Cuando el festival Kruvikas va llegando a su final, los colombianos deslumbraron con una puesta en escena diferente.
Playa, palmeras y un mar con olas y peces, conforman el entorno de una de las obras más descollantes (si se pudiera elegir una) de un festival que a medida que se va desarrollando no deja de sorprender.
El negrito aquél es una historia basada en la vida cotidiana de la gente de la costa del pacífico colombiano, una de las zonas más pobres de Colombia, pero donde la gente vive feliz con el sol, la playa, el mar y las palmeras. Allí se formaron muchos palenques, que son comunidades de negros que huyeron de la esclavitud. Hablamos de un lugar muy caluroso y húmedo, plena selva tropical donde los niños andan igual de desnudos que el negrito protagonista.
Un uso muy particular del espacio y sus tres dimensiones, convierten a esta obra en un desborde de originalidad. Puestas de esta categoría le han valido a la Corporación Artística La Fanfarria (fundada en 1972) la distinción de Patrimonio Cultural de Medellín, lo que no es poco si consideramos que hablamos de una ciudad que desborda arte y que no por nada es considerada la “capital cultural de Latinoamérica”.
LA HUMILDAD DEL TITIRETERO
la hermandad de los titiriteros es un fenómenos muy particular y se diferencia de todo otro tipo de arte escénica. A la hora de preguntarse el porqué de tanta confraternidad, Jorge Luis Pérez, cabeza de La Fanfarria, responde, para variar, con un gesto de humildad: «No tengo una respuesta exacta y puedo estar equivocado, pero siento que hay menos egoísmo y orgullo en el titiritero. Imagino que eso es porque uno está acostumbrado a barrer y usar el trapero. Los actores y su histrionismo, aunque obviamente no se puede generalizar, no están tan acostumbrados a esa otra parte de una obra, que es la que no se ve pero se nota. Además, un titiritero debe ser también un poco escultor, pintor, costurero, sastre, electricista, carpintero y muchas otras cosas más. No conozco ningún caso de un titiritero que compre sus muñecos hechos. Lógico, se recurre a otros colegas o profesionales para resolver ciertas partes técnicas del espectáculo, porque no todos tienen el conocimiento de todas las manualidades necesarias para llevar adelante una puesta en escena, pero cada uno es autor de un buen porcentaje de la obra. Por lo general todos los titiriteros somos también artesanos, y esa es una cualidad que da un buen grado de humildad”.
Sigue hablando Jorge con esa tonada “paisa” tan característica: “Pero creo que la razón más importante tiene que ver en que el titiritero se escuda detrás de su títere, lo que automáticamente le quita protagonismo, es el títere el que da la cara. Los actores, en cambio, son puro ‘yo’, eso casi siempre deviene en un ego muy alto. Ellos deben meterse dentro de su personaje, nosotros le damos vida a otro ser.
Otro detalle que caracteriza a los titiriteros es la manera que tienen de colaborar entre ellos, una manera totalmente despojada de cualquier tipo de competencia. Es muy habitual en ellos elegir una región o país donde actuar, conectar a alguna agrupación local y éstos se encargan de conseguirle funciones y un alojamiento donde reposar. Jorge, con casi 40 años de carrera puede dar pruebas de ello. “Un titiritero nunca estará solo en el mundo. En cualquier lugar en que uno esté, sólo es cuestión de encontrar a otro colega y éste te dará una mano y conseguirá un escenario donde actuar. Cuando vamos a festivales en cualquier lugar del mundo, uno llega y al otro día tiene amigos que parecería que conoce de toda la vida”.
LO QUE VIENE
Gran caravana de títeres. Esta noche a las 19:30 en la Costanera para terminar en la ex Estación de Trenes. Para finalizar, los más grandes podrán gozar de la gran Peña Titiritera en la Peña Itapúa, a partir de las 22:00.







