Domadores de dinosaurios

José Luis, Javier Sesanni y Alejandro Gezmet tienen una afición poco común, dar vida a esos enormes animales que poblaron la tierra hace millones de años. Ellos son los creadores de la muestra Dinosaurios, una historia sin final… que se exhibe en el Centro del Conocimiento hasta el 23 de diciembre. 

La ciencia y el arte son dos esferas del conocimiento que ya desde la antigüedad han estado relacionadas. Apolo, que en la mitología griega era el dios de la razón, también era considerado el protector de las artes y, al mismo tiempo, el dios de la belleza. Hoy, aunque la modernidad las ha separado, aparecen personajes que se niegan a que eso suceda. Tres de ellos estuvieron en Posadas para presentar la mayor muestra paleontológica que haya visto la región.

 

José Luis, biólogo de profesión y artista por afición, es el fundador de Paleorama, un emprendimiento que ya lleva 20 años acercando la historia de un mundo que ya no existe. Su fascinación por los dinosaurios comenzó de muy pequeño. “Tenía ocho o nueve años y un tío me regaló una enciclopedia Billiken con imágenes en blanco y negro. Había un Tiranosaurio atacando a un Triceratop. ¿Qué es esto? me dije. Se me despertó un mundo fascinante y allí comencé a leer todo sobre la prehistoria. Eso me llevó a comprender que la naturaleza es algo maravilloso. Estamos todos conectados y relacionados con todo, los seres humanos no estamos aislados de eso”. De ese amor inicial por la naturaleza a recibirse de biólogo, hubo un solo paso.

 

El eslabón perdido

Ser un reconstructor de dinosaurios es un oficio que precisa de profundos conocimientos científicos para comprender el funcionamiento de esos organismos de los que muy poco sabemos, y la única manera de conocer cómo se veían, es imaginándolo. Allí es donde entra el arte. “La reconstrucción de estos animales es una tarea que requiere de muchísima paciencia e imaginación”, reconoce José Luis, y nos relata que hay dos ramas bien diferenciadas a la hora de construir esos monumentales animales: la de los esqueletos y la de reconstrucción en vida, y cada una de ellas tiene sus dificultades. “La parte de los esqueletos requiere muchísima precisión. Se trabaja a partir de moldes, pero no siempre se puede contar con el esqueleto original completo, y allí hay que aplicar los conocimientos de anatomía animal”. A eso hay que sumarle la dificultad mecánica para lograr mantener en su lugar (y de pie) estructuras que llegan fácilmente a los 15 metros de largo, como el caso del Giganotosaurus carolinii, que tiene 15 Mts. De largo, o esa increíble pata de un Argentinosaurio, cuya réplica (en escala natural) de 7 Mts de alto también se exhibe en el Pabellón 3 del Centro del Conocimiento.

 

A la hora de hablar de las reconstrucciones en vida, José Luis se relaja. Es evidente que allí es donde logra encontrar su canal ideal de expresión. “Esa es la parte que más me gusta, fabricar un modelo a escala natural requiere de muchísima paciencia, pero también de altas dosis de imaginación. Son horas y horas de detalles mínimos, de estudiar cómo se veían sus ojos, su piel. Lo más loco es que nadie estuvo allí para contarnos cómo se veían. Pura imaginación de los artistas. Nosotros trabajamos con técnicas rudimentarias, todo se hace a mano, primero moldeamos los cuerpos, luego, nuestra principal herramienta es el pincel”.

 

Revisionismo histórico, pero en grande

El aprender a mirar hacia atrás para comprender el presente es la tendencia actual. ¿Qué sucede en el ámbito de la paleontología? “Esto no tiene nada que ver con la política, obvio. La política humana, comparada con la evolución de la naturaleza… es nada. Pero sí, se está aprendiendo a ver a los que habitaban a la tierra de una manera diferente, el ser humano recién está comenzado a entender que no somos los dueños del planeta, que somos algo transitorio en la evolución”. Definitivamente, si animales tan majestuosos como los dinosaurios se han extinguido, nada nos asegura que dentro de millones de años, no sean nuestros esqueletos los que estén expuestos en una muestra similar a esta.

 

 

 

 

 

Dinosaurios vivos, desde Susana Giménez al Rey de España

Cuando la blonda conductora de TV preguntó ingenuamente a su invitada si el dinosaurio encontrado en la Patagonia estaba vivo, todos el mundo la crucificó. Haciendo honor a la verdad, la mediática no fue la única, alguna vez también le sucedió lo mismo a un rey. “Durante la época de la colonia encontraron un resto de un megaterio en increíble estado de conservación, y se lo mandaron al rey de España. El tipo quedó tan impresionado que quería que le traigan uno vivo a toda costa, o que por lo menos se lo manden embalsamado”, relata jocosamente José Luis. “Hace sólo un par de siglos ni siquiera se sabía de la existencia de estos animales, no sabíamos absolutamente nada. Yo ví ese esqueleto en un museo de Madrid, y frente a esa vitrina, había dos laburos míos. Otra vez, todo está entrelazado”.

 

 

 

De Barney al T Rex

El qué hace que los niños se sientan atraídos por los dinosaurios es una pregunta más apropiada para un psicólogo que para un experto en fauna prehistórica, pero algo de ello debe saber. “Imagino que es porque son criaturas poderosas, fuertes, grandes, con vigor, que pueden asustar pero también pueden ser tiernos. La fuerza contra la fragilidad. El adulto aplica los filtros para destruir toda esa magia, y los niños carecen totalmente de esas trabas, por eso yo trato de eliminar todos los filtros”.

 

 

Dinosaurios en el Centro del Conocimiento

Giganotosaurus carolinii, Carnotaurus sastrei, Gasparinisaura cincosaltensis, todos animales extintos y con nombres difíciles de pronunciar, pero mucho más difíciles de imaginar caminando por las praderas hace cientos de miles de años atrás. Así es como Paleorama se embarcó en una tarea tan grande como el Argentinosaurus huenculensis (el dinosaurio más grande el mundo y del cual expondrán una copia de su pata derecha de 6 metros de largo): la de dar a conocer cómo fue la vida en nuestro planeta mucho tiempo antes de que el primer ser humano deambule por la tierra.

 

Por segunda ocasión (la primera muestra se realizó hace dos años y más de 70 mil personas la pudieron observar) los misioneros podremos adentrarnos un poco más en el fascinante laberinto de un mundo que ya no existe pero que ha dejado sus huellas. Un mundo que nos recuerda que alguna vez, antes que el hombre existiera, una raza fantástica y de sangre fría no sólo pobló el planeta, sino que también lo dominó, tanto sobre la superficie como debajo de las aguas.

 

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL MAR

 

Si bien la muestra que podremos apreciar se refiere a este grupo animal en general (con especial énfasis en especies y ejemplares encontrados en nuestro país), la idea de este año es adentrarnos en el mundo marino del Período Jurásico. La muestra se convierte así en una propuesta con múltiples actividades interactivas y pocas veces vista en nuestro país.

 

 

 

“Dinosaurios: una historia sin final…” estará en exposición en el Centro del Conocimiento hasta el domingo 23 de diciembre. Horarios de visita: martes a viernes de 8 a 18; sábados domingos y feriados 15 a 20.

 



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