En el último siglo, Argentina perdió el 70 por ciento de sus bosques nativos

Pasó de 100 millones de hectáreas a 31 millones en la actualidad. Las provincias del noroeste y los bosques chaqueños, las zonas más afectadas.

La Argentina es uno de los países que mayor tasa de deforestación mostró en los últimos tiempos. Fue tan acelerado el proceso, que en el siglo pasado el país perdió el 70 por ciento de sus bosques nativos: las zonas más afectadas fueron las provincias del Noroeste, los bosques chaqueños y la Selva de Yungas (en Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca)  

Y las consecuencias son más extendidas de lo que parece: con el bosque también desaparecen animales, plantas y muchas personas se ven obligadas a trasladarse a zonas marginales en las ciudades.

Según Alejandro Brown director de ProYungas “la Argentina tuvo a principios del siglo pasado unos 100 millones de hectáreas de bosques nativos”. Actualmente, el país presenta una superficie aproximada de 31 millones de hectáreas de bosques nativos distribuidos mayormente entre unas seis ecoregiones: Bosques Patagónicos, Chaco Seco, Chaco Húmedo, Selva Paranaense, Yungas y Espinal, de características ecológicas, productivas y sociales muy disímiles.

Este proceso de destrucción y degradación ocurrió sin controles de ningún tipo y recién en 2009, con la reglamentación de la Ley de Bosques sancionada dos años antes, las jurisdicciones provinciales fueron obligadas a elaborar planes para transformar y proteger las áreas de bosques nativos.

La importancia de lo que hagan de ahora en más no es menor: los bosques captan y almacenan agua, estabilizan los suelos, albergan la biodiversidad y hacen una importante contribución a la regulación del clima y de los gases de efecto invernadero.

Los peligros del avance de la frontera agropecuaria y el crecimiento urbano

De acuerdo a la Fundación Vida Silvestre, Argentina es uno de los países que ha mostrado “una mayor tasa de deforestación en los últimos años”. La organización explica que esta situación “está impulsada por el avance no planificado de la frontera agropecuaria y/o el crecimiento urbano”. Y agrega que, si bien existen procesos de deforestación de variadas características, el aumento de superficies cultivadas para la soja en Santiago del Estero y Córdoba, y la ganadería en Salta y Chaco, son algunas de las realidades más notables.

A esta situación hay que sumarle la degradación paulatina que padecen los bosques, ya que se extraen los mejores ejemplares hasta su agotamiento: “Ya sea para extraer madera, tanino, durmientes de ferrocarriles, postes de alambrados o carbón; la explotación forestal de los bosques nativos tuvo históricamente, y tiene hasta nuestros días características mineras”, aportan desde Vida Silvestre.

Para detener esta degradación y concientizar a los gobiernos sobre su responsabilidad, Naciones Unidas instituyó el 2011 como año de los Bosques. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, destacó que los bosques son una fuente de beneficios económicos, sociales y ecológicos y advirtió que, no obstante, pese a todos esos beneficios, los bosques, siguen desapareciendo a un ritmo alarmante.

El organismo internacional también reconoce que los bosques y su ordenación pueden contribuir significativamente al desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza y el logro de los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, subrayando la necesidad de que haya una ordenación sostenible de todos los tipos de bosques, incluidos los ecosistemas forestales frágiles.

También ONU alienta a que los esfuerzos concertados deberían dedicarse a crear más conciencia en todos los niveles para fortalecer la conservación y el uso sustentable de todos los tipos de bosques en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

¿Qué hacer?: estrategias para detener la destrucción en nuestro país

Vida Silvestre propone cuatro estrategias básicas para hacer frente a la destrucción y degradación de los bosques: la implementación de la Ley de Bosques en la Selva Misionera y en los Bosques Chaqueños; una Red de Comercio Forestal Argentina iniciativa que apoya la comercialización de productos forestales responsables; la utilización de certificación FSC que garantiza a los consumidores que los productos provienen de bosques manejados para satisfacer las necesidades sociales, económicas y ecológicas de las generaciones actuales y futuras, y la recuperación de los bosques nativos

Brown, de ProYungas, coincide con esta mirada integral, porque cree que la sociedad argentina “no es boscosa”.
¿A qué se refiere?
A dos realidades extremas que se dan el país: en el Norte, el bosque es sinónimo “de peligro, de lugar inhóspito por las plantas y animales que viven allí”, relata el especialista. En tanto en el Sur “no se tocan, son parte del paisaje, están para disfrutarlos”. Es decir: el bosque “no se ve como un área que genera recursos para las sociedades”, reflexiona.

Por eso, habla de que el dilema para el futuro es generar recursos: servicios, en donde el agua sea central, ya que, sobre todo en el Noroeste del país, los bosques juegan un rol de regulación hídrica para riego y consumo. “Hay 5 millones de hectáreas de yungas, 500 mil para riego, en un área donde 2 millones de personas dependen del agua”, grafica Brown.
En cuanto a bienes, en el Norte los bosques proveen de maderas de buena calidad y abundan las plantaciones para generar pasta celulosa para papel.

En cuanto a las Áreas Protegidas, el dirigente de ProYungas considera que hay que fortalecerlas en el Norte, y que es importante tener en cuenta que Argentina tiene bajo protección “sólo el 7% de su territorio. De este porcentaje, el 20 por ciento está a cargo del Estado Argentino en Parques Nacionales, pero el 80 por ciento restante, son jurisdicciones provinciales, o sea, que las provincias protegen un enorme cantidad, por eso hay que fortalecerlas en cuanto a protección de áreas”.

A modo de ejemplo, señala que las Facultades de Ingeniería Forestal – como la de Esquel en Chubut o la de Eldorado en Misiones– “forman profesionales orientados a plantaciones forestales, no hay una tendencia hacía la profesionalización en cuanto a manejo de bosques”.



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