«Gómez torturaba sin escrúpulos, Cuenca con más inteligencia»

Otras cinco víctimas señalaron a los imputados como los que propinaban golpizas a los presos políticos. Aseguraron que el sacerdote «era cómplice» de las torturas.

En la quinta jornada del juicio oral y público se escucharon cinco nuevos testimonios de víctimas de torturas en el Unidad carcelaria de Candelaria. Dos de los testigos tenían 16 y 17 años en el momento en que fueron detenidos y trasladados al Penal. Además denunciaron la complicidad del sacerdote.

«Gómez torturaba sin ningún tipo de escrúpulos, de manera sanguinaria y sistemática; Cuenca era más sutil, inteligente, su forma de torturar era más grosera, se ensañaba con los más chicos», aseguró el licenciado en letras Alejandro Rodríguez, quien fue detenido el 20 de octubre de 1976 junto a su esposa y dos compañeros que se encontraban en su casa.

El ex preso político relató las golpizas a las que era sometidos, luego de las cuales «el cuerpo parecía una paleta de pintor, con marca de todos colores y tamaños, ejemplificó.

Ante la inexistencia de asistencia médica tras las golpizas recibidas, sumado a las torturas psicológicas, los internos trataban de «sobrevivir», ayudándose entre ellos, pero esta acción era castigada por los imputados. «Trataban de romper todo vínculo de solidaridad» entre los presos, explicó Rodríguez.

Aseguró que nunca concurrió a una misa que se realizaba en el Penal porque es agnóstico, pero que el sacerdote, ante las quejas de los maltratos y las torturas, decía: «qué, esperan mimos?» o «que no olvidemos que Nuestro Señor Jesucristo sufrió flagelaciones y que nosotros teníamos que sufrir también».

Luego de transcurrido más de 30 años de aquellos días de terror, Rodríguez explicó que el objetivo de los imputados era «la eliminación física o el quiebre moral de la persona, de los presos políticos en la época de la dictadura».

Otro de los testimonios escuchados ayer fue el de Ricardo Ortellado, quien tenía 16 años el día que fue detenido, cuando salía de colegio y se dirigía en bicicleta a su casa.

El hombre manifestó que luego de su detención fue llevado, como todos los demás presos, al departamento de información donde fue torturado, días después al Penal de Candelaria y permanecía en calidad de desaparecido.

Ortellado recordó que en el Penal no podían realizar actividad física, hablar, escribir, ni recibir visitas. Explicó que los imputados implantaron «un régimen de absoluto terror. Si estaba Cuenca de día , era como la preparación para la golpiza de la noche, y si estaba al día siguiente era la prolongación de las golpizas. Cuenca disfrutaba de eso».

«Nadie respiraba del terror», afirmó Ortellado, quien luego de dar detalles de varias golpizas, explicó que sacaban a varios presos políticos de la celda para las torturas, y cree que no lo hacían a todos en la misma noche porque «no le alcanzaba el tiempo».

El hombre recordó, además, las veces que José María Cuenca le obligaba a masturbarse frente a él e incluso, en una oportunidad, junto a otro preso.

Ricardo Coutouné fue otro de los detenidos menores de edad que declaró ayer. Tenía tan sólo 16 años, fue alojado en el Penal de Candelaria donde fue sometido a «golpe de puños, puntazos, ‘aplausos’» (que consistía en golpes simultáneos de casa lado de las orejas o la sien), el cual en un opotunidad le provocó un derrame ocular.

En tanto, Florentín Lencina, quien fue detenido el 25 de octubre de 1976, recordó las requisas violentas que realizaban en las cuales no tenían piedad ni con los ancianos, «todos en la misma bolsa y meta palo».

«Una cucaracha valía más que nosotros», aseguró el hombre quebrado, y explicó que el sacerdote les decía que estaban siendo «corregidos porque se portaron mal».

«No les tengo rencor ni odio»

Mario Julio Gómez fue apuntado en el transcurso del debate como uno de los más golpeados. Ayer, en su declaración, aseguró que no le guarda rencor ni odio a los imputados, pero quiere «que se hagan responsables ante la Justicia y que paguen por lo que hicieron».

El hombre recordó que Cuenca siempre «golpeaba en los testículos», y que los imputados le tiraban la comida caliente sobre su cuerpo en el momento del almuerzo.

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