Carta del Obispo de Posadas sobre la humildad y el servicio

En el Tercer domingo de Cuaresma la Carta del Obispo de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez explica que: A la luz de la reflexión del Papa Benedicto XVI, que leíamos el domingo pasado, podemos decir, que la virtud de la humildad queda excluida en la visión del hombre, que niega la existencia de Dios y la condición de creaturidad del hombre. Esto es lo que percibimos como propuesta cultural cuando se idolatriza el tener, el poder o el sexo, sin Dios, o bien reemplazándolo. Por eso la humildad como contraria a la soberbia es una virtud mucho más profunda que la sola modestia.

En el Tercer domingo de Cuaresma la Carta del Obispo de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez explica que: A la luz de la reflexión del Papa Benedicto XVI, que leíamos el domingo pasado, podemos decir, que la virtud de la humildad queda excluida en la visión del hombre, que niega la existencia de Dios y la condición de creaturidad del hombre. Esto es lo que percibimos como propuesta cultural cuando se idolatriza el tener, el poder o el sexo, sin Dios, o bien reemplazándolo. Por eso la humildad como contraria a la soberbia es una virtud mucho más profunda que la sola modestia.

 

 

Aún tenemos que señalar que la experiencia discipular de la humildad, se corresponde necesariamente a una experiencia personal y comunitaria del amor misericordioso de Dios en nuestra vida, y en nuestras comunidades. Solo cuando nos sabemos amados “gratuitamente” por Dios comprendemos nuestra vida, capacidades y bienes como “Don”. Esta experiencia de amor y humildad nos permiten ser puentes del amor de Dios, y amar misericordiosamente a todos, especialmente a los mas pobres y excluidos, y comprender más profundamente el significado de la palabra “servir” para los cristianos.

 

3- La Humildad en las Comunidades y la Sociedad:

 

En estos años en que celebramos el bicentenario de nuestra Patria los obispos argentinos hemos emitido un documento denominado: “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad (2010-2016)”. En dicho documento hemos planteado entre otras cosas la necesidad de reflexionar y ofrecer a nuestra Patria durante estos años mejores liderazgos. Sin dudas la virtud de “la humildad” tiene un rol fundamental para que el poder que se ejerce en cualquier rol social se ejerza como servicio al bien común. En dicho texto señalamos: “En un cambio de época, caracterizada por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales como políticos, religiosos y culturales, es bueno tener presente esta concepción del poder como servicio. Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de lideres católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas”.

 

“Por eso es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común. Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad…No habrá cambios profundos si no renace en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político…” (21-22).

 

Debemos señalar con dolor que aquellos que tienen cuotas de poder en distintos lugares de la sociedad, corren el riesgo de caer en la soberbia, que lleva necesariamente a generar rupturas con la realidad, y a perder la posibilidad que dicho poder sirva para el bien común, a todos, y sobre todo a los que padecen tantísimas formas de exclusión que se dan en nuestros días.

 

Cuanto mayor es la cuota de poder que un dirigente, o bien, cualquier ciudadano tiene, con mayor razón deben plantearse la necesidad del ejercicio de la virtud de la humildad, y comprender que todo “poder” es un “don de Dios”, no para usarlo tanto en beneficio propio o de sus intereses particulares, sino en beneficio y servicio de los demás.

 

Muchas de las situaciones que se dan en nuestros ambientes sociales y políticos, marcados por formas de lucha de poder estériles y dañinas para el bien de la gente, provocando fragmentación, falta de diálogo real y expresiones de violencia y corrupción, se dan por un poder que se tiene o que se busca, solo alimentado por la soberbia, y con un olvido lamentable de la humildad, y de entender el poder como un “don” de Dios, y como un servicio al bien común.



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