimas (alcohol), precisar el monto de lo sustraído (300 mil pesos) y saber con certeza cuántos habían sido los autores del golpe (cinco personas).
“Llegué a mi casa a eso de las siete de la tarde y me puse a mirar televisión con mi mamá. Era tipo siete y media cuando entraron los cinco tipos, por atrás. Uno tenía un revólver y otro un cuchillo. Nos sujetaron a todos, pedían la plata y me llevaron a la pieza. Me pegaban y pedían la plata. Entonces trajeron a mi papá, también le torturaron para que diga dónde estaba la plata. Nosotros le decíamos que no había, pero ellos sabían que había. Se ve que alguien les contó. Como no hablamos les trajeron a mi mamá y a mi hermanita, les pusieron boca abajo en la cama y le empezaron a tirar alcohol. Ahí mi papá luchó con los tipos y le sacó la máscara a uno, ahí le reconocimos: era Paz, el retirado de Prefectura que nos compró madera”, dice el relato pormenorizado que durante una hora y media brindó en la Unidad de Cuidados Críticos del Madariaga.
Casi susurrando, debido a la traqueotomía que se le había practicado, el joven añadió que ese día había en la residencia familiar “300 mil en efectivo y cheques. Pero ellos querían más plata. Nos pegaron mucho, más a mi papá. Nos ataron a los cuatro, nos tiraron alcohol y nos prendieron fuego. Me desaté primero y quise abrir la puerta, pero estaban sosteniendo el picaporte desde afuera. Querían asegurarse de matarnos”.
Cristian volvió a ver a Paz fuera de la casa. También a los otros cuatro delincuentes, cuando se subían al coche VW Bora gris con el que se movilizaban.
El desgarrador testimonio llegó luego de que los familiares le contaran cuál había sido el destino de sus padres y de su hermanita: Carlos (43), su esposa Graciela (42) y Bianca (12) habían fallecido los días posteriores al atraco debido a las gravísimas quemaduras con las que habían resultado. Cuando su hermano “Nano” (20), quien no estaba en la casa cuando sucedió todo, le contó la terrible noticia, Cristian respondió: “Cómo voy a hacer ahora para vivir sin papi y sin mami”.
Días después del testimonio, la investigación por el asalto sumó a su cuarto detenido, el suboficial del Ejército Rubén Orlando Bueno (52). Su nombre se añadió a los de Paz, el chapista Marcial Alegre (45) y Juan Ramón Godoy (44), todos vecinos de San Javier.
Para los investigadores policiales y judiciales falta un quinto sospechoso, presumiblemente el que aportó el dato de que en la casa de los Knack había una cantidad de dinero importante cuyo origen era la venta de una carga de madera.



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