“Me aferré a una soga que me salvó la vida”

La frase pertenece a Paula Soledad Parra, una sobreviviente que pudo salvar su vida gracias a una cuerda que luego los peritos de la causa revelaron que nunca existió. 

A Paula Soledad Parra desde muy pequeña la atrapó la pasión por el agua. Con sus 19 años y hoy cursando el profesorado de Educación Física, contó su experiencia como una de las competidoras del último cruce del Paraná. Salvó su vida al aferrarse a una cuerda que días después del hecho peritos que investigaban la causa revelaron que nunca existió. Ayuda divina o cuestión del destino esa soga permitió que Mauro Bacigalupi, una de las víctimas fatales de la tragedia, la rescatara. 

 

La alumna de Luis Solé Masés había nadado casi quince minutos tras la largada hasta que se topó con la primera barcaza y fue succionada por la fuerza del agua. “Tenía un barco dado vuelta al lado mío y ahí me desesperé.  Nadé con todo pero no pude salir de ahí. El hijo de Sole Masés me tiró el salvavidas pero sólo me sirvió para protegerme la cabeza porque las olas estaban muy fuertes y hacían que me chocara contra la barcaza. Eso hasta que me quedo entre las dos barcazas, ahí se fue el salvavidas,  y me hundí totalmente. Estaba oscuro, tome mucho agua y tragué algas. De repente mire para arriba buscando algo y encontré una soga de la que me prendí fuerte”, contó.

 

“Un ángel del Señor”

Según contó “Paulita”, como le dice su familia, luego vinieron minutos dramáticos en los que imaginó lo peor. Ahí apareció en escena Mauro Bacigalupi quien desde su moto de agua le tiraba un flotador. Si bien dudó, presa del terror que sintió en un instante, tomó coraje y se soltó de la cuerda para ser socorrida y pese a que volvió a hundirse y tomar agua,  salió a la superficie y pudo ser rescatada.

 

Bacigalupi la subió a su moto y de ahí paso a una lancha de la Armada Paraguaya para posteriormente llegar al puerto de Posadas donde tiempo después pudo abrazar a su familia.

 

El milagro de la abuela Ana

El dolor hasta hoy no le da tregua porque Paulita recuerda la ausencia de su amigo Fernando Sole Masés, el heroísmo de Bacigalupi y de tantos otros que salvaron vidas ese 16 de enero de 2010.

 

Lo que quedará como un misterio es la historia de la soga. “Después de esos días estuve mal, y con las investigaciones que se fueron haciendo saltó que forenses de Buenos Aires se pusieron a revisar la barcazas y se sorprendieron porque no existía ninguna soga,  y no pudo haber ninguna soga porque no hay de donde amarrarla. Pero yo me salvé porque o estuve prendida de la soga”, contó. Esa convicción no se la quita nadie y quizá sea una ayudita del cielo “de manos de su abuela Ana”.  Pese al susto, Paula volvería a realizar una prueba de aguas abiertas, pero eso sí, con las todas las medidas de seguridad reglamentarias.

 



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